Para ocupar el puesto, vacante desde 2016, se necesita a un historiador, plantea Manuel Ignacio Ruz Vargas. Quien sea nombrado debe rescatar a los personajes originarios del puerto, no sólo a los que lo visitaron, sugiere
Marzo 13, 2025

Óscar Ricardo Muñoz Cano
El vicepresidente de la región V del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), Manuel Ignacio Ruz Vargas, celebró que el Ayuntamiento de Acapulco haya anunciado el pasado lunes 10 de marzo que emitiría una convocatoria para recuperar el cargo de cronista de la ciudad, que ha estado vacante tras la muerte de Enrique Díaz Clavel, en 2016.
“Esto es altamente relevante (la emisión de la convocatoria) porque el cronista es quien plasma todos los hechos relevantes, buenos y malos, de una ciudad y que forman parte de la vida cotidiana; hechos que, en un futuro, trascenderán para ser valorados o también cuestionados, manteniendo viva la memoria histórica de una ciudad”.
Eso, agregó en breve charla telefónica, quien es también doctor en Desarrollo Regional, permitirá que las futuras generaciones puedan comprender el contexto y la evolución de su entorno.
Por ello, señaló que para trabajar como cronista “se debe tener primero un compromiso con la ciudad, pero también una formación, quizás principalmente de historiador, porque se necesita una persona con argumentos y fundamentos justificados para poder sostener su trabajo y no elucubre o maquille la historia en aras de ensalzar sucesos o personajes de manera tendenciosa”.
Se trata, argumentó, de ser fiel a los hechos para que la gente con base en ello, conozca su ciudad y sus personajes, “no sólo los que la visitaron, sino quienes vivieron en ella y colaboraron con su desarrollo, porque su trabajo “es una especie de puente entre el pasado y el presente”, reflejando la identidad de la ciudad hacia adelante.
Así, comentó que a su modo de ver, hay dos tipos de cronistas: el contemporáneo, que va recopilando los hechos que ocurren en la ciudad en el día a día, y el otro que tiene que ver con la recuperación de la memoria histórica.
Sobre el primero, aseguró Ruz Vargas, se debe trabajar sobre los tiempos que nos tocan vivir, con la inseguridad incluida.
“La narrativa es cruel, la inseguridad y la violencia son un drama real, que nos afecta a todos, pero documentarla debe ser parte del trabajo (del cronista); es ésta la realidad irrestricta que vivimos y es producto de un proceso humano que revela cierto nivel de desorden, pero que finalmente es parte de la historia”.
Se trata, indicó, de “mostrar a través de la historia bien contada que todo tiene un origen, que Acapulco no siempre fue así, que las cosas no ocurren por sí solas, sino que hay factores que los ocasionan, los propician y hasta los fomentan”.
Por otro lado, sobre la recuperación de la memoria histórica, señaló que aún hay periodos históricos desconocidos de Acapulco, “tal es el caso del periodo transcurrido después de la guerra de Independencia y la Reforma, donde Acapulco tiene una gran actividad marítima y de eso desconocemos aún mucho”.
Además, acentuó que normalmente “se ha querido destacar a personajes de fuera y no a la gente local; hay muchos héroes anónimos en Acapulco que han trascendido y cuya vida no ha sido contada a pesar de los aportes que haya hecho”.
Eso es lo más común, lamentó, “cuando vemos que se destaca lo de moda, el jet set, la gente que vino y viene aquí a descansar, pero hay gente que día a día viviendo aquí genera su propia historia”.
Por ello, señaló, “la necesidad de alguien con formación, para no generar una historia incompleta o falsa como tantas veces ha ocurrido en Acapulco”, recordando por ejemplo el nombre de Bahía de Santa Lucía que se le dio al puerto de Acapulco, “habiendo mapas y documentos históricos que sólo hacen referencia a ese nombre a una ensenada de la bahía y no a toda en sí.
“Debemos contar con una historia bien narrada, de manera fina, correcta, eso va a contribuir a una memoria histórica que a su vez deberá crear sentido de pertenencia”.