La comisaria Anahí Jiménez Martínez informó de 40 restaurantes y 50 casas afectadas. No reportó daños en las personas, porque se protegieron en refugios. Desde el 17 de junio, por la tormenta Dalila, San Nicolás y Cuajinicuilapa están incomunicados, no tienen energía eléctrica ni internet
Junio 21, 2025

Alina Navarrete Fernández
San Nicolás
El huracán Erick arrasó con restaurantes en Cuajinicuilapa y Punta Maldonado, municipio de San Nicolás, y afectó principalmente a las familias que dependen de esta actividad económica ligada turismo.
Óscar Colón Herrera, propietario del restaurante Mariscos La Choza de Óscar ubicado en la cabecera municipal de Cuajinicuilapa, sólo había visto los efectos de un huracán de la categoría de Erick en la televisión, en las noticias, pero no se imaginó que llegaría a experimentarlo en primera persona.
Para Óscar la experiencia fue “algo feo”. En entrevista con El Sur recordó que sintió “feo” al ver todo destrozado, a pesar de que las autoridades “nos lo advirtieron, la verdad es que nunca pensamos que nos fuera a pegar fuerte aquí”. Pero pasó.
De la noche a la mañana Óscar perdió su restaurante, del que también dependen las familias de sus tres trabajadores. El huracán no sólo se llevó el techo de palma y láminas, también derribó una pared, dejó inservibles los baños, la cocina y toda la materia prima que tenía almacenada.
También dañó su casa que se encuentra al fondo del local, ahí aguardó con su esposa e hija a que los vientos y la lluvia se disiparan. Aunque no ha calculado el monto de las afectaciones, “es pérdida total”.
Desde el 17 de junio pasado hasta ayer, los pobladores de Cuajinicuilapa seguían incomunicados por la falta de energía eléctrica, tampoco había señal de Internet y ninguna autoridad había acudido para cuantificar los daños.
Óscar llamó a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a que “nos apoye, que nos apoyo para que podamos volver a construir la cabaña y regresar a trabajar”.
A 33 kilómetros de distancia, en los límites de Oacxaca y Guerrero, en la comunidad marina de Punta Maldonado, el nivel del mar aumentó e inundó la zona de restaurantes a pie de playa, donde también derribó techos de palma y láminas, dejó electrodomésticos inservibles, agudizando la crisis que ya de por sí enfrentaban los pobladores.
El faro de este pueblo de pescadores, conocido como la Perla Negra del Pacífico, se ensombrenció por los efectos de los últimos huracanes y la tormenta tropical Dalila, desde entonces no hay luz.
Las aguas cristalinas se ven grises, opacas, la alta marea no les permite a los pobladores pescar y los daños en los restaurantes ahuyentan el turismo.
Mónica Hernández Merino, propietaria del restaurante El Farito, y Andrés Valeriano Campos, propietario de la Cabaña Juquilita, llevan 6 y 8 años, respectivamente, tratando de salir adelante luego de cada embate de ciclones.
Ambos coincidieron ayer en el refugio habilitado en la primaria Venustiano Carranza, donde se les dijo que la gobernadora Evelyn Salgado Pineda llegaría a las 10 de la mañana. Mientras esperaban, una fuerte lluvia se registró en la comunidad.
Entre los vientos y empapados, los dos restauranteros sólo volteaban a ver aprehensivamente hacia la playa, donde yacen los locales destruidos.
“Cualquier huracán de categoría 1, 2, 3 o 4, nos afecta mucho, se lleva mobiliario, se lleva la palapa, se lleva enseres domésticos y nos deja absolutamente desamparados”, expresó Andrés.
Mónica ha sobrevivido los últimos ciclones sin ningún apoyo del gobierno, por eso acudió al refugio a esperar a la gobernadora. “Nunca nos dan nada a la gente pobre, se ayudan los mismos ricos”, dijo.
En Punta Maldonado, aunque la mayoría de las pobladores tomó medidas preventivas, entre ellas, colocar piedras, troncos y hasta llantas sobre los techos de lámina y cartón para evitar pérdidas, hubo daños.
La comisaria Anahí Jiménez Martínez, reportó 40 restaurantes y 50 casas afectadas; sin embargo, destacó que los pobladores “aprendimos la lección” después de John, por eso en esta ocasión sí se refugiaron, no sólo en el albergue, también con vecinos que han hecho “casas buenas” porque sus familiares emigraron a Estados Unidos.
Los daños que Erick dejó en la región Costa Chica aún no se traducen en números, pero los damnificados están en las comunidades, esperando la oportunidad de reabrir sus negocios y volver a sus casas.