El tenista español derrota fácilmente en la final al suizo Stan Wawrinka 6-2, 6-3 y 6-1 y consigue su título 15 de Grand Slam, con lo que supera los 14 de Pete Sampras y se acerca a tres de los 18 que ha logrado Roger Federer, el más ganador de todos los tiempos
DPAParís
Junio 12, 2017

Después de tres años sin saborear la gloria en los grandes torneos, el español Rafael Nadal agigantó ayer todavía más su leyenda al aplastar al suizo Stan Wawrinka en la final del Abierto de Francia para conquistar su décimo Roland Garros y su Grand Slam número 15.
Con un tenis estratosférico, digno de sus mejores épocas, Nadal venció por 6-2, 6-3 y 6-1 a Wawrinka en dos horas y cinco minutos, una victoria que le catapulta de nuevo hacia el número uno del mundo. Hoy, de momento, saltará del cuarto al segundo lugar del ranking.
A sus 31 años, Nadal superó los 14 Grand Slam de Pete Sampras y ya sólo tiene por delante en la lista los 18 del suizo Roger Federer. Lo que nadie hizo hasta ayer fue ganar diez veces el mismo grande: el idilio de Nadal con la arcilla francesa dibuja la hegemonía más impactante que conoce la raqueta.
“Siempre digo lo mismo: si lo he hecho yo, lo puede hacer otro. Pero se tienen que dar muchas circunstancias para llegar a esta cifra. No sé si yo voy a ver a alguien que me supere”, dijo el tenista de 31 años. “Es algo que quedará y que no se había hecho en un torneo de este calibre en nuestro deporte. Me hace ilusión hacer algo así que quede para la historia”.
El español coronó así una nueva resurrección. Con la cuenta de grandes parada desde hacía tres años, el zurdo enterró un 2015 en el que las dudas se apoderaron de su mente y un 2016 marcado por una lesión de muñeca. Lo hizo con una exhibición tenística en cada uno de los siete partidos que jugó en París. La última de ellas en el duelo decisivo y ante un jugador, Wawrinka, infalible hasta esta tarde en las grandes finales.
Es la tercera vez, tras 2008 y 2010, que Nadal conquista el segundo grande del año sin ceder un set, pero nunca lo había hecho perdiendo sólo 35 juegos. Su récord hasta ahora eran los 41 que entregó en 2008, considerada su temporada más apabullante en París.
“La gente decía que jamás ganaría nada o que estaba finiquitado. Yo lo entiendo, porque dudas es normal tener. Pero al final Rafael se ha vuelto a demostrar a sí mismo y se demostrado que con esfuerzo y dedicación se pueden conseguir las cosas”, comentó un emocionado Toni Nadal, que dejará de viajar la próxima temporada con su sobrino tras toda la vida a su lado.
Wawrinka, que tumbó a Nadal en la final de Australia 2014 para celebrar el primero de sus tres grandes, es un jugador históricamente irregular a lo largo de una temporada. Talentoso como pocos y con un cañón en su brazo derecho, combina momentos valle con picos de juego sublimes, de calidad suprema. Y su tenis pletórico salió siempre en partidos importantes.
Necesitaba el número tres del mundo su mejor versión para poder doblegar a un Nadal que acumula con la de ayer 102 victorias y sólo dos derrotas en encuentros al mejor de cinco sets en arcilla. “Es imposible que pueda perder. Hay que crear a una persona para que pueda vencerlo”, señaló el argentino Guillermo Vilas, campeón en la capital francesa en 1977.
Para sorpresa de muchos, Wawrinka no salió a tumba abierta, pero aún así fue él el que disfrutó de la primera pelota de break del partido con 1-1. Fue un punto de inflexión: Nadal se la negó y desde entonces despegó y no dejó de acelerar.
Con el primer set en el bolsillo tras 42 minutos, Nadal le dejaba claro a su rival que tenía que hacer un heroicidad si quería levantar la Copa de los Mosqueteros. Remontar a Nadal en la Philippe Chatrier, su templo, su casa, y con el español jugando a nivel tremendo.
Lucía el sol sobre París y brillaba el zurdo en el polvo de ladrillo como en sus mejores tiempos. Ya no tiene la juventud y la frescura de sus primeros años, pero a este Nadal le brota la confianza a borbotones.
Cuando el reloj de la cancha marcaba una hora, el español ya tenía abrazada media copa. Lucía en el marcador un 6-2 y 3-0 y apenas había noticias de Wawrinka. Nadal estaba desatado y la cabeza de su rival temblaba. Tras romper una raqueta, agarró una nueva y se empezó a dar golpes en la cabeza. “Mal, mal, mal”, se decía a sus adentros el tenista de Basilea.
Nadal lo miraba con estupefacción y apretaba el puño. Las estadísticas marcaban en ese momento un abismo a ambos lados de la red: el español sumaba 18 winners por 11 errores no forzados, mientras que Wawrinka acumulaba apenas diez ganadores y 24 errores.
Rebozado en arcilla tras tirarse al suelo en el último punto: así acabó Nadal. Una vez más, la décima. La novedad de esta ocasión es que su tío Toni le entregó una réplica del trofeo con un “Décima Rafael Nadal” en la placa y que el público desplegó una pancarta durante la ceremonia de premios.
Tras llegar a las finales de Australia, Acapulco y Miami en los tres primeros meses de 2017, Nadal puso velocidad de crucero cuando llegó el suelo naranja. Ganó su décimo Montecarlo, su décimo Conde de Godó en Barcelona y después su quinta corona en Madrid. Ayer multiplicó también por diez sus coronas en Roland Garros.
Ningún hombre hasta Nadal había ganado ocho veces el mismo grande, mucho menos nueve o diez. La australiana Margaret Court, con 11 títulos en Australia entre 1960 y 1973, es la única persona que le supera en esa estadística.