EL-SUR

Miércoles 12 de Agosto de 2026

Guerrero, México

Guerrero  

Ya no quieren estar en sus pueblos pero no tienen a dónde ir, dicen desplazados de Chilapa

Regresa a Xicotlán un grupo de más de 100 víctimas de la violencia (118 según el gobierno federal), luego de que las autoridades federales y estatales les prometieron seguridad y paz

Mayo 15, 2026

Una mujer desplazada por la violencia que ayer regresó a su pueblo, Xicotlán, del municipio de Chilapa de Álvarez, alimenta a sus animales que quedaron abandonados Foto:?Alina Navarrete Fernández

Alina Navarrete Fernández

Xicotlán, Chilapa

La violencia provocó que la gente ya no quiera estar en sus pueblos, “la verdad ya no queremos vivir aquí, pero no tenemos a dónde ir”, dijo una pobladora de Xicotlán, municipio de Chilapa, del grupo de 118 habitantes según el gobierno federal, que regresaron a la comunidad, luego de que las autoridades federales y estatales les prometieron seguridad y paz.
El miércoles la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo anunció que habrá presencia permanente del gobierno federal en Chilapa; mientras que la gobernadora Evelyn Salgado Pineda y la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez Velázquez visitaron las comunidades de Alcozacán y Coatzingo, donde se comprometieron a garantizar la seguridad y fortalecer la paz.
Aunado a la promesa de las autoridades, ayer, personal de la Secretaría del Bienestar, la Secretaría de Gobernación y el gobierno del estado visitaron nuevamente Coatzingo, donde se encontraban refugiados pobladores de Xicotlán, a quienes trasladaron en camionetas Urvan oficiales de regreso a su localidad.
Los pobladores llegaron a las 11:30 de la mañana a la cancha de Xicotlán ubicada a espaldas de una sede de la Secretaría del Bienestar en la carretera federal, escoltados por soldados del Ejército, la Guardia Nacional y la Policía Estatal.
A pesar de que durante todos estos días vecinos de las comunidades desplazadas y el Consejo Indígena y Popular de Guerrero-Emiliano Zapata (Cipog-EZ) insistieron en que fueron Los Ardillos los que atacaron a la localidad de Tula desde Coatzingo, algunos pobladores de Xicotlán dijeron que abandonaron sus hogares porque fueron atacados por Los Tlacos, el grupo delictivo rival.
Uno de los habitantes, quien se reservó su identidad, dijo que Los Tlacos y el Cipog-EZ son, “los mismos criminales”, que los ataques armados en Xicotlán iniciaron porque los pobladores se negaron a sumarse a la Policía Comunitaria de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias de los Pueblos Fundadores.
Indicó que se negaron a sumarse porque no coinciden con las prácticas de la organización que también comete crímenes, al igual que Los Ardillos, y por ello fueron agredidos.
Otra vecina, quien también pidió reservar su identidad, abundó que el Cipog-EZ convocó a los hombres a sumarse a la Policía Comunitaria, pero la realidad es que pretendían obligarlos. Como madre de familia le pidió a su esposo que no accediera, debido a que, si algo le llegara a pasar, nadie más responderá por ella y sus hijos.
Esta es la primera vez en más de una semana que pobladores de Xicotlán dan esa versión que coincide con las declaraciones del titular de la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, quien en la conferencia de la presidenta Claudia Sheinbaum el martes pasado, dijo que “aparte de que hay población que no tiene nada qué ver” con la delincuencia organizada, la violencia “sí se deriva de dos grupos criminales, que son Los Ardillos y Los Tlacos”.

Resguardo policiaco, sí; comida y atención médica, no

Los vecinos regresaron a sus casas poco a poco, con cautela, pero sobre todo con miedo.
Francisco Tlalcorral Ocotlán se refugió los últimos días en Coatzingo, pero su esposa y sus dos hijos fueron los primeros en salir de Xicotlán y llegaron a Alcozacán. Luego de que personal de gobierno le informó que ya era seguro volver a su casa, Francisco se trasladó primero a Alcozacán, donde se reencontró con su familia.
Después volvió a Xicotlán para asegurarse de que no hubiera ningún sicario en su casa. Abrió uno a uno los cuartos que dejó cerrados con candados y los encontró vacíos, tal como los dejó. Sus hijos y esposa “no quisieron venir, están teniendo miedo… ya ahorita les voy a avisar que no hay nadie y entonces pueden venir”.

Familias desplazadas por la violencia en su regreso a la comunidad de Xicotlán, municipio de Chilapa, a donde las reinstalaron los gobiernos federal y del estado Foto:?Alina Navarrete Fernández

Relató, “salimos por el miedo, no porque queríamos, teníamos que salir, hasta ahorita que pudimos regresar, los animalitos no comen, no toman agua”; le preocupaba que a alguna de sus gallinas, guajolotes o cerdos “les hubiera tocado la desgracia”, de morir por una bala perdida.
A pesar de la presencia de militares y policías, para Francisco todavía hay desconfianza y miedo. La incertidumbre es latente, por eso “le pedimos al gobierno que nos ayude, nosotros cómo le vamos a hacer, ya llegamos y si ya nos vieron otra vez van a empezar a tirarnos, vamos a tener que volver a correr”.
Mientras Francisco revisaba su casa, su hermana María Octaviana también llegó a la suya, pero antes de constatar que no hubiera nadie lo primero que hizo fue alimentar a sus animales, perros, gallinas, pollos, guajolotes y cerdos que llevaban tres días sin agua ni comida.
“Es miedo lo que pasa”, expresó al tiempo que repartía masa para los animales que se paseaban entre sus pies de un lado a otro. María Octaviana recordó que antes de abandonar su casa para refugiarse dormía sentada con el temor de que, en cualquier momento las balas atravesaran su hogar.
Contó que cuando decidió huir convenció a Francisco de irse juntos, pero de otro hermano, Bernardo, no saben nada todavía, no han podido localizarlo, le llaman a su celular y no contesta. Con la presencia de los uniformados, María Octaviana volvió a Xicotlán para “ver mi casita cómo está, llegué a mi casa, gracias a Dios, pero qué voy a hacer, Diosito que me cuide”.
A las 2 de la tarde trabajadores de la Secretaría de Bienestar llegaron a la casa de María Octaviana para hacer un registro de cuántas personas se encontraban ahí y constatar que se reinstalaron.
En tanto que, en la cancha, personal de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas y la Secretaría del Bienestar también dialogaron con otros pobladores, hicieron un registro de las personas que regresaron, así como de personas que no han sido localizadas por sus familiares, como es el caso de los hermanos Tlalcorral Ocotlán.
A la cancha llegaron más cobijas y colchonetas, también una ambulancia del gobierno del estado a la que una madre de familia llevó a su hijo de dos años
para ser atendido porque tenía fiebre, pero los paramédicos no llevaban ningún medicamento; le indicaron que el pequeño podría tener una infección estomacal y le dieron recomendaciones, nada más.
La madre optó por un remedio casero, tomate verde con aceite rosado para bajarle la fiebre a su hijo y permaneció en la cancha, junto con otras familias, porque se les informó que llegarían más refugiados, sin embargo, hasta las 4 de la tarde no llegó nadie más.
A pesar de que las autoridades ya sabían que en Xicotlán no hay ninguna tienda abierta y los refugiados llegaron a sus casas, donde ya no tenían comida, tampoco se instaló ningún comedor comunitario.
“Vamos a comer sopa”, exclamó una niña, emocionada y dando brincos de felicidad, al ver a policías estatales calentando agua en las oficinas de la Secretaría del Bienestar y sí, los oficiales prepararon comida, pero sólo para ellos.
En Xicotlán algunas mujeres se dedican a tejer a mano adornos para bolsas y carteras, estos bordados típicos, que en la capital llegan a costar entre 100 y 150 pesos, a ellas los acaparadores se los pagan en apenas 40 pesos, de esto y de sus siembras es de lo que viven.

Las escuelas permanecen cerradas

Xicotlán cuenta con el Centro de Educación Preescolar Vicente Guerrero, la primaria Francisco I. Madero y la Telesecundaria Albert Einstein, las tres escuelas se encuentran alrededor de la cancha donde se concentraron los pobladores que regresaron ayer.
De acuerdo con los vecinos, los planteles llevan más de una semana cerrados, los alumnos no han tenido clases y los maestros no se han comunicado, no han podido acudir por la situación de inseguridad en la zona.
Mientras las autoridades educativas ajustaban el calendario escolar y luego se retractaron, en Xicotlán, al igual que en las otras comunidades bajo asedio del crimen organizado, las clases ya se habían suspendido y aún no hay una fecha determinada para que se reanuden.