En mensajes en cada estación del recorrido también hay referencias a las injusticias, la corrupción y la falta de oportunidades para los jóvenes. En la procesión de más de tres horas participan más de mil feligreses. Sale de la catedral en el Zócalo y concluye con una concentración en la misma plaza
Abril 04, 2026

Zacarías Cervantes
Chilpancingo
Entre constantes llamados a meditar sobre el problema de la violencia, la inseguridad, las injusticias, la corrupción y la falta de oportunidades para los jóvenes que son víctimas de la cooptación del crimen organizado, transcurrió este viernes el viacrucis organizado por la catedral la Asunción de María de Chilpancingo, encabezado por el obispo José de Jesús González Hernández.
La procesión de más de mil feligreses, duró más de tres horas. Inició a las 10 de la mañana y terminó después de la 1 de la tarde. Salió de la catedral, ubicada en el zócalo de la capital, y después de recorrer las calles del centro, concluyó con una concentración en la plaza Primer Congreso de Anáhuac.
Desde la primera estación, que representa el momento en que Jesús es condenado a muerte por Poncio Pilato, hubo expresiones de preocupación por parte de los feligreses, por la violencia y la injusticia que se vive en la entidad.
La feligrés encargada de interpretar lo que significa la estación, dijo que la condena de Jesús es el reflejo de las injusticias que aún persisten en nuestra sociedad, “las estructuras de injusticias deben ser reconocidas y destruidas con la fuerza del bien, a través de un cambio de mentalidad. Pero también con la ayuda de las ciencias y la técnica, mediante el desarrollo de políticas eficaces en la transformación de la sociedad”, expuso.
Agregó: “Hoy llega al cielo el grito de tantos hermanos y hermanas lastimados por la violencia”, y preguntó: “¿Nos llega también a nosotros? ¿Nos sacude? ¿Nos conmueve?”.
Enseguida, recriminó que muchos factores nos alejan los unos de los otros, “negando la fraternidad que nos une desde el origen”.
Agregó que siempre se debe recordar que la propuesta del Evangelio no es sólo la relación individual e íntima con el Señor, “la propuesta es más amplia, es el reino de Dios”.
En la quinta estación, en la que Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la Cruz, y simboliza la solidaridad y la ayuda al prójimo, el encargado de la meditación señaló que la vida comunitaria es la primera victima de la violencia, que la percepción de inseguridad y el miedo lleva a las personas a buscar espacios seguros, “refugiándose en sus propias casas, aislándose y encerrándose en el individualismo y en la desconfianza, en el enojo, en el resentimiento y en el deseo de venganza”.
Dijo que toda la creación espera “con ansia” esta revelación, la solidaridad, de los hijos de Dios, “porque también la creación será liberada de la esclavitud y de la corrupción, para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
“Sabemos que la creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto. ¿Dónde están los cirineos que ayuden a llevar su cruz a quienes sufren por la causa de la violencia?”, expresó.
En esta estación también habló el obispo González Hernández, quien después de su feligrés, clamó: “Señor, envía a quien nos saque de nuestra indiferencia y nos involucremos en tu obra salvadora de modo directo. No como espectadores escépticos, sino como cirineos que meten el hombro para cargar la cruz”.
También pidió: “Ayúdanos a librarnos del riesgo de dependencia de los medios de comunicación digitales, que empobrecen las relaciones humanas”, y luego dijo: “Yo quiero ser un cirineo, que ayude a mis hermanos a llevar su cruz de tristeza, amargura, soledad y sufrimiento. Que tu Iglesia, señor, sea el cirineo que necesitan los que sufren”.
En la sexta estación, en la que Verónica limpia el rostro de Jesús y enjuga su sangre y su sudor, lo que simboliza la misericordia frente al dolor ajeno, el párroco de la Asunción de María, Sem Zepeda Salazar, exclamó que “el rostro del mundo está desfigurado. No se percibe su belleza y queremos reconstruir este mundo que nos duele, ante tanto dolor, ante tanta herida”.
Enseguida, pidió: “Ayúdanos a rehacer nuestra comunidad, siendo hombres y mujeres que hagan propia la fragilidad de los demás y se erija una sociedad sin exclusión. Que todos se hagan prójimos y levanten y rehabiliten al caído para que el bien sea común”.
Clamó: “Toca mi mente y mi corazón, señor, para que sepa acoger con respeto a los marginados, a los pobres, a los migrantes, ancianos, enfermos y a todos los que se sientan excluidos para que tu iglesia sea verdaderamente su bálsamo”.
En la séptima estación, en la que Jesús cae por tercera ocasión y simboliza la fragilidad humana, el encargado de la meditación, reprochó: “¿Cuantos jóvenes buscan levantarse de la postración en que se encuentran, pero no encuentran los medios?”.
Habló del alto porcentaje de jóvenes, que incluso teniendo estudios no tienen acceso a empleos estables y bien remunerados.
“Esto hace que muchos de ellos, ante la falta de alternativas, sean oferta laboral para quienes se dedican al narcomenudeo o la delincuencia organizada”, denunció.
En la décimo primera estación, que representa el momento en que Jesús es clavado en la cruz, Zepeda Salazar habló del perdón y del rechazo a la venganza en contra de quienes, incluso, cometen los crímenes “más horrendos”.
Pidió fuerzas “para romper el círculo vicioso y frenar el avance de las fuerzas de la destrucción”.
Dijo: “Ayúdanos, señor, a decidir no seguir inoculando en la sociedad, la energía de la venganza que tarde que temprano termina recayendo, una vez más, sobre nosotros mismos”.
Explicó que la venganza nunca sacia de verdad la insatisfacción de las víctimas.
“Hay crímenes tan horrendos y crueles que hacer sufrir a quienes los cometieron. No sirve para sentir que se ha reparado el daño, ni siquiera bastaría matar al criminal, no se podrían encontrar torturas que se equiparen a lo que pudo haber sufrido la víctima”.
“La venganza no resuelve nada. Señor, queremos perdonar como tú lo hiciste”, dijo.
Después del Viacrucis y la concentración donde se leyeron las siete palabras que pronunció Jesús cuando estaba crucificado, los feligreses participaron en la procesión del Santo Entierro, que consiste en llevar el cuerpo de Jesús a la tumba, en este caso, a la catedral la Asunción de María.
A la 5 de la tarde, unos 500 feligreses participaron en la celebración litúrgica de la Pasión del Señor en la plaza Primer Congreso de Anáhuac y al terminar, participaron en la Procesión del Silencio, de la alameda Francisco Granados al zócalo de la capital.