EL-SUR

Sábado 08 de Agosto de 2026

Guerrero, México

Guerrero  

Siguen esperando obras del Plan Nuevo Guerrero damnificados en 2013 que viven a orillas del río Huacapa

El proyecto de reconstrucción original de la Sedatu y la Conagua incluía el encauzamiento de la corriente, tres puentes y casas para todas las familias, pero no se cumplió. Con sus propios recursos, los vecinos construyeron dos puentes vehiculares provisionales y uno peatonal. Desconocen si los trabajos están suspendidos o si el proyecto ya quedó trunco

Zacarías Cervantes

Septiembre 15, 2017

Habitantes de colonias ubicadas en las márgenes del río Huacapa, al norte de Chilpancingo, siguen esperando las obras del Plan Nuevo Guerrero, a cuatro años de la destrucción provocada por la tormenta tropical Manuel y el huracán Ingrid.
En esta zona de la capital, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), del gobierno federal, no encauzaron el río, no construyeron puentes y tampoco entregaron casas a muchas familias damnificadas, como prometieron.
El proyecto original de la Conagua incluía el encauzamiento total del río Huacapa comenzando junto a la presa del Cerrito Rico, para evitar nuevas inundaciones y daños en las viviendas asentadas en las márgenes del caudal.
Asimismo, la Sedatu prometió la reubicación de todas las familias que vivían en las orillas. Además, el proyecto incluía la construcción de tres puentes vehiculares que comunicarían a las colonias del lado oriente del río Huacapa con las del poniente.
Sin embargo, en ésta zona, en donde más daños hubo a la infraestructura urbana durante el paso de Ingrid y Manuel, cuatro años después quedaron inconclusos un kilómetro y medio de encauzamiento del río Huacapa, decenas de familias siguen viviendo en las márgenes del río porque no les dieron casa, y en zona de alto riesgo a pesar de que fueron diagnosticadas con pérdida total de sus viviendas, mientras que a otras que no sufrieron daños sí les dieron nuevas viviendas.
En esta parte de la ciudad, desde la colonia Valle Verde hasta la colonia Asentamiento Jacarandas, ubicada al pie de la presa del Cerrito Rico, en un tramo de un kilómetro y medio quedaron pendientes por construir tres puentes vehiculares que fueron considerados en el proyecto.
En estos lugares, fueron los vecinos quienes con sus propios recursos, construyeron dos puentes vehiculares provisionales y un puentes colgante peatonal para comunicar las colonias del este con las del oeste, y cuatro años después, desconocen si los trabajos del encauzamiento, que incluye la construcción de estos puentes, que están suspendidos desde hace dos años, van a ser terminados o si el proyecto ya quedó trunco.

Viven más de 50 familias todavía en zona de riesgo cerca de la presa Cerrito Rico

En la colonia Asentamiento Jacarandas, la más cercana a la presa del Cerrito Rico, vive una mujer de 70 años, Dolores Dorantes Gallardo, en una casa hecha de pedazos de tabla, cartón, triplay y con techo de lámina de cartón. La ha construido paulatinamente porque el agua se llevó la que tenía antes de las tormentas de 2013. La vivienda que levantó ahora está sobre las ruinas de la anterior, y al borde del encauzamiento.
A lo largo de un kilómetro y medio, en las colonias Valle Verde, Asentamiento Jacarandas, San Carlos, Amate Amarillo y Las Brisas, ubicadas cerca de la presa Cerrito Rico, hay unas 50 familias que viven en casas en similares condiciones. En toda esta franja, desde hace dos años se suspendió la construcción del encauzamiento del río Huacapa, que daría protección a las casas de las orillas.
Doña Dolores dice que desde hace cuatro años vive con el “Jesús en la boca”, siempre pensando en que su casa pudiera ser alcanzada nuevamente por el agua y otra vez arrastrada por la corriente.
Por eso este año, desde que empezaron las lluvias, siempre tiene a la mano en una bolsa de plástico su ropa y sus documentos personales, entre éstos, su acta de nacimiento y su tarjeta del Seguro Popular, por si hay la necesidad de salir de prisa, dice.
Cuenta que sigue viviendo en esta zona porque a pesar de que fue censada por personal de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), e incluso le dieron su número de cédula para que le entregaran una casa en el fraccionamiento El Mirador, no fue beneficiada.
“Aquí sigo viviendo, aunque no duerma en la noche cuando está lloviendo; si veo que sube el agua del río ya tengo mi ropita acomodada y mis papelitos listos para arrancar. Siquiera eso me voy a llevar”, dice mirado la presa que se encuentra a unos 200 metros de su vivienda.
Junto a ella vive su nuera, Inés Jerónimo Alonso, a quien también perdió su casa ante las lluvias de la noche del 14 de septiembre de 2014. A ella también la censó la Sedesol y le dio su número de cédula para que recibiera su casa. Sin embargo, tampoco le dieron y ahora vive en la casa de sus hijos, allí mismo, a orillas del río Huacapa.
Su improvisada vivienda sólo cuanta con tres paredes, la del lado oriente, la del norte y la del sur, del lado poniente, que da al río, está al descubierto, dice que “no tiene caso que la construya, porque de todos modos si vuelve a crecer el río se la va a llevar”.
Inés cuenta que a ella no le dieron casa en El Mirador porque “no anduvo en vueltas”. No fue a las marchas, a las tomas de oficinas y no dio su cooperación a los líderes de la Coordinadora de Colonias y Comunidades Afectadas por el Río Huacapa y sus Afluentes. “Cómo íbamos a dar nuestra cooperación y a andar en el movimiento, si tenemos que trabajar y apenas ganamos para comer”, se queja.
Asegura que cuando comenzó el movimiento preguntaron en la Sedatu si era necesario que estuvieran agrupados y dar su cooperación para que recibieran sus casa, pero les respondieron que no, que si habían sido censadas con pérdida total de sus viviendas, con eso bastaba para que les dieran sus nuevas casas, “pero ahora resulta que no, no nos dieron nada”, dice decepcionada.
Se queja que, en cambio, a los líderes de la Coordinadora, a pesar de que no sufrieron pérdida total de sus casas, si recibieron vivienda en el nuevo fraccionamiento. Uno de ellos, dice que es quién era el presidente de la Coordinadora y entonces presidente del Comité de Desarrollo de la colonia San Rafael Norte, Gumaro Guerrero, “él tiene su buena casota que no le pasó nada en la colonia San Rafael, y, en cambio, le dieron su vivienda en el Mirador”, dice.
La mujer cuenta su tragedia al pie de un paredón de unos 4 metros de alto, junto al río Huacapa. Su casa no tiene salida hacia la calle porque lo que era acceso antes de Ingrid y Manuel, se lo llevó el agua, y ahora tiene que pedirle permiso a su suegra, Dolores, para salir por su corredor hacia la calle.
Atrás de su casa vive su vecina, Jazmín Harrison, y su vivienda está intacta, sin embargo a ella si le dieron una casa en el fraccionamiento El Mirador, porque era una de las “incondicionales” del dirigente de la Coordinadora de Colonias, cuenta decepcionada la mujer.
Julio Rodríguez, vecino de la colonia San Carlos, cuenta que la constructora, desde marzo de 2015 suspendió los trabajos, y tres meses después regresó por su maquinaria y el material que le había sobrado y ya no volvió. Dice que eso les confirma que la obra, definitivamente, ya no va a ser terminada.
En ese tramo quedaron también pendientes de construir tres puentes: el que comunica a la colonia Valle Verde con la San Carlos, y dos más que comunican a la colonia Asentamiento Jacarandas con la San Carlos, Amate Amarillo y Las Brisas.
De la colonia Valle Verde a la San Carlos, los vecinos construyeron un puente peatonal con cables y tablas, en el que, al atravesar, los transeúntes sortean el paso tambaleantes, evitando caer el agua mezclada con las descargas de los drenajes que van a dar al cauce.
Los otros dos puentes son vehiculares, y también improvisados por los vecinos con tubos de drenaje y tierra, aunque sólo les sirve cuando no crece el río, porque cuando el caudal aumenta, evitan el riesgo de atravesarlos.
En toda la zona la maleza ha cubierto el trazo por donde, dicen los vecinos, pasarían los muros de contención para encauzar el agua que baja de la presa Cerrito Rico, y que evitarían daños como los ocurridos en septiembre de 2014.
La obra, junto con los puentes y las viviendas para las familias damnificadas, se supone, constituirían el plan de reconstrucción denominado Nuevo Guerrero, que se puso en marcha después del paso de las tormentas Ingrid y Manuel, y que en esta zona sólo quedó en promesa.
Cuatro años después, la maleza no sólo cubrió los trazos del proyecto, también las promesas el engaño y la corrupción, como se queja Julio Rodríguez, vecino de la colonia San Carlos.