EL-SUR

Jueves 22 de Abril de 2021

Guerrero, México

Guerrero  

Un arrendador de sombrillas en playa Hornos sobrevivió a la crisis por el coronavirus con la ayuda de sus clientes

A Juan Flores Cruz le enviaron dinero en los meses más difíciles de 2020 y le llevaron despensas. Murieron por coronavirus su papá y un tío

Abril 01, 2021

El prestador de servicios en la de playa Tamarindos, Juan Flores, en imagen de ayer Foto: Jesús Trigo

Jacob Morales Antonio

Juan Flores Cruz trabaja rentando toldos, mesas y sillas en playa Hornos, mejor conocida como playa Tamarindos en la bahía de Acapulco. La crisis provocada por la pandemia de Covid-19 la superó con la ayuda de sus clientes predilectos quienes le mandaron dinero y despensas en los meses del cierre total de las playas.
A un año de la llegada del virus al estado, el señor de 64 años de edad, perdió a su papá y a un tío por complicaciones del coronavirus. Lleva 25 años trabajando bajo los rayos del sol, de lunes a domingos. Así sacó adelante a su único hijo quien también se dedicó a la atención a los turistas, pero en Cancún.
Don Juan va y viene, va y viene, de la orilla de la playa a la zona donde tiene junto con otros dos compañeros una carpa, las mesas y sillas que no se utilizan por las restricciones impuestas a la actividad en playas a 30 por ciento de la capacidad que tienen.
Es el caminar diario. Ofrece sillas y camastros a los visitantes, y una vez instalados les ofrece el menú de los restaurantes aledaños, y de la venta se lleva un porcentaje.
Reflejando una mirada esperanzadora el señor confía en que en esta Semana Santa se pueda recuperar de la crisis que pasó junto a sus compañeros que trabajan en las playas del puerto.
Antes de la pandemia, en la playa él montaba hasta 15 toldos y 25 sombrillas para recibir a los visitantes, ayer sólo se instalaron 10 sombrillas y cuatro toldos. “Eso nos ha mermado en la economía, la gente no se siente a gusto como antes”.
Un día como ayer en 2019 desde las 7 de la mañana ya tenía sombrillas rentadas, ayer a la 12 del día apenas comenzaba a atender a tres familias en igual número de toldos. A pesar de la crisis los precios de renta de los muebles no subieron, y se mantiene en 100 pesos las sombrillas que incluye una mesa, y cuatro sillas, y en 150 pesos el toldo que además incluye un camastro.
La pandemia mermó sus ingresos, pero sus clientes predilectos, que lleva años en atender y que le tienen aprecio no lo dejaron solo. Durante los meses más difíciles de 2020, a don Juan le mandaron dinero y le regalaron despensas. Así sobrevivió con su esposa y su nieto.
“Estoy muy agradecido con ellos. Nos marcaban por teléfono para preguntarnos cómo estábamos, y nos preguntaban qué necesitábamos”. Algunos le mandaron dinero, otros llegaban con despensas.
El señor reclamó que por parte del gobierno federal, del estado y del municipio no recibió un gramo de arena de ayuda, “ellos dicen lo que les conviene, a nosotros no nos han dado nada”.
Pero la crisis también alcanzó a los visitantes, porque son pocos los que le piden de comer del menú que entrega de los restaurantes. Dice que la mayoría de los vacacionistas prefiere ir a los super o las tiendas de conveniencia a comprar productos para preparar de comer y no gastar tanto.
A pesar de las restricciones, y el miedo de las familias a salir de vacaciones por el virus, confió en que en estos días de Semana Santa le vaya mejor junto a sus compañeros, porque en 2019 desde el Domingo de Ramos ya había muchos turistas.
En la playa de esa zona de la bahía, a la par de los músicos que buscaban deleitar a las familias vacacionistas, un grupo de militares realizaba recorridos exhortando a visitantes y porteños a usar el cubrebocas; con la ayuda de un altavoz reproducían un audio de las medidas sanitarias por la contingencia.
Seis militares que caminaban con sus armas, y su uniforme se imponían ante las personas que de inmediato se ponían el cubrebocas a la primera solicitud que les hacían, pero una vez que éstos avanzaban, las personas volvían a guardar la mascarilla.