EL-SUR

Miércoles 27 de Octubre de 2021

Guerrero, México

Guerrero  

En lo más difícil de la pandemia, comían pescados que sacaba su esposo y después lo que daba la Marina

Elena Rodríguez, vendedora de tacos en Caleta cuenta cómo vivieron cuando las playas estuvieron cerradas y ahora ya hay turistas pero llegan gastados y con el dinero justo

Abril 20, 2021

Elena Rodríguez vendedora en la playa de Caleta en el puerto de Acapulco, en su puesto de tacos de guisado Foto: Jesús Trigo

Jacob Morales Antonio

Para la señora Elena Rodríguez vender una sola orden de tacos en playa Caleta se ha convertido en toda una Odisea, pese a la gran afluencia, la mayoría de los visitantes llegan gastados y con el dinero lo justo, por las afectaciones que les ha dejado la pandemia. Durante los meses más difíciles, su esposo pescó y a diario y ella preparaba los pescados para comer.
Bajo la sombra de una palmera y otros árboles, la señora de 38 años coloca una mesa de plástico a partir de las 12 del día y se retira a las 6 de la tarde. Ahí desde hace 8 años ofrece hasta 10 tipos de guisados.
Cada taco de doble tortilla “para que llene” lo vende en 10 pesos, sin embargo desde diciembre pasado cuando los visitantes comenzaron a llegar luego de meses de encierro para evitar el contagio de Covid-19, casi no compran, “ellos llegan gastados, y uno pues también lo entiende, nosotros estuvimos más de tres meses sin trabajo y comíamos de lo que nos daba la Marina en el comedor”.
Antes de la llegada del virus la mujer que tiene a tres hijas, sólo trabajaba entre tres y cuatro horas a lo máximo porque los tacos se terminaban muy rápido. De los trastes de plástico que tenía en la mesa salía el olor de una salsa de chicharrón, la tinga, pollo con papa, y se veía el arroz rojo con su huevo cocido.
Pese al buen aroma, esto no deleita el paladar de los vacacionistas que tratan de ahorrar lo más que pueden. Según la mujer las familias comen lo más que pueden en los bufetes de los hoteles donde llegan para no gastar en la playa, y ahorrar. A veces dice que no recupera los 600 pesos que invierte para preparar los platillos.
La mujer recordó que no fueron tres meses, sino más que no hubo turismo y que las playas permanecieron cerradas, durante ese tiempo ella y su esposo que se dedica a la renta de una embarcación para paseo en la isla de La Roqueta, no tuvieron ni para un kilo de tortillas y a diario comían en el comedor que instaló la Marina en la zona.
Contó también que durante los días previos a la instalación del comedor comunitario de la Marina su esposo junto a otros trabajadores se pusieron a pescar y de lo que sacaban del mar comían, incluso a diario preparaban pescado.
Durante la entrevista, a menos de dos metros una integrante de una familia de vacacionistas que se encontraba sobre unas toallas disfrutando del sol, exprimía unos limones para prepararse un agua y refrescarse. La vendedora expresó “miré, ahí está lo que le digo, todos están gastados”, y sonrió.
La mujer dice que durante la pandemia fue registrada para recibir un apoyo económico federal y entregó toda su documentación pero no fue beneficiada.
La mujer cree que a pesar de que se sobre expuso el nombre de Caleta en los medios nacionales y en las redes sociales por el conflicto que hubo entre prestadores de servicios turísticos y una familia originaria de Tepito, no afectó las actividades de esta playa, ni para bien, ni para mal.
Sin embargo dice que no es la primera vez que hay un enfrentamiento con los “chilangos” porque no quieren pagar lo que consumen, además de pagar con billetes falsos o a veces quererse llevar las cosas que son rentadas como las bocinas para escuchar música.