Ocho comunidades integraron un comité que se encarga de acopiar la producción y sale a venderla a quien ofrezca mejor precio. En menos de un año desapareció la narcoviolencia, lo que prueba que ésta es causada por los intermediarios que se disputan la mercancía y el territorio, y por el gobierno que pretende combatirlos, explican dos comisarios. Afirman que con ese novedoso mecanismo se obtienen ganancias extras que se utilizan para caminos, escuelas o lo que decidan los pueblos
Zacarías CervantesFilo de Caballos/ Leonardo Bravo
Mayo 16, 2016
En menos en un año, ocho comunidades de la sierra, abatieron la violencia que les provocaba la siembra de amapola y convirtieron la producción del enervante en un negocio que les reditúa ganancias para el desarrollo de sus pueblos.
Al margen del gobierno y de los cárteles de la droga, los ocho pueblos del Filo Mayor de la sierra, organizaron un esquema que funciona como proyecto piloto y que están por adoptar otros pueblos de la región debido a los “buenos resultados”, informaron los comisarios de Campo de Aviación, Crescencio Pacheco González, y el de Filo de Caballos, Arturo López Torres.
El sistema consiste en la integración de un comité que se encarga del acopio de la producción de goma de amapola y la vende al comprador que ofrece un mejor precio, e impide que entren a los pueblos personas ajenas a las comunidades que antes eran campos de batalla de quienes se disputaban la mercancía y el territorio.
El novedoso mecanismo no sólo terminó con la violencia en un año en esos pueblos, sino que obtiene ganancias extras que son repartidas equitativamente entre los pueblos que integran el comité para obras como apertura y mantenimiento de caminos, “o para lo que haga falta en las escuelas, casas de salud y comisarías”, según explicó uno de los comisarios.
López Torres dijo que ese ejemplo muestra que la violencia no la provoca la siembra del estupefaciente, sino los intermediarios que la compran y se disputan el producto, además del gobierno que pretende combatirlos.
Los comisarios no mencionaron, por seguridad, los nombres de los pueblos, pero explicaron que se trata de localidades que hasta hace un año venían padeciendo altos índices de violencia “y los habitantes se cansaron y decidieron organizarse”, dijo Pacheco González.
“No son una policía comunitaria, no son grupos de autodefensa, ni nada de eso, la fuerza de ellos radica en su organización. Es un lugar donde sacan buen producto, allá son madrazos buenos, porque trabaja toda la familia, desde los morritos y las mujeres, todos se van a la chinga”, explicó el comisario de Campo de Aviación.
El novedoso sistema impide la entrada a los pueblos de los cárteles de la droga o de grupos criminales a comprar directamente a los productores, con ello también evaden a los intermediarios que pagan lo que quieren a los campesinos. Es el comité integrado por ocho personas, un representante por pueblo, quien trata directamente con los interesados en la producción de los pueblos y realiza la operación de compra-venta.
“Como todos utilizan radios, se comunican cuando ya llegó el dinero, entonces los cultivadores llevan su producto al comité y éste se encarga del acopio y lo entrega todo junto, es también el único que recibe el dinero. Explicaron que como se trata de un acuerdo de buena fe, los integrantes del comité garantizan la salida del comprador hasta donde termina su territorio de influencia, “y le dicen de aquí en adelante es tu responsabilidad”,
“Es un esquema piloto, que está dando muy buenos resultados, han disminuido la delincuencia en un año, porque no les interesa que pinche cartel les compre o de qué línea venga, allí lo que les interesa y lo que quieren es que alguien les lleve el dinero y que se lleve la chingadera esa, porque es un medio de sobrevivir para las poblaciones”, dijo en alusión a la producción.
A su vez, el comisario de Filo de Caballos, López Torres, explicó que se trata de una especie de cooperativa con la que se están beneficiando no solamente los productores, sino los pueblos en su conjunto, porque además de que terminaron con la violencia, después de pagarle a los productores, hay un excedente de las ganancias que se distribuye equitativamente entre los pueblos que participan en el comité que es utilizado para la reparación de caminos, para detalles que hacen falta en las escuelas o centros de salud, “o para lo que quieran utilizarlo.
López Torres añadió que el ejemplo de esos pueblos evidencia que la siembra de la amapola no es la causa de la violencia, sino la delincuencia organizada que se diputa la droga y el territorio, y que para resolver el problema solamente se requiere de voluntad de parte de las autoridades.
Explicó que el problema es que los productores “pelean con tres enemigos y un traidor”. Los tres enemigos son el gobierno, las plagas y el mal tiempo, mientras que el traidor son las organizaciones criminales que llegan a comprar la droga, a dividirlos y a enfrentarlos.
Dijo que no es posible que México ocupe el segundo lugar a nivel internacional en la producción de amapola y Guerrero el primer lugar a nivel nacional en la exportación de goma de opio y que la sierra, que es la zona que más produce, sigua sumida en la pobreza.
“A pesar de que somos una región productora de goma de opio, la gente está muy jodida y no tienen el dinero suficiente para poder subsistir, si preguntas a la gente que a dónde se va de vacaciones cada año, te dicen que a la planta de amapola”.
Siguió: “hay 50 mil habitantes, de mil 280 comunidades que se dedican al cultivo de amapola y la mitad ni siquiera conoce Acapulco, ni el mar”.
Explicó que un campesino que se alquila con los productores de amapola apenas gana mil pesos a la semana, mientras que el productor siempre vive endeudado con la esperanza de que para la próxima cosecha le irá mejor, “y todo porque al gobierno no le interesa la producción y vender al estilo del primer mundo, como España, por ejemplo, sin riesgos y con ganancias para todos”.
Dijo que la regularización de la producción y venta de la amapola implica salir de los problemas del mercado negro, “que nos lleva a la inseguridad, violencia, a los asesinatos y a la pobreza de los productores”.
López Torres destacó que si el gobierno no cambia el esquema, los productores ya vieron que lo pueden hacer sólo con organización, y que asumirán el ejemplo de los ocho pueblos, que integraron el comité para el acopio y la venta del producto, sin intermediarios.