Alrededor de mil feligreses católicos participan en la conmemoración, organizada por el Santuario de los Mártires de Chilpancingo, durante la cual caminan más de dos kilómetros desde Jardines de Zinnia
Abril 19, 2025

Zacarías Cervantes
Chilpancingo
Cerca de mil feligreses católicos participaron en el Viacrucis de este Viernes Santo, organizado por el Santuario de los Mártires de Chilpancingo y ofrecido a las madres que buscan a sus hijos desaparecidos por los grupos criminales, generadores de la violencia en el país.
Encabezados por los sacerdotes José Filiberto Velázquez Florencio, director del Centro de Derechos de las Víctimas de Violencia Minerva Bello (Centro Minerva Bello), y Miguel Ángel Durán Brito, los católicos de las colonias del surponiente de la capital caminaron más de dos kilómetros, desde la cancha techada del fraccionamiento Jardines de Zinnia al Santuario de los Mártires.
Velázquez Florencio, quien también es el encargado de la Casa del Peregrino, hizo constantes alusiones en cada estación del Viacrucis a la inseguridad que vive el país, a la violencia generada por los grupos criminales, a los desaparecidos, a la tristeza y desesperanza de las madres que buscan a sus hijos.
Además, hizo llamados a la solidaridad social con las madres buscadoras, reclamó acciones a las autoridades para frenar la violencia y buscar a los desaparecidos, pero también llamó a la reconciliación y al perdón de quienes provocan la violencia. Insistió en el valor del diálogo para resolver los problemas.
Casi adelante, vestidas con playeras blancas con las fotografías impresas de sus hijos desaparecidos, caminaron las madres buscadoras. Iban acompañadas por niñas y niños, hijas e hijos de las personas desaparecidas.
La procesión inició con apenas unos 300 feligreses, en la cancha techada del fraccionamiento Jardines de Zinnia, pero terminó con casi mil en las instalaciones del Santuario de los Mártires. En el transcurso del recorrido se fueron sumando a la procesión, uno en uno o en familias completas.
“No debemos acostumbrarnos a la violencia, a los encabezados de la nota roja, a los rumores que roban la tranquilidad de hechos públicos o de aquellos que se ocultan para mostrar una aparente tranquilidad”, pidió desde la primera estación el sacerdote Velázquez Florencio.
En la segunda, dijo que el flagelo de la violencia ha desgarrado el tejido social, “al punto que se ha vuelto cotidiano lidiar con este tipo de acontecimientos, que ya no sorprenden ni asombran a nadie. La paz no debe quedar limitada o comprometida al logro de algunos intereses particulares. La paz es un derecho universal”, indicó el sacerdote activista.
Reprochó: “Hoy en día debemos reconocer que el haber limitado la È 3
educación y el acceso a trabajos dignos, ha generado que una gran cantidad de jóvenes incursionen en las filas de los grupos delincuenciales. Pidamos al Señor que nos permita levantar la mirada con él y podamos ayudar a incorporarse a aquellos que representan las nuevas generaciones de mexicanos y se desarrollen en empleos que dignifiquen a nuestra nación”, expresó el prelado en la tercera estación.
Los católicos caminaron rezando y cantando por calles empinadas y angostas, a los largo de más de dos kilómetros.
En la cuarta estación, explicó que en nuestro país la figura de la madre es una riqueza incomparable, sobre todo en las comunidades. “No podemos dejar de mencionar a todas aquellas mujeres que viven la angustia de tener un hijo, una hija, un esposo o un pariente desaparecido”.
El sacerdote oró: “Querido Jesús, preséntate tú también en este camino y encuéntrate con todas aquellas mujeres, aquellas madres, aquellas buscadoras que experimentan la desesperación. Porque sólo tu mirada reconforta y nos ayudará a recordarte que este Viacrucis tiene un destino esperanzador. Ayúdanos a ser una Iglesia que sufre con tantas madres, que esperan noticias de sus familiares desaparecidos”.
Refirió en la quinta estación que “muchos somos los indignados de la situación por la que pasan algunas regiones de nuestro amado México. Son muchos los colectivos ciudadanos, grupos de búsqueda e iniciativas particulares que, incansables, buscan respuestas donde sólo parece reinar el miedo”.
Agregó: “Muchos, también somos jóvenes inquietos, preguntándonos qué podemos hacer para que la paz se haga más presente en nuestros días”.
Durante la procesión se vio vigilancia a discreción de personal de la Guardia Nacional y hubo patrullajes de la Policía Estatal, en tanto que agentes de tránsito municipal y personal de Protección Civil estatal dieron acompañamiento al recorrido.
En la sexta estación, Velázquez Florencio oró por las instancias públicas y privadas “que se esfuerzan para que, desde el marco oficial, podamos vivir en ambientes llenos de paz”.
Reconoció: “No podemos pensar que vivimos en un mundo completamente corrompido, por eso, desde nuestra visión, marcada por la esperanza, pedimos por los esfuerzos que con valor realizan tantos agentes de buena voluntad, para que prevalezca un clima de alegría día a día en nuestras comunidades”.
Después, en la séptima estación, que representa la segunda caída de Cristo, el defensor de derechos humanos preguntó: “¿Cómo contribuimos tú y yo para que nuestra sociedad esté con la rodilla en el piso? ¿De qué forma hemos empujado o puesto el pie para que el otro cayera? A menudo culpamos a los que se encuentran a nuestro alrededor, sin tomar conciencia de la responsabilidad que tenemos como agentes activos de nuestra comunidad”.
Explicó que la violencia no nace de un día para otro, “sino que es una semilla que crece poco a poco, con los gestos y las palabras de todos, ¿tú eres de los que empuja o de los que levanta?”, cuestionó.
Velázquez Florencio se refirió asimismo, en la octava estación, a la violencia que sufren las mujeres, de quienes, dijo: “Merecen vivir es paz”.
“Las calles, escuelas, plazas, sitios públicos e, incluso, los hogares no tendrían por qué convertirse en zonas de riesgo para cada una de ellas. Tú y yo tenemos madre, hermana, abuela, pareja y nos urge una mirada como la de Jesús, y detenernos a escuchar el lamento de todas, enjugar las lágrimas y sentir el dolor que clama de sus corazones heridos. No más mujeres que sufran en nuestro país”, exigió.
En la novena estación, que representa la tercera caída de Cristo, el sacerdote preguntó: ¿Cuántas caídas necesitamos para darnos cuenta de que es necesario un esfuerzo para ponernos de pie?”.
“Recordamos ahora todos los esfuerzos, procesos e iniciativas por buscar la paz que no han fructificado. A menudo muchas ideas y proyectos se han quedado sólo en eso, en grandes planes de resolver algo”, recriminó.
Añadió que hoy se necesita que muchas propuestas se vuelvan realidad, “el valor del diálogo escucha la empatía y la búsqueda del bien común y debe ser práctica constante, para no tener que soportar más caídas”, propuso.
Indicó que mediante el diálogo “nuestra historia puede cambiar y empezar a narrar episodios donde todos nos levantemos”, pues dijo que “la violencia no puede acabar con nuestro futuro”.
Cuando el Viacrucis había llegado a la décima estación, la procesión entraba al Santuario de los Mártires, después de tres horas de caminata, pues inició a las 10 de la mañana y llegó después de la 1 de la tarde.
Velázquez Florencio criticó que despojar a alguien de su ropa es despojar de su dignidad y de aquello que cubre como persona e hijo de Dios.
“Esta es una de las prácticas nocivas más arraigada entre los grupos de amigos y de familiares. A menudo no nos percatamos de cómo arrebatamos la dignidad de aquellos que están cercanos a nosotras. Nuestras palabras, insultos, apodos, malos tratos, agresiones, vejaciones y omisiones pueden ser una gran agresión hacia otros, heridas que lastiman la relación y como tal propician una cadena de violencia interminable”, explico.
Preguntó: “¿Por qué hay tantos asesinatos y explotación de personas en nuestro país? Porque los hemos despojado de su dignidad, porque nos hemos acostumbrado a despreciarnos mutuamente, a descalificarnos, a no reconocer lo valioso que hay en cada persona”, expuso.
El sacerdote pidió a las madres buscadoras, encabezadas por la presidenta del colectivo María Herrera de Chilpancingo, Gema Antúnez Flores, que montaran una guardia de honor frente al altar, en tanto que los niños se sentaron al frente.
Ente ellos, en la undécima estación, que representa a Jesús clavado en la Cruz, el sacerdote dijo: “Queremos recordar a aquellos que han sido responsables, causantes y ejecutores del dolor humano en tantos de nuestros vecinos y conocidos”.
Lamentó que, como sociedad, no hayamos podido ofrecerles una opción para desarrollarse en el ámbito profesional o laboral. “Lamentamos mucho que la necesidad les haya orillado a convertirse en instrumentos que propagan el dolor y el sufrimiento, pero es justo este pasaje, en el que Jesús nos enseña a perdonar a aquellos que nos lastiman, cuando dijo: ‘Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen’”.
Pidió que “nos dé un corazón semejante al suyo, para llenarlo de amor y de este amor emane el perdón a todos aquellos individuos y grupos que provocan el terror a lo largo y ancho de nuestro país”.
En la décimo segunda estación expresó que no hay nada que cauce más indignación que una muerte injusta como la que vivió Jesús: “En esta estación pedimos de manera especial por todas las victimas mortales, por los hechos de violencia perpetrados de manera intencional o accidental, en nuestro país, estado y municipio”.

Agregó que ellos no son un número más o una estadística, mucho menos el objeto de un discurso, pues cada uno tenía un nombre, una historia, una familia, un plan de vida que se trazó desde la eternidad. Los recordamos con un corazón lastimado por la ausencia que dejan muchos deudos”.
Velázquez Florencio pidió entonces un minuto de silencio “por todas esas personas que nos arrancó el ambiente de violencia que predomina”.
En la décimo tercera estación el activista recomendó fomentar “con más fuerza” el sentimiento de hijos en cada uno de nosotros, “para que sintamos cerca y amorosa a mamá María, porque sólo en ella encontramos la paz que nos hace falta allá afuera”.
Para finalizar, en la décimo cuarta estación, que representa la sepultura de Jesús, pidió recordar “todos los momentos y motivos que podríamos tener para vivir tristes y desanimados”. Dijo: “Es cierto que las circunstancias que nos rodean en cuestión de violencia e inseguridad no son los mejores, pero es necesario dejarlas aquí, en el sepulcro, con el cuerpo de Jesús”.
Concluyó: “Hoy dejamos en esta tumba aquellos dolores y tristezas que oprimen el corazón, porque la enseñanza de Cristo es aguardar el tiempo de la resurrección”.