EL-SUR

Martes 25 de Agosto de 2026

Guerrero, México

Guerrero  

Denuncian sobrevivientes de El Charco impunidad en las ejecuciones y tortura cometidas por militares

A dos días del 19 aniversario de la masacre, Ericka Zamora Pardo y Efrén Cortés Chávez dan a conocer sus testimonios con detalle en un documento difundido por la Red Solidaria Década contra la Impunidad

Zacarías Cervantes

Junio 05, 2017

 

A tres días de cumplirse 19 años de la masacre en la comunidad del Charco, municipio de Ayutla, en donde fueron ejecutadas 11 personas –10 indígenas de la zona y un estudiante de la UNAM–, cinco heridas y 27 detenidas, el caso se mantiene en total impunidad, denunciaron ayer en un documento los sobrevivientes Ericka Zamora Pardo y Efrén Cortés Chávez.
La Red Solidaria Década contra la Impunidad que acompaña a familiares de las víctimas y a los sobrevivientes de esa masacre en busca de que se haga justicia, dio a conocer este domingo los testimonios de los dos sobrevivientes de esa masacre ocurrida el 7 de junio de 1998.
En el documento, el organismo, también denunció que el caso ha quedado “en total impunidad” y que “hay total omisión por parte del gobierno del estado de Guerrero y del Estado mexicano”.

Campesinos ejecutdos

Ericka Zamora, en su testimonio dijo con respecto al ataque de elementos del Ejército la madrugada del 7 de junio en la escuela primaria Caritino Maldonado Pérez, que alrededor de las 5 y media o 6 de la mañana, salió un campesino y les dijo a los militares: “no disparen, perdónenme”, pero le dispararon.
Agregó que después salió otro grupo de campesinos, a las 10 aproximadamente, a los que les pidieron que salieran con las manos en la nuca y que se tiraran al piso acomodados en la cancha de basquetbol, y cuando ya estaban como les habían ordenado, les aventaron una granada y les dispararon desde arriba de la escuela y “después de la granada se empezaron a escuchar quejidos y se vio sangre en la cancha”.
Contó que en de los salones había gente herida, y que alrededor de las 6 y media de la mañana (los militares) nuevamente dispararon hacia los salones, “y les vuelven a decir que salgan”. Recordó que ella salió primero y detrás la demás gente, “se acomodaron en la cancha y se fueron arrastrando por la ladera”, pero allí los detuvieron alrededor de una hora con las manos extendidas y las piernas abiertas.
Dijo que en la comisaría municipal los interrogaron los militares y después los separaron a todos.
En seguida llegaron otras personas vestidas de civil que la interrogaron, y que alrededor de las 4 de la tarde los trasladaron en un helicóptero militar al batallón del Ejército en Cruz Grande, en donde estuvieron aproximadamente media hora.
Dijo que posteriormente los transportaron en camiones a la zona militar de Llano Largo en Acapulco, en donde los interrogaron nuevamente las personas de civil que la había interrogado en El Charco.
“Después entró una persona a la que le decían ‘el general’, quien les dijo que se estaban tardando mucho, que la vendaran, después le ordenó que se desnudara completamente.
Añadió que la esposaron, conectaron un cable, tiraron agua al piso y sintió descargas eléctricas mientras le decían que tenía que decir lo que ellos querían porque si no la iban a matar, o a su familia. Dijo que la tuvieron hasta las 3 de la mañana, cuando la hicieron firmar unas hojas que los militares habían escrito, y que nunca le permitieron leer.

Golpes, toques eléctricos, ahorcamiento, amenazas

Efrén Cortés Chávez declara que: “el Ejército empezó a disparar sobre la instalación (la escuela primaria). Se escucharon llantos y quejidos de diferentes personas”.
Denunció que los militares les gritaron que si no salían les iban a lanzar granadas, y que después escucharon estruendos.
“Salió un campesino del salón (de clases) y gritó que no le dispararan porque estaba desarmado pero fue el primero que cayó muerto”.
Contó que después de que salieron fueron detenidos por elementos del Ejército, que los trasladaron en helicóptero al 48 Batallón de Cruz Grande, de donde los llevaron en camión al batallón en Cumbres de Llano Largo, en Acapulco, donde empezaron los interrogatorios.
Denunció que allí a él lo golpearon en la cabeza y que lo amenazaron unas personas vestidas de civil, quienes le manifestaron que les dijera todo lo que sabía porque sus métodos eran “fuertes” y que empezaron a escribir en una máquina y le decían que aceptara todo lo que ellos estaban escribiendo, “porque como quiera de ahí no iba a salir”, pero que les manifestó que no sabía nada y que entonces lo vendaron de los ojos y lo trasladaron a un lugar que desconoce y le pusieron una cosa en la garganta y le empezaron a apretar el cuello.
Dijo que después le quitaron la ropa y lo acostaron en un lugar que no sabe qué era, lo ataron de las manos y de los pies y le pusieron como una esponja y la mojaron con agua y después le dieron toques eléctricos en las tibias de los pies, en los genitales y en la cabeza.
A 19 años, admitió que esta declaración no la había hecho por miedo a su integridad física, “ya que desde el día que estuvimos a disposición del Ejército mi vida estuvo en grave peligro…”