EL-SUR

Miércoles 03 de Junio de 2026

Guerrero, México

Guerrero  

Sepultan en Alcozauca a Leuteria, la agente de Tránsito asesinada por un policía municipal

Pide el padre de la víctima que le den la pena máxima al responsable para que no salga y vuelva a hacer lo mismo con otra mujer. “Es lo único que pido y si la autoridad quiere ayudar a mis cuatro nietos que lo haga, no puedo decir más, tengo mucho dolor”

Enero 10, 2025

El sepelio de Leuteria Reyes Benito en Cruz Fandango, Alcozauca, donde los vecinos y la banda de música de viento la acompañaron al panteón, en un largo recorrido por las calles de la localidad na’ savi Foto: Carmen González Benicio

Carmen González Benicio

Cruz Fandango, Alcozauca

–¡Mamá levántate, no te vayas mamá!–, gritaba entre sollozos Ángel mientras el ataúd de su madre, Leuteria Reyes Benito se perdía entre los bloques de concreto de su tumba. Fue quien más externó el dolor por el feminicidio de su madre.
Ángel y sus tres hermanos fueron cobijados por los brazos de su padre y su tía paterna. Estuvieron al lado de su ataúd cuando lo abrieron para colocar sus pertenencias personales, como es la costumbre na savi. Por lo que no pudo evitarse, ver el rostro pálido de Leuteria, antes de que la mezcla cayera sobre la cimbra sellándola.
Leuteria era elemento de Tránsito municipal y fue asesinada a puñaladas por su compañero de trabajo, el policía municipal Herminio. Ambos trabajaban en el Ayuntamiento de Alcozauca.
La tarde de ayer los cohetes silbaban y tronaban en el cielo por intervalos que quemaban dos jóvenes y arreciaron en el panteón.
En el panteón la banda de viento cambió los sones de rezos por piezas musicales mientras la familia se despedía del cuerpo de la mujer de 31 años, atacada a cuchilladas el 5 de enero, muriendo horas después desangrada por la lenta atención y burocracia en salud.
El cuerpo de Leuteria fue trasladado del Servicio Médico Forense (Semefo) en Chilpancingo a Cruz Fandango durante la madrugada del miércoles 8 de enero, llegando al mediodía a la casa de sus padres en la comunidad, donde fue velada por unas horas.
A su casa llegaron los vecinos y vecinas, con veladoras y flores como bugambilias, adelfas y pascuas que hay en sus patios y otras flores silvestres.
Como a las 3 de la tarde se inició el recorrido de la casa de sus padres al panteón del pueblo, a la salida, donde se pone el sol, que dejaba ver su luz entre las nubes. Los familiares y amigos varones fueron los encargados de llevarla en hombros. Le colocaron dos palos atravesados a la caja para aguantar su peso.
La llevaron a la iglesia donde la presentaron en la puerta y como se hace por costumbre entraron para caminar con el ataúd a su alrededor y salir nuevamente a la calle entre los rezos del principal y la quema de copal.
Poco a poco las calles con cemento desaparecieron, la tierra tomó su lugar; los sembradíos de milpa aparecieron y los pinos. Al final del caminar lento aparecieron las tumbas del cementerio a campo abierto.
Al centro estaba la fosa donde sería sepultada Leuteria. Los costales de arena, cemento y agua que acarrearon estaban listos. Nuevamente, antes de bajar la caja, los acompañantes rodearon el perímetro del panteón.
El silencio acompañó el recorrido. Los comentarios que se hacían eran de incredulidad por la saña en que su compañero de trabajo, el policía Herminio, la lastimó y arrebató la vida, así como encontrar una respuesta del porqué.
El féretro fue colocado en la tierra mientras el rezandero hacía su última oración. Luego pidió a los familiares que se acercaran para despedirla.
Los hombres le quitaron los palos y cargaron la caja para meterla en la fosa. Con esta acción los sollozos aumentaron. Las lágrimas afloraron en más de uno de los asistentes. Sus cuatro hijos permanecieron cerca. El más grande, de 11 años le pidió que se levantara, que no se fuera; el segundo, de 10, solo lloró y los dos más pequeños de seis y cuatro, parecieron no saber qué pasaba.
A Arturo Vergara, su marido y padre de sus cuatro hijos, con quien vivió un poco más de 10 y de quien se separó hace 10 meses por violencia familiar, según dijo su familia, también le ganó el sentimiento.
Se hizo acompañar de su hermana para llevar a los niños a despedir a su madre, pues ellos viven en la cabecera municipal de Alcozauca.
Luego de sepultarla, la familia agradeció el acompañamiento. También a la comitiva del Ayuntamiento encabezada por la síndica y regidores, quienes les llevaron un apoyo económico recabado entre los trabajadores.
El padre de Leuteria, don Zacarías, al retirarse del panteón pidió a las autoridades que no dejaran en libertad a su homicida, que le dieran la pena máxima para que no saliera y volviera hacer lo mismo con otra mujer. “Es lo único que pido y si la autoridad quiere ayudar a mis nietos que lo haga, no puedo decir más, tengo mucho dolor”, dijo mientras su voz se quebraba.
La noche había caído, la gente empezó a dejar el panteón, el padre de sus hijos se encaminó con los niños, seguido de su hermana, quien brevemente dijo que en redes sociales se decían muchas cosas.
Confirmó que Leuteria dejó huérfanos a cuatro menores. Que en el mes de marzo cumpliría un año de haberse separado de su hermano, pero que no podía decir que vivió violencia, “solo ellos saben cómo vivieron, ahorita ella ya no está”, dijo.
Comentó que los menores estaban con su papá en su casa en Alcozauca “que mi cuñada dejó, ya va ser un año, quién sabe quién le calentó su cabeza”, remarcó.
Pidió que no se mal informara y que no se hablara de los niños para no afectarlos. Terminó la plática diciendo que se hacía tarde y que debían volver a la cabecera y estaba lejos.
El cuerpo de Leuteria no llegó en carro hasta el pueblo porque un conflicto agrario entre la comunidad de Cuyuxtláhuac y Cruz Fandango mantiene desde hace cuatro meses el cierre del camino donde hicieron zanjas. Aunque Cuyuxtláhuac permitió el paso hasta donde se pudo.