EL-SUR

Sábado 25 de Junio de 2022

Guerrero, México

Guerrero  

Le salvaron la vida a 16 niños el día de la toma de Filo de Caballos, relata trabajador del hospital

Él y el sacerdote los ocultaron en una cisterna para agua vacía de la iglesia, y los menores gritaban, “nos van a matar”, cuenta

Zacarías CervantesChilpancingo

Diciembre 13, 2018

 

Un trabajador del Hospital Básico Comunitario de Filo de Caballos y un sacerdote salvaron la vida a 16 niños el 11 de noviembre, cuando irrumpieron los policías comunitarios de Heliodoro Castillo en Filo de Caballos.
Los niños menores de 12 años estuvieron encerrados 19 horas, -de la una de la tarde a las 8 de la mañana del día siguiente- en una cisterna de agua de la iglesia del pueblo. Cuando comenzó la balacera recibían sus lecciones de catecismo.
El trabajador del hospital y el clérigo impidieron que salieran corriendo del templo para evitar que una bala les pegara en medio del nutrido tiroteo. Un mes después el empleado de salud recuerda que los niños, aterrorizados, gritaban: “nos van a matar, nos van a matar”.
Los 16 niños forman parte de los desplazados que aún se encuentran en el auditorio municipal de Chichihualco.
Los que asistieron a su doctrina para su confirmación son de 7 a 12 años, con ellos había dos religiosas, un sacerdote y el trabajador del hospital de Filo de Caballos.
El empleado cuenta que no había relatado la historia porque el sacerdote todavía estaba en Filo de Caballos y lo pondría en riesgo, pero la semana pasada supo que ya salió del pueblo.
Contó que el 11 de noviembre vivió una “tristeza muy grande” porque los niños lloraban y pedían a gritos que los sacaran de la iglesia, “nos van a matar aquí”, decían.
Explicó que entonces el sacerdote y él decidieron meterlos en una cisterna vacía que se encuentra atrás de la iglesia, “allí les salvamos la vida a esos niños”.
Dijo que los comunitarios no respetaban porque hasta las torres de la iglesia recibieron disparos, y que eso les dio más miedo.
Contó que permanecieron encerrados desde la una de la tarde que comenzó la balacera hasta las 8 de la mañana del día siguiente.
“Estaban todos entumidos, unos decían que tenían hambre pero qué les dábamos de comer, otros pedían ir al baño y se hacían ahí mismo, fue de verdad triste”.
Aseguró que en la noche casi no durmieron porque estaban todos apretados y no podía acostarse en el piso, sin cobija y con frío.
Declaró que al día siguiente cuando los sacaron, él ya no regresó a su casa, “me traje a los niños caminando por el cerro pero gracias a Dios no nos pasó nada, imagínese eran muchísimas balas las que estaban disparando, si los hubiéramos dejado salir los matan”.
Dijo que el sacerdote y las religiosas estaban muy asustados y no sabían qué hacer, “y a mí me dio una tristeza, por eso le digo al gobernador que nos ponga un poquito de atención, no le cuesta nada a él venir aquí al auditorio y que platique con nosotros y vea si es cierto o es mentira lo que estamos viviendo”.
Pidió que vaya también a Filo de Caballos para que vea como quedó el pueblo, “él conoce allá, ha subido, es nuestro amigo, lo hicimos diputado y lo subimos al puesto que ahorita tiene, y con esto nos está pagando. No es justo”.
Se quejó de la complicidad de los militares y policías con los civiles armados que los sacaron de su pueblo porque dijo que el día que entraron los militares y los policías estaban allí, junto con los comunitarios, “hasta pensamos que estaban coludidos con ellos, al militar siempre lo hemos respetado, lo hemos querido, pero así no”.