EL-SUR

Sábado 25 de Julio de 2026

Guerrero, México

Guerrero  

En NY, enfrentan deliveristas guerrerenses freno al salario mínimo y bloqueo de apps

Lo que se creyó una victoria laboral, terminó perjudicando a muchos migrantes que intentan ser, o seguir siendo, repartidores en Nueva York. La primera ciudad del mundo en otorgarles un salario mínimo fue demandada por los grandes emporios de comida a domicilio para detener la entrada en vigor de la medida. Además, en represalia, ahora les impiden trabajar mediante sus aplicaciones en internet. Mientras tanto, integrantes de la comunidad afectada resisten y brindan apoyo a los paisanos

Septiembre 15, 2023

Heriberto Paredes

Ciudad de Nueva York / Especial para El Sur

Ernesta Gálvez, migrante de la Montaña, en la plaza de Nueva York donde vende comida para complementar sus ingresos como deliverista en el área de Mahattan Foto: Heriberto Paredes

Suena extraño, pero es real: “Ganábamos más cuando traba-jábamos sin salario fijo, cuando nos pagaban por cada pedido además de las propinas”, comenta Ernesta Gálvez, repartidora de comida o deliverista originaria de la Montaña y migrante en esta ciudad, la más cosmopolita de Estados Unidos.
“Lo del salario no fue una idea nuestra, eso lo propuso una organización que se está aprovechando de nuestra lucha. Ahora muchos deliveristas estamos desempleados por venganza de las empresas de comida a domicilio”, denuncia en entrevista para El Sur.
Después de tres años de organización –tras el inicio de la pandemia y de que ésta causara estragos en las de por sí pésimas condiciones laborales de las personas migrantes–, los deliveristas se convirtieron en una de las principales fuerzas laborales en la llamada Gran Manzana (The Big Apple). Primero lucharon por acabar con la violencia ocasionada por robos y episodios de racismo, luego construyeron sus mecanismos de seguridad a partir de una extensa red que funciona hasta la fecha a través de grupos de Whatsapp y de páginas en Facebook. Ahora, cuando parecía que el estatus de sus condiciones de trabajo mejoraría con un salario mínimo, enfrentan una situación aún más adversa.
El pasado 12 de junio el grupo Deliveristas Unidos anunció que, después de una intensa negociación, Nueva York se convertiría en la primera ciudad del mundo en otorgar un salario mínimo ($17.96 dólares por hora) a las personas repartidoras de comida. Sin embargo, en opinión de Ernesta y otros deliveristas consultados por El Sur, la medida, que aún no ha entrado en vigor, le ha resultado contraproducente a una buena parte de integrantes de este sector laboral, porque en represalia fueron bloqueados por las empresas de entrega de comida en sus aplicaciones de internet.
Es el caso de Doordash, la cual a partir del 5 de mayo y hasta la fecha ha bloqueado a cerca de 80 por ciento de las personas repartidoras que tenía activadas. El pretexto de la exclusión es que no tienen sus datos fiscales regularizados, a pesar de que deliveristas y empresa habían firmado un convenio en 2021 para permitir el uso de cuentas bancarias que no coincidieran con el nombre del o la deliverista. “La empresa sabe que somos migrantes y que es muy difícil que nuestros papeles coincidan”, enfatiza Ernesta.
Las personas repartidoras que permanecen bloqueadas para trabajar y se encuentran desempleadas buscan opciones para sobrevivir en esta ciudad que es una de las más caras del mundo, ya sea vendiendo comida o rentando cuentas activas en las apps.
“Nosotros no buscamos esa negociación, es falso –afirma Er-nesta–. Si quien dirige esa or-ganización (Deliveristas Unidos) conociera este trabajo, sabría cuáles son nuestras verdaderas necesi-dades, pero como no es deliverista estamos en desacuerdo de que se aproveche de nuestra lucha y nuestra imagen”.

Sin salario mínimo, sin
comisiones y sin apps

Ligia Guallpa, ecuatoriana que creció en el sur del Bronx –una de las zonas de Nueva York con más presencia de migrantes latinoamericanos–, es señalada por deliveristas como responsable de la situación actual que afecta al gremio. La acusan de haber recibido grandes cantidades de dinero para favorecer a repartidores, pero “ella nunca nos ha apoyado”, reprocha Ricardo, también originario de la Montaña de Guerrero.
“Si alguien tiene un accidente, ni siquiera le ofrece algo de apoyo económico para pagar la renta en lo que se recupera, ni visita a la persona, sólo le manda una playera –dice Ricardo acerca de Guallpa–. No ha rendido cuentas de todo ese dinero y usa nuestra imagen y nombre. No nos ayuda, por eso cada vez más se queda sin deliveristas en su organización, aunque ahora está reclutando, sobre todo, a los deliveristas venezolanos que van llegando”.
“Nosotras en Guerrero estamos acostumbradas a llevar apoyo, algo que se pueda necesitar –añade Ernesta por su lado–, y en Deliveristas Unidos nos decían que no había dinero. ‘¿Cómo que no hay dinero?’, (entonces) comprábamos de nuestra bolsa la poca despensa que podíamos”.
La violencia que afectaba los traslados y las entregas de comida, así como los constantes robos de bicicletas –que aún continúan–, han sido desplazados por la crisis actual, que comenzó con la organización que dirige Guallpa, cuentan los deliveristas a El Sur.
“Antes del supuesto salario mínimo –explica Ricardo– cada repartidor recibía una comisión por pedido, pero cuando Ligia se metió con las aplicaciones, exigiéndoles un mínimo de 30 dólares por hora, las aplicaciones se unieron molestas y al ver que la ciudad cedió dando una cifra alta (de salario mínimo), la demandaron”.
A principios de julio pasado, DoorDash y Grubhub, cuyas apps dominan el mercado de la comida a domicilio, interpusieron una demanda conjunta en la Corte de Nueva York, en tanto que UberEats y Relay recurrieron a acciones legales por su cuenta contra el Departamento del Trabajo de la ciudad.
Según los consorcios internacionales, se quería imponer “un estándar de ingresos extremo” para los repartidores, a quienes no consideran trabajadores sino “contratistas independientes”. Con ese argumento han justificado desde el principio que no se les pague salario mínimo, horas extra, seguro médico, equipo, gastos de operación ni ninguna otra prestación.
Asimismo, las multimillonarias compañías se quejaron de que el pago de salario mínimo dañaría de modo irreparable a los repartidores, porque tendrían que prescindir de muchos de ellos, y también advirtieron que se verían forzadas a trasladar los costos a los clientes aumentando los precios del servicio.
Luego de la orden del juez Nicholas Moyne de la Corte Suprema estatal de Nueva York, se suspendió de forma temporal –y hasta la fecha– el pago del polémico salario mínimo, que entraría en vigor el 12 de julio pasado y beneficiaría a unos 65 mil trabajadores.
Calificada como decisión “decepcionante” e “injusta” por el propio Deliveristas Unidos y el Worker’s Justice Project, para miles de deliveristas significó bastante más que eso, pues se quedaron sin pago mínimo, sin comisiones y sin empleo, por las cuentas canceladas en las apps.
Paradójicamente, asegura Ricardo, “nos conviene más trabajar por órdenes y propinas”.
Este verano fue notoria la creciente ausencia de personas repartidoras de comida circulando en las calles. Ahora se reúnen en plazas y parques públicos, llevan comida para vender a los deliveristas que conservan su trabajo y que necesitan hacer pausa para consumir sus propios alimentos. Pasan largas horas esperando a que algunas de las aplicaciones de comida les permitan volver a trabajar o se resuelvan sus apelaciones ante la cancelación de sus cuentas, y en esa espera se va generando un circuito económico pauperizado.
En el otro lado, a decir de los repartidores desempleados, existe una organización que les usa como imagen, obtiene recursos para, aparentemente, apoyar al movimiento. Cada vez hay más denuncias de esta usurpación. “Creemos que buscan más dinero, porque es lo que obtienen: ellos no van a dejar a los deliveristas, somos un buen negocio, tanto político como monetario”, comenta Ernesta.
Actualmente, los deliveristas ganan un promedio de $7.09 la hora, de acuerdo con el alcalde neoyorquino Eric Adams y la comisionada de Protección al Consumidor y al Trabajador (DCWP), Vilda Vera Mayuga. La medida aprobada por la autoridad laboral en junio pasado incluye un salario mínimo de 17.96 la hora a partir del 12 de julio, y un aumento a $19.96 dólares la hora a partir del 1 de abril de 2025. Con la demanda de los consorcios de las apps, la resolución final se estima lejana.

Venir de la Montaña sin saber leer y sin pasaporte

Sentada en una de las bancas de la plaza en donde vende comida, Ernesta habla con El Sur al mismo tiempo que atiende a quienes llegan a preguntarle por un documento, por un dato, o al tiempo que le hacen llamadas para pedir comida.
“Yo ayudo a mis compañeros en las aplicaciones cuando quieren darse de alta y son nuevos; cuando las aplicaciones les roban dinero y no quieren pagar a mis compañeros, el reto es recuperar lo más que se puede”, relata.
Doordash, pone de ejemplo, “es una de las aplicaciones que más bloqueó deliveristas, pero también el consulado mexicano les pone trabas para tener sus documentos básicos, como el certificado de nacimiento. Si vienen de un pueblo de la Montaña y no saben leer, no fueron a la escuela, ¿cómo van a tener un certificado de algo?, ¿no pueden sacar su pasaporte?
“Para tener una identificación de esta ciudad necesitas esos requisitos, para conseguir un permiso de conducir necesitan hacer un examen y si no saben leer, ¿cómo lo van a hacer? Las aplicaciones no pagan si la cuenta activada no está a tu nombre y si tu cuenta de banco tampoco coincide”.
Nacida en San Martín Amatitlán, municipio de Xalpatlahuac, en la Montaña, Ernesta logró estudiar los niveles básicos en México, a pesar de haber nacido en una familia de 11 hermanos y hermanas. Aprendió a ganar su dinero y aportar al gasto familiar desde niña, cuando acompañaba a su mamá a vender tortillas en el mercado.
Ahora, migrante en la Gran Manzana desde fines de 2016 reparte comida, principalmente en el área de Manhattan, y se ha dedicado en los últimos meses a ayudar a muchas personas que no saben cómo utilizar teléfonos móviles y desconocen todos los requisitos que les piden para activar sus cuentas en las apps de comida a domicilio.

En la pandemia, vitales; hoy
“nos desechan como basura”

En agosto de 2022 Ernesta tuvo un accidente, “un carro me atropelló y desde ahí empecé a apoyar a mis compañeros. Me di cuenta de que había muchas injusticias, que teníamos muchos problemas, porque durante la pandemia tanto las empresas como el gobierno de la ciudad nos dijeron que éramos esenciales y ahora nos desechan como basura”, recrimina.
Ernesta brinda asistencia “para evitar los fraudes, porque también hay gente que renta muy cara una cuenta activada; yo les digo a mis compañeros que no caigan en eso y que yo les voy a ayudar para que intenten activar su propia cuenta y tengan trabajo”.
Como otras mujeres migrantes en Estados Unidos, Ernesta ha tenido que esforzarse mucho para salir adelante; las experiencias de la vida le han llevado a no luchar sola sino a organizarse con otros en igual situación. Durante la pandemia, escribió en el periódico El Molino Informativo, “las mujeres deliveristas fuimos las más discriminadas, no sólo por los restaurantes y clientes, también sufrimos acoso de nuestros propios compañeros”.
Gracias a su labor, Ernesta ha sido reconocida por deliveristas independientes y distintas comunidades de migrantes, como quedó plasmado en un mural que se realizó recientemente en el sur del Bronx, donde fue pintado su rostro para representar la lucha de todas las personas que reparten comida en Nueva York.