Vecinos migrantes nahuas, me’phaa, na savi, afromexicanos y hablantes de ñomndaa viven sin los servicios básicos en este asentamiento al sur de Chilpancingo, fundado en 1994. La Saica tiene registrados en la capital otras dos colonias indígenas, la PPS y Las Torres
Beatriz García
Agosto 13, 2017

En la comunidad indígena Emperador Cuauhtémoc, ubicada en un cerro al sur de la capital, habitan migrantes nahuas, me’phaa, na savi, afromexicanos y hablantes de ñomndaa, que en su mayoría llegaron para buscar una mejor calidad de vida, y que en 1994 se organizaron para adquirir un terreno en el que se asentaron pese a la carencia de servicios públicos.
La Secretaría de Asuntos Indígena y Comunidades Afromexicanas (Saica), tiene registrados en la capital tres asentamientos indígenas; además de la Emperador Cuauhtémoc, están las colonias PPS y Las Torres, donde vive el 18.37 por ciento de la población de Chilpancingo.
En la Emperador Cuauhtémoc, las calles son de terracería, inclinadas, con baches y piedras que dificultan el caminar de los vecinos. La mayoría de las casas están hechas de tablas de madera y lámina, igual que la primaria y el preescolar, que tienen piso de tierra.
Habitantes de la colonia Emperador Cuauhtémoc contaron sus experiencias en la capital y cómo lograron asentarse en este terreno, donde además están buscando regularizar sus lotes.
Un espacio de los pueblos indígenas para desarrollar su educación, identidad y cultura
El me’phaa, Amador Cortez Robledo contó que el objetivo principal cuando formaban parte del Consejo Guerrerense 500 Años de Resistencia Indígena, era comprar un terreno y crear un espacio de los pueblos indígenas en Chilpancingo, para desde ahí desarrollar su educación, identidad y su cultura.
Cortez Robledo llegó a la capital en 1985 cuando tenía 15 años, con el objetivo de estudiar, cuando sólo existían los barrios de Chilpancingo.
“El terreno se compró con un dinero que se consiguió en una marcha nacional indígena, la marcha fue en marzo de 1994… esta marcha llamó a frenar la guerra para que no siguieran asesinando a los hermanos indígenas tzotziles, tolojabales, mames y zoquez, de Chiapas. (El ex presidente Carlos) Salinas de Gortari, en el 94, en vez de resolver los problemas quería asesinarlos, hizo la guerra contra ellos”, recordó.
Remarcó que en 1994 surgió el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZNL), para exigir la vida digna, alimentación, justicia, patria e independencia, demandas de las apropiaron como organización.
Refirió que ante la rebeldía de los pueblos de Chiapas, el Consejo Guerrerense planteó la creación de un espacio donde desarrollarse en Chilpancingo, pues en la capital hay una gran concentración de migrantes.
Abundó que en ese año se convocó a una reunión a los me’phaa originarios de Tlacoapa y radicados en la capital, a la que llegaron 80, la mayoría estudiantes, y reafirmaron la necesitad de habitar un lugar y generar empleos.
Indicó que al venir de distintas comunidades indígenas y étnicas no se conocían, pero que la necesidad de buscar mejores condiciones de vida los hizo conocerse para comenzar a organizarse, “nos guste o no nos guste, a nosotros nos unió la pobreza”.
Comentó que plantean un corredor artesanal en Chilpancingo ante la falta de empleo y seguridad social. “Muchos llegan con la idea de estudiar, muchos llegan con la idea de encontrar un trabajo digno en la ciudad de Chilpancingo, Acapulco, Iguala, Zihuatanejo, Taxco, son ciudades importantes en las que se concentran los hermanos indígenas en todo el estado en busca de empleo, principalmente, en busca de la escuela en donde desarrollarse, donde estudiar, en busca de mejores condiciones de vida”, comentó.
Abundó que soñaban con tener un terreno de unas 40 hectáreas, donde hubiera escuelas de diferentes niveles, desde preescolar hasta profesional, además de un lugar para rescatar la educación pluricultural, pero que sólo logaron un predio de 4 hectáreas, donde habitan 160 familias.
“Históricamente, no ven los gobernantes a los indígenas como para que se reúnan, trabajen e impulsen programas que abatan profundamente los problemas del hambre”, indicó.
Recordó con pena el racismo que vivió junto con otros indígenas, “la gente que no piensa, que no tiene capacidad, en ese nivel el racismo era horrible”, incluso en Tlapa y en Ometepec.
Hace apenas cinco años que les instalaron la red de energía eléctrica
Las familias que habitan en este asentamiento carecen de agua potable, drenaje y pavimentación, y apenas hace cinco años tienen servicio de energía eléctrica.
El agua la tienen que comprar en camiones pipa, que les cobran desde 100 hasta 250 pesos; y pese a las gestiones que han hecho para obtener estos derechos no los han escuchado.
En el terreno de la comunidad están los espacios del preescolar y la primaria; no tiene reconocimiento oficial, son extensiones de otras escuelas que los han apoyado. El preescolar pertenece a una escuela de Tulimán, municipio de Huitzuco, y la primaria a una escuela de Ahuacotzintla, municipio de Chilapa.
La primaria multigrado tiene 58 alumnos, y ahí se enseña en lenguas indígenas para conservarlas; a los habitantes les gustaría que se asignaran maestros para cada lengua que se habla en el lugar. En el preescolar son 28 alumnos.
Sin embargo, lo que más les urge y por lo que están luchando es que la Secretaría de Educación Guerrero (SEG) les asigne trabajadores para la educación formal de los niños.
Para el preescolar hacer falta infraestructura, una educadora permanente, porque sólo van temporalmente. Mientras que de la primaria están urgiendo a las autoridades estatales y federales, además de infraestructura, que les asignen al menos un maestro por grado, pues sólo hay uno que atiende los seis grupos.
“Institucionalmente, hay un bloqueo técnico con argumentos fuera de lugar de la SEG, porque dicen que en la ciudad no debe haber escuelas indígenas”, agregó que lñas autoridades educativas tienen una visión racista, “una política educativa excluyente de las culturas indígenas”, manifestó Amador Cortez.
Todo el tiempo que ha vivido en Chilpancingo ha sido difícil, dice una vecina
La vecina Guadalupe Morales tiene 50 años de edad, es na savi originaria de Ahuacachahue, municipio de Ayutla de los Libres, recuerda que cuando llegó a vivir a la capital, se dedicó a limpiar casas durante 14 años, “llegué cuando tenía 20 años, yo solita”, ante la pobreza en su comunidad, donde sembrában flor de Jamaica y ajonjolí.
Antes de salir, le dijo a su papá que venía a la capital porque no se quería casar contra su voluntad, como se acostumbra en su comunidad, y además necesitaba dinero.
Agregó que cuando llegó a trabajar a la capital le pagaban 50 pesos al mes y vivía en la casa de su patrona.
Todo el tiempo que ha vivido en Chilpancingo ha sido difícil, dice, sobre todo al principio, porque no iba seguido a su pueblo, pero después se adaptó; además porque sabe que aquí tiene su sustento económico.
Recordó que anduvo rentando junto con su esposo, pero que no les alcanzaba el dinero que tenían, y en 2005 llegó a la Emperador Cuauhtémoc.
Luz María Guzmán Méndez de 34 años, es originaria de Zapotitlán Tablas y es me’phaa. Cuenta que llegó a Chilpancingo alrededor del año 2000, que sufrió a causa de la comida, de calzado; “no nadamás yo, toda mi familia, y yo le eché muchas ganas, terminé la primaria, hice mi examen me fui a México a estudiar, de ahí regresé a Chilpancingo para seguir estudiando la prepa, pero necesitaba trabajar para seguir estudiando porque mi mamá no tenía un ingreso económico para que yo siguiera estudiando”, relató.
Detalló que las condiciones de vida cuando llegó a la capital eran tristes, que la discriminaban y humillaban por ser indígena, porque habla una lengua materna; además, en los trabajos que logró conseguir le pagan poco y por eso no pudo seguir estudiando. En 2006 llegó a vivir a la colonia, donde su papá formó parte del Consejo Indígena.