EL-SUR

Miércoles 27 de Octubre de 2021

Guerrero, México

Guerrero  

Enfermó por el virus y un paro respiratorio lo tuvo al borde de la muerte, relata funcionario de Pungarabato

A casi 10 meses de su contagio, el director de Agua Potable, Juan Gómez Radilla, cuenta que sus secuelas son la pérdida del cabello, de memoria, taquicardia, problemas para respirar y en las rodillas un dolor muy intenso

Marzo 27, 2021

El director del Agua Potable de Pungarabato Juan Gómez Radilla Foto: Israel Flores

Israel Flores

Ciudad Altamirano

En mayo de 2020 se dio el primer repunte de contagios de Covid-19 en la región Tierra Caliente, las muertes por esta enfermedad eran tres diarias en Altamirano, se contagió el director del Agua Potable de Pungarabato Juan Gómez Radilla, quien tuvo un paro respiratorio internado en un hospital, se vio al borde de la muerte pero sobrevivió.
Juan Gómez tiene 54 años, es médico veterinario y desde el inicio de la administración en Pungarabato asumió el cargo.
En mayo escaseó el agua debido al bajo nivel del río y él acudió a regalarla en pipas a diferentes familias, ahora cree que en esta actividad se contagió, pero no sabe cómo ni cuándo exactamente.
“Yo me había cuidado, tomaba todas las precauciones, pero el 24 de mayo yo comencé a sentirme mal, calentura, dolor de huesos, a los tres días perdí el olfato y el gusto”, relató.
En casa se medicó porque no tenía alternativas, su hijo quien también es veterinario lo ayudó, “todo lo estaba aguantando pero lo que ya no aguanté fueron mis pulmones, a los siete días estaba oxigenando 65 por ciento (cuando tiene que ser 100), acudí a una cita médica con el director de Salud municipal, nos mandó a hacer todos los estudios y ahí detectó que mis pulmones estaban mal”.

Aglomeración ayer en la calle 21 de Marzo que está a un costado del mercado central Baltazar R. Leyva Mancilla de Chilpancingo, donde la movilidad no ha parado pese a la pandemia de Covid-19 Foto: Jesús Eduardo Guerrero

“Yo respiraba y quería hablar y se me iba la voz, lo primero que hizo mi familia fue internarme en el Hospital Regional de Coyuca de Catalán”.
Dijo que estaba nervioso, “estuve nueve días en el hospital regional. La verdad con tal de salvar la vida uno hace todo y aguanta todo. Adentro nos tienen aislados, cada quien tiene su espacio, pero no entra la familia, sólo platicamos con las enfermeras, camilleros, alguna cosa están al pendiente”.
Estuvo tres días sin alimento porque el oxígeno era primordial, “no me podía mover porque me faltaba el aire, hasta el tercer día comencé con dieta blanda”.
Internado, su salud se complicó, “tuve dos noches difíciles, me daban por muerto. Mis pulmones tuvieron dos noches de vida o muerte, tuve un paro respiratorio y los médicos le dijeron a mi familia todo eso. La verdad me dijeron también ‘no tengas miedo y encomiéndate a Dios’”.
Juan Gómez reconoció el apoyo de su familia, “mi esposa, mi hermana, mis hijos, estuvieron pegados afuera del hospital, soportando todo, el clima, los moscos, mis respetos para mi esposa y todos los que estuvieron al pendiente de mí y velaron durante nueve días aquí afuera del hospital, durmiendo en el piso”.
Dijo que se desesperó, “llegó el momento en el que quise pedir mi baja voluntaria, pero en ese tiempo el oxígeno se acabó en la ciudad y el médico me decía ‘aguanta’, porque si te vas no hay oxígeno y no llegarás al puente de Altamirano cuando te mueras, aguanta aquí”.
Al término del tiempo que el médico valoró que la enfermedad había descendido fue dado de alta, pero su salud seguía delicada.
“Cuando salí me aislé por completo, y mi hijo que es médico veterinario me cuidó, él me inyectaba, literal, me atendió un veterinario”.
En esa temporada varios médicos le temían al Covid, las clínicas particulares prefirieron cerrar que atender pacientes por miedo a posibles contagios.
En el ámbito particular nadie quería acercarse a las casas con pacientes enfermos de coronavirus. No había muchas alternativas.
Gómez Radilla pasó dos meses y medio más con oxígeno. Su salud se fue recuperando lentamente.
A casi 10 meses de su contagio cuenta que el Covid “me dejó cinco secuelas: una es la pérdida del pelo, la pérdida de memoria, hubo tiempos que no sabía dónde dejaba algo muy reciente, la taquicardia, los problemas para respirar y los problemas en mis rodillas, con dolor muy intenso, a la fecha sigo con tratamiento y poco a poco he ido superando lo demás, sólo me queda un poco lo de mis rodillas”.
Juan Gómez dice que fue un milagro salir vivo, “le doy gracias a Dios porque me salvó y me dio un día más. Al personal del hospital le agradezco mucho, es personal capacitado que arriesgó su vida por la gente y yo soy un ejemplo de ello”.