EL-SUR

Jueves 22 de Abril de 2021

Guerrero, México

Guerrero  

De Atoyac a la Cdmx con Covid, uno de los periplos más terribles de mi vida

Testimonio de Arturo García Jiménez, escrito el 18 de noviembre, después de que pasó seis días tomando fórmulas de medicina popular y 10 en un hospital, donde una doctora dijo un día: “Este señor tal vez no llegue al día siguiente”

Arturo García Jiménez

Febrero 17, 2021

Arturo García Jiménez, tras su recuperación de Covid, en el Jardín del Edén en Atoyac Foto: El Sur

Fue uno de los periplos más terribles de mi vida, seis días deambulando con el Covid y casi diez hospitalizado luchando por la vida.
Y tuvieron que ocurrir muchas cosas; algunas estrellas se alinearon, hubo implosiones y explosiones de sistemas solares, hoyos negros y coasares, hasta que por fin pude conocer una nueva versión del infinito.
El día 1 de contacto fue el 16 de octubre mientras realizaba un viaje de dos días por Querétario, Guanajuanto, Hidalgo y Morelos; mi hijo ya estaba contagiado y resultó asintomático, y cuando él se dio cuenta de inmediato se fue al hospital mientras que yo me quedé entretenido con las decenas de fórmulas de medicina popular y las indicaciones de mis médicos locales para atacar una reuma atípica que apareció en mis pulmones.
Mi disciplina era muy precisa día a día: por la mañana después de bañar me aplicaba una mascarilla de bicarbonato de sodio en la cara, enseguida una cucharada de aceite extra virgen de coco, luego agua de limón con bicarbonato y medicina para la glucuosa, como dos veces al día un té medio complejo enviado por los compañeros de Taxco (genjibre, limones, cáscara de piña, vinagre, ajo y cebolla morada), durante todo el día ingería cuatro medicamentos para atacar una neumonía atípica detectada en los pulmones; jarabe para la tos hecho a base de ajo, miel y aceite extra-virgen de coco; dos veces al día clorofila de moringa, por la tarde noche té de yerbasanta con muitle, ya para dormir una gota sublingual de extracto de mariguana y al final, mis vitaminas. Con todo ello según yo estaba más que protegido, mientras mi hijo Olmo se debatía en un hospital de la Cdmx.
Fué una amiga de la historia quien comenzó por sacudir mi inercia. En un mensaje escueto me dice: Hola, me entero con tristeza de que estás enfermo. El Covid es real y objetivo, no puedes estar perdiendo el tiempo con tesitos. Debes irte ya al hospital y que te atiendan con todos los recursos medicinales y científicos.
Y esa misma noche amanecí con un sueño-pesadilla: “Mi cuerpo se separó de mí y se asemejaba a un guiñapo de trapo, ya no respondía ni quería comer ni tomar medicinas, durante toda la noche me ocupé en proporcionar oxígeno a los de El Quemado y Cerro Prieto, aunque era muy difícil, unas doncellas me ayudaban a capturalo y hacer que los compañeros lo respiraran…”. Al amanecer me di cuenta que el único que no podía respirar era yo.
Hablé entonces con mis amigos médicos porque además ya me sentía muy debilitado y de pilón deshidratado, me dijeron que no había más que internarme, que las opciones eran Atoyac, Zihuatanejo, Acapulco o Chilpancingo, para mis adentros yo me decía que de los cuatro no se hacía uno, por la experiencia que ya se había visto en estos hospitales (con todo respeto). Y en ese instante entra una llamada del Dr. Salomón García con un tono presionante: ¿qué has decidido?. Fue que en un segundo/luz, agobiado por la impotencia y a punto de brotar la primera lágrima le dije: Me voy a Cdmx.
Desde luego que no tenía nada preparado más que la camioneta con gasolina, mis amigos consiguieron de inmediato un tanque de oxígeno y tomamos camino con el buen Tino como piloto y Gahel como copiloto. Olmo nos alcanzó en la caseta de Paso Morelos, alabo su gran solidaridad pero desestimo su irresponsabilidad ya que tenía apenas dos días de haber salido del hospital; más en fin, enfilamos nuestro camino rumbo a la Cdmx. Llegamos al hospital casi al punto de las 24 hrs. del viernes 30 de octubre, llegué pidiendo oxígeno ya que según el oxímetro procesaba al 77%.
De inmediato me metieron a una especie de cohete donde checaron a detalle el estado de mis pulmones, pude constatar por un instante cómo se parecían a un pedazo de queso gruyere, mientras la Dra. de turno decía que (este señor) tal vez no llegaría al día siguiente…
Y fue así que comenzaron a estabilizarme y permanecí en terapia intensiva, fue hasta las 3 am que me subieron a mi cama ya que para variar no había espacio.
A partir de aquí fueron nueve días con sus noches de lucha permanente por la vida; debo reconocer la atención del Hospital: atención permanente, combate al Covid en todos sus niveles y chequeo de signos vitales cada dos horas.
Gracias a la disciplina fui el primero en dar de alta en esa sala donde estábamos ocho pacientes, algunos se iban agravando.
Y aquí estoy ya, me dieron de alta el 8 de noviembre y me vine directo al Jardín del Edén (en Atoyac) para restañar mis heridas y recuperarme.
Cumplo mañana miércoles 18 de noviembre un nuevo año de vida, así como ya 10 días en recuperación, y siento que ya estoy en condiciones de salir a la luz. Algo que me inquietaba mucho era cómo los partes médicos siempre me daban por paciente en jaque (de delicado a posible agravamiento), pero nadie sabía que dentro del hospital libraba minuto a minuto una lucha a muerte por la vida.
Más en fin ya estamos casi listos para comenzar a circular, el balance de 10 días entre paréntesis de pronto aparece complicado: mil 551 whatsapp sin contestar, 25 llamadas perdidas, 29 mensajes de MSN, 38 Correos, 17 Messenger, 133 Facebook , 7 Instagram, 61 Twits, 337 YouTube, 12 Telegram y más de 15 días sin leer noticias ni redes sociales. Sin embargo, ello no se compara con haber estado 12 mil 960 minutos con oxígeno artificial y luchando en todo momento por la vida.
Por ello, hoy vengo a entregar mi corazón. Gracias a la fe colectiva, el apoyo concreto y las buenas vibras de familiares, amigos y camaradas hoy seguimos adelante. Leo y releo todos y cada uno de los mensajes vertidos y me admiro por esa capacidad de sensibilidad que aún existe. Quisiera que esta práctica se siga desarrollando y que día a día recobremos esa cualidad que nos caracteriza: somos humanos…!
Les dedico esta hermosa canción de Mercedes Sosa que hace alusión a algo que en este mi cumpleaños quiero gritar a los cuatro vientos: Gracias a la vida, que me ha dado tanto…

* Arturo García Jiménez, presidente de la Red de Agricultores Sustentables Autogestivos (RASA) y asesor general de la Coordinadora de Comisariados de Guerrero