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Sábado 04 de Julio de 2026

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Stephens arrolla a Keys en la final y gana el título del Abierto de EU

La número 83 del ranking mundial se impone fácil 6-3 y 6-0 en el duelo por la corona del certamen estadunidense. A sus 24 años de edad, es el primer Grand Slam que conquista en su carrera y se embolsa un premio de 3.7 millones de dólares

DPANueva York

Septiembre 10, 2017

Con una actuación que rozó la perfección, la estadunidense Sloane Stephens arrolló ayer a su compatriota Madison Keys en la final del Abierto de tenis de Estados Unidos, con lo que celebró el primer título de Grand Slam de su carrera.
Apenas una hora y un minuto le demandó a la número 83 del ranking vencer a su amiga Keys por 6-3 y 6-0 y celebrar el primer título grande de su carrera y el quinto de su trayectoria en general.
Gracias a su victoria, Stephens embolsó un cheque de 3.7 millones de premio, además de los puntos necesarios en el ranking para trepar hasta el décimo séptimo puesto del listado.
“Sencillamente es imposible. Lo pienso y no lo puedo creer”, afirmó Stephens. “Hace unos meses estaba operada, luchaba por recuperarme y si alguien me decía que iba a ganar el Abierto de Estados Unidos le decía simplemente que era imposible”, indicó la tenista de 24 años, que en 2013 había llegado a ser undécima en el ranking.
Para Stephens, la victoria es cumplir un sueño, teniendo en cuenta que hace menos de cinco meses no podía caminar por una operación de tobillo que le demandó en total once meses de recuperación y que la llevó al puesto 957 del ranking hace 30 días.
Tras regresar con una derrota en Wimbledon, las semifinales en Toronto y en Montreal le permitieron subir casi 900 posiciones en el escalafón y auguraban que podía hacer un buen US Open, pero nada hacía suponer que ayer iba a celebrar el título.
“Después de la cirugía trabajé duro, las cosas empezaron a unirse y en las últimas cinco o seis semanas se dio todo”, explicó sobre la increíble evolución.
Mientras esperaba la premiación, Stephens se mantuvo junto a Keys, que no pudo evitar que se le cayeran algunas lágrimas. Ya se habían dado un sentido abrazo en la red apenas terminado el partido y luego esperaron juntas que les entregaran los trofeos.
“Ella es una de mis mejores amigas en el Tour”, recordó Stephens. “No hubiera querido jugar con nadie más que ella, este es un momento especial para las dos. Estar aquí con ella es increíble, esto demuestra lo que es la verdadera amistad”, indicó.
“Sloane es una de mis personas favoritas”, dijo por su parte Keys. “Jugar con ella era realmente especial. Hoy (ayer) no jugué mi mejor tenis y por supuesto que estoy decepcionada, pero si tenía que perder contra alguien, me alegro de que fuera ante Sloane”, añadió la décimo quinta favorita.
El duelo se planteó entre el juego ofensivo de Keys y la capacidad de defensa de Stephens, que se sintió cómoda esperando el error rival.
Con las estrategias claras, la diferencia iba a estar en la ejecución. Y allí la que sacó ventajas fue Stephens, que jugó con mucho margen para no cometer fallos y espero las equivocaciones de su adversaria.
Con esa táctica quebró el saque de Keys en el quinto juego y se encaminó a quedarse con el primer set.
Keys, que arrastraba una molestia en el aductor derecho, buscó acortar los puntos para no llegar a un partido largo, pero padeció una mala tarde con su derecha, con la que no paraba de equivocarse.
Por el contrario, Stephens mostraba paciencia para aguardar el mejor momento para atacar o para esperar que Keys se desesperara para buscar winners desde posiciones imposibles. Los seis errores que acumuló Stephens en todo el partido contrastaron contra los 30 que sumó Keys.
Así la nueva campeona se llevó el set y se encontró con rápidas ventajas en el segundo parcial. Además, mostró mucha sangre fría para levantar un 0-40 cuando Keys amagó una reacción. Y también para cerrar el partido en su tercer match point.
Entonces llegó el abrazo con Keys en el medio de la pista y otro festejo fuera de protocolo: Stephens subió por las escaleras del estadio para saludar a su equipo y abrazarse también con su madre Sybil. Así completó una consagración tan inolvidable como inesperada apenas unos meses antes.