“Estamos en contra de que a los desaparecidos siempre los revictimicen”, precisa Socorro Gil Guzmán, integrante de Memoria, Verdad y Justicia de Acapulco y una de los familiares de víctimas de al menos 11 estados que han llegado a Cdmx a manifestarse y colocar el tema en la conversación pública, aprovechando la atención internacional. A los pies de ese México “que quiere mostrarse unido, fuerte y eufórico” hay muchas fosas clandestinas y desapariciones que “ha tolerado y no ha querido ver”, dice el activista Jorge Verástegui
Junio 11, 2026

Guillermo Rivera
El Sur / Ciudad de México
Familiares de personas desaparecidas realizaron una marcha con antorchas rumbo al Estadio Azteca la noche de ayer para exigir verdad, justicia y una reunión con la presidenta Claudia Sheinbaum, mientras miles de aficionados se preparaban para el arranque de la Copa del Mundo 2026, el torneo de futbol profesional más importante.
La movilización formó parte de la campaña “Hagamos que suceda. Hasta encontrarles”, impulsada desde hace dos meses por decenas de familias buscadoras de distintas regiones del país, que han recurrido incluso a cascaritas de futbol, promoción de playeras inspiradas en la Selección Mexicana y otras actividades para llamar la atención sobre una crisis que, afirman, sigue siendo ignorada por las autoridades y una buena parte de la sociedad.
Para este jueves, día de la inauguración del Mundial, familias provenientes de por lo menos 11 estados se dividirán entre el Zócalo capitalino, las inmediaciones del estadio Azteca y el Antimonumento +72, con la intención de mantener visible una exigencia que viene desde sexenios pasados: que el Estado mexicano coloque la búsqueda de las personas desaparecidas como una prioridad nacional.
“Nosotros no estamos en contra del futbol, más bien estamos utilizando el futbol como un medio de protesta”, explica Jorge Verástegui González, quien busca a su hermano Antonio y a su sobrino Antonio Jesús Verástegui Escobedo, desaparecidos en Coahuila en 2009.
En entrevista con El Sur, el activista, coordinador de estas movilizaciones, dice que las familias esperan que la atención que recibirá México como sede del torneo internacional permita exhibir una realidad que consideran incompatible con la imagen festiva que se busca proyectar al exterior.
“Es válido el esparcimiento y disfrutar. Quienes no tienen una persona desaparecida seguramente tienen motivos para festejar, pero también hay que recordar la contradicción de estos festejos y de este nacionalismo en un país donde oficialmente hay más de 133 mil personas desaparecidas”, expone.
No queremos “arruinarle
la fiesta a nadie”
A las movilizaciones se han sumado integrantes de colectivos y familias provenientes de Guerrero, Coahuila, Zacatecas, Guanajuato, Michoacán, Puebla, Morelos, Oaxaca, Estado de México, Jalisco y la propia Ciudad de México. Verástegui explica que las acciones no fueron convocadas en nombre de ninguna organización en particular, sino que se trata de una iniciativa conjunta de decenas de familias de distintos puntos del país, con el propósito de colocar la crisis de desapariciones en la conversación pública aprovechando la atención global generada por el Mundial.
“Hay colectivos y personas de muchos estados, pero esto no es una acción de un colectivo específico. Es una acción de familias”, insiste.
El activista destaca que, pese a las diferencias regionales y a las distintas formas de organización, las personas buscadoras han logrado construir una agenda común alrededor de una exigencia compartida: encontrar a quienes faltan y romper la indiferencia frente a una crisis que atraviesa a todo el país.
La campaña, agrega, también pretende interpelar a la sociedad mexicana y recordarle que la desaparición de personas es una tragedia que no afecta únicamente a quienes buscan a sus familiares.
“No estamos buscando arruinarle la fiesta a nadie. Queremos que la gente que vaya a ver el partido se acerque, juegue una cascarita por los desaparecidos y luego disfrute el encuentro. Es una acción cultural y una manera de acercarnos a la sociedad”, dice.
Las familias esperan, además, que la presidenta Claudia Sheinbaum pueda recibirlas durante las actividades previstas para este jueves en el Zócalo, una petición que, recuerda Verástegui, han planteado desde el inicio de la actual administración sin obtener respuesta.
De acuerdo con el activista, existe disposición de las familias para construir un compromiso nacional que permita enfrentar esta crisis que ha atravesado a gobiernos del PAN, PRI y Morena.
“No es un problema de leyes ni de instituciones. Es un problema político”, sostiene.
Que todo el mundo sepa
lo que estamos viviendo
Entre las familias que llegaron a Ciudad de México se encuentra Socorro Gil Guzmán, integrante del colectivo Memoria, Verdad y Justicia Acapulco, quien busca a su hijo Jonathan Guadalupe Romero Gil, desaparecido por policías municipales el 5 de diciembre de 2018.
Recién llegada de Guerrero a la capital del país, cuenta a El Sur que las acciones relacionadas con el Mundial comenzaron semanas atrás con la colocación de fotografías de personas desaparecidas intervenidas con playeras de la Selección Mexicana y fichas traducidas al inglés para que turistas y visitantes extranjeros conozcan la dimensión de la crisis que enfrenta el país.
“La intención es que todo el mundo que venga a México se entere de la situación en la que estamos viviendo”, comenta.
Las movilizaciones de las familias buscadoras no pretenden sabotear el torneo, asegura, sino aprovechar una coyuntura excepcional para llamar la atención sobre una realidad que, remarca, ha sido minimizada por distintos gobiernos.
“Nosotros no estamos en contra del Mundial ni de ninguna otra actividad. Estamos en contra de que a los desaparecidos siempre los revictimicen y los desaparezcan por segunda ocasión”, puntualiza.
Socorro denuncia que búsquedas programadas entre el 8 y el 12 de junio fueron suspendidas sin que las autoridades les ofrecieran una explicación clara. Su interpretación es que recursos y personal fueron reasignados ante el despliegue de seguridad por el Mundial.
“Siempre nos hacen lo mismo –reprocha–. Por las elecciones, por cualquier otra cosa o, ahora, por el Mundial, las búsquedas son las primeras que detienen”.
La activista dice, además, que el problema de las desapariciones continúa siendo negado desde el poder. “Uno trata de ser escuchado, no solamente por el gobierno, sino por la sociedad. Mucha gente también nos revictimiza, nos insulta y hasta se molesta por las búsquedas. No podemos normalizar toda la violencia que vivimos en el país”.
La situación en Guerrero, añade, es particularmente grave. “Hay desaparecidos, desplazados, asesinados. Hay niños, jóvenes y menores de edad desaparecidos. Mientras se siga negando la realidad, todo esto seguirá avanzando”, advierte.
Lo que se esconde
debajo de la fiesta
Para Jorge Verástegui González, quien tenía apenas 18 años cuando fueron desaparecidos su hermano y su sobrino, la ausencia violenta de un ser querido transforma por completo la vida de una persona. “Quien vive la desaparición de un familiar también desaparece en parte de su vida”, reflexiona.
A partir de ese momento, indica, los proyectos personales quedan suspendidos y la vida cotidiana gira alrededor de la búsqueda, la documentación de los casos y la organización con otras familias. “Dejamos atrás sueños y expectativas para convertirnos en personas buscadoras”.
Por ello, continúa, las manifestaciones impulsadas en el contexto del Mundial también buscan evidenciar una contradicción profunda en el país.
“Vemos un México que quiere mostrarse unido, fuerte y eufórico por el Mundial, pero a los pies de este país están muchas fosas clandestinas y muchas víctimas de desaparición que lamentablemente la población ha tolerado y no ha querido ver”.
Las acciones de las familias, acepta, suelen resultar incómodas precisamente porque exhiben una realidad que muchos prefieren ignorar. “Hay un México solidario con muchas causas, pero frente a las desapariciones a veces simplemente la gente pasa de largo, no apoya o incluso critica nuestras manifestaciones”.
Para el activista, muchos de los avances conseguidos por las familias en los últimos años han sido resultado de la presión ejercida por los propios colectivos y no de una voluntad genuina de las autoridades.
“Las instituciones responden cuando las familias las obligan a responder”, dice. Por ello, considera, la solución pasa por una decisión política capaz de romper las redes de protección y el pacto de impunidad que han permitido que las desapariciones continúen durante décadas.
“Si no se rompe ese pacto de impunidad, esto va a seguir ocurriendo –subraya Jorge Verástegui–. Nosotros no elegimos esta vida. Terminamos convirtiéndonos en personas buscadoras porque no nos dejaron otra opción”.
La deuda, de todos
los partidos políticos
A unas horas de las movilizaciones previstas para día de la inauguración y primer partido del Mundial, las familias y colectivos de buscadoras también han tenido que deslindarse de convocatorias ajenas o de intentos de apropiación partidista de una causa que, insisten, pertenece únicamente a quienes buscan a sus seres queridos.
Verástegui González reconoce que existe preocupación por la posibilidad de que personas o grupos intenten aprovechar las protestas para otros fines, por lo que las familias han procurado informar con claridad sobre los puntos de concentración y mantener el carácter pacífico de las acciones.
“Vamos identificados con las fotografías de nuestros familiares. Eso es lo que nos distingue”, informa.
La búsqueda de personas desaparecidas se ha mantenido al margen de las disputas partidistas, remarca y reitera que la crisis de desapariciones ha atravesado gobiernos emanados de distintas fuerzas políticas.
“Han desaparecido personas con gobiernos del PAN, del PRI, de Morena y de Movimiento Ciudadano. Todos dijeron que iban a buscar y ninguno cumplió”, recalca; ningún partido tiene autoridad moral para apropiarse de la causa. “El señalamiento es institucional. Todos los partidos tienen una deuda enorme con las familias”.
Falta de voluntad política
e impunidad de 98%
El activista señala como principal problema la impunidad, que “ronda el 98 por ciento en los casos de desaparición”, así como la falta de voluntad política para romper las redes de protección que permiten que el fenómeno continúe.
Finalmente, deplora que pese a las solicitudes hechas desde el inicio del actual sexenio, Sheinbaum aún no haya tenido un encuentro directo con las familias buscadoras. “Si la presidenta no asume personalmente el compromiso, el mensaje para el resto de los políticos es que el tema tampoco es importante”.
Pero después del Mundial, dice, las familias seguirán ahí y volverán a lo que ha marcado sus vidas durante años: las brigadas, las búsquedas y las acciones cotidianas para encontrar a quienes faltan.