Como ha sido tradicional, desde temprana hora, cientos de personas se trasladan a la comunidad de Xochula, el sur de la ciudad, donde es venerado el Cristo al que le atribuyen bondades y milagros
Abril 03, 2026

Claudio Viveros Hernández
Taxco
El jueves de la Semana Santa en Taxco es uno de los días de intensa actividad religiosa y extralitúrgica, en el que las calles del centro histórico y alrededores, que se muestran inundadas de residentes y turistas, unos para ser partícipes de las procesiones y diversas actividades que se desarrollan; otros como simples espectadores.
Cientos de almas fueron organizadores, miembros de hermandades, directivos de pueblos y barrios; músicos con las notas de las chirimías, mujeres y hombres ayudantes para cargar en andas de madera; feligreses y testigos sumados a decenas de imágenes crucificadas en la procesión de Los Cristos, que empezó al amanecer y concluyó durante las primeras horas de hoy viernes, ante miles de taxqueños y visitantes.
Como ha sido tradicional, desde temprana hora, cientos de personas se trasladaron a la comunidad de Xochula, el sur de la ciudad, donde es venerado el Cristo al que le atribuyen bondades y milagros. Ese peregrinaje inició con una misa, celebrada por la mañana en la iglesia, de la que al término continuaron los preparativos para la partida hacia la ciudad, en decenas de camiones materialistas por sinuosos caminos, a la que se incorporaron de ahí y en el trayecto otras imágenes de pueblos cercanos, que fueron esperados por cientos en el camino.
De igual manera, lo hicieron otras del lado norte y los pueblos aledaños de la parte alta de Taxco, en camino para llegar a la concentración en el Santuario de la Veracruz, que fue uno de los primeros barrios en el periodo colonial, que es el punto medular de donde partió a las 11 de la noche la que es considerada una de las procesiones nocturnas de mayor duración impregnadas de fe, misticismo y no tradición preservada por generaciones.
Un cambio, sin camiones y una nueva procesión
Este año, luego de la aparición de un socavón que puso en riesgo a los transeúntes a unos metros del ex convento de San Bernardino, con los consecuentes trabajos de más de dos meses a presión para remediarlo, algunos organizadores consideraron que no era conveniente el tránsito de vehículos pesados por el centro histórico, de La Garita hacia La Veracruz, con cientos de personas que acompañan a las imágenes de los cristos, por lo que esa acción fue cancelada para evitar algunas fracturas o afectaciones que podrían haberse registrado en la zona donde hubo hundimientos.
La medida preventiva fue recibida con beneplácito para proteger el patrimonio cultural, las calles y monumentos, así como contrarrestar la contaminación; aunque hubo otras voces en desacuerdo y otras más que cuestionaron la oportunidad perdida por las autoridades, para regular la vialidad y convertir el centro histórico en una zona peatonal, sin el paso de vehículos ni vendedores ambulantes, que pudieron haber sido canalizados a otros espacios.
Nueva procesión intermedia en Jueves Santo
En una nueva modalidad, después de las 2 de la tarde, en la que los cristos y acompañantes llegaron de sus pueblos a La Garita, en medio del calor de la temporada comenzó así una nueva procesión en la que paulatinamente, sin prisas, aunque con mucho retraso por un bloqueo, se reanudó el peregrinaje, tanto por la carretera federal como la vía alterna.
De ahí partieron por la calle principal, rumbo al ex convento y de ahí a la Plazuela de Bernal, del lado posterior de la Casa Borda, para seguir calle abajo al Santuario de La Veracruz al encuentro con otros cristos y el que es considerado como El General, el anfitrión y encabeza la procesión por la noche.
Antes, durante el trayecto y en distintos puntos, ese peregrinaje se incrementó, al igual que en otros años con grupos de ciclistas y personas en motos y motonetas, quienes en la travesía fueron rociados y quedaron empapados con globos llenos de agua, las cubetadas de agua fría y manguerazos de pipas, lanzados por lugareños desde antes de llegar a la ciudad, pese a la presencia de personal de Tránsito y agentes de cuerpos policiacos.
La llegada a La Veracruz se retrasó, pero fue esperada y a cada contingente con sus imágenes les fueron asignados para salir por la noche en procesión, la más solemne, caracterizada por el duelo y la pasión de Jesús el Nazareno en los pasajes bíblicos.
Ahí, intercalados, aparecen grupos de penitentes mujeres y hombres, cada cual en la disciplina que se aplican, encruzados con varas de espinas sobre sus hombros, agachados y con pesadas cadenas que arrastran atadas a sus tobillos y flagelantes que se azotan la espalda hasta hacerla sangrar, con un instrumento de puntas filosas llamado cabresto. Todos ellos con un capirote negro, para resguardar su identidad, el torso desnudo, un largo faldón negro atado a su cintura y con los pies descalzos.
También aparecieron mujeres penitentes, todas ellas vestidas de negro y capirote, descalzas, con un crucifijo en sus manos y cadenas atadas a sus tobillos, en un profundo silencio, del que sólo se escuchaban las chirimías.
La noche y la más larga procesión
Como ocurrió en los días anteriores, con tardes y noches de frío y niebla, el Lunes Santo una lluvia incesante inhibió la procesión de Las Vírgenes, pero mantuvo la fe en muchos feligreses que no abandonaron a su imagen y varios optaron por la retirada, la tarde del jueves se vio luminosa y con calor agobiante.
El espíritu, la devoción y la fe no quebrantaron la permanencia en el santuario, en la espera de la salida en procesión que se mantiene en la colectividad, todos juntos en una tradición viva, al internarse por las calles, cada quien con su Cristo con los cirios y velas encendidas, la música, los penitentes y ese toque mágico que se cubre de religiosidad en lo que fue un antiguo Real de Minas y es uno de los principales atractivos del año.