El escritor Juan Sánchez Andraka también recibió Honoris Causa, mientras que los luchadores sociales Raúl Florencio Lugo, Juan Chávez y Armando Otto Gaytán, y las luchadoras Alma Gómez y Laura Elena Gaytán son galardonados con la presea Rosalío Wences Reza
Noviembre 30, 2024

Alina Navarrete Fernández
Chilpancingo
La Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) otorgó el grado de Doctorado Honoris Causa Post Mortem a la activista María del Rosario Ibarra de la Garza y al escritor guerrerense José Agustín Ramírez Gómez.
En una sesión solemne del Consejo Universitario, que se realizó este viernes en el auditorio de la Rectoría, el escritor guerrerense Juan Sánchez Andraka también recibió el Doctorado Honoris Causa, mientras que los luchadores sociales Raúl Florencio Lugo Hernández, Juan Chávez de la Rocha y Armando Otto Gaytán Saldívar, y las luchadoras Alma Gómez Caballero y Laura Elena Gaytán Saldívar fueron galardonados con la presea Rosalío Wences Reza.
La sesión estaba programada a las 10 de la mañana, pero inició una hora después, con la asistencia de 136 consejeros, mayoría especial, y fue presidida por el rector Javier Saldaña Almazán.
En su intervención, el rector dijo que los reconocimientos fueron entregados a los ocho galardonados “en razón a sus méritos relevantes”.
Destacó que “todos hemos conocido a doña Rosario Ibarra de Piedra, sin embargo, es De la Garza”, contó que el jueves vio una publicación de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en la cual nombró a tres personajes: Benito Juárez, Josefa Ortiz “pero no de Domínguez y también tenía a Margarita Maza Parada, es su apellido, hay que reivindicar”.
Señaló que “reivindicando el nombre y la igualdad de las mujeres”, la UAG entregó el reconocimiento a Rosario Ibarra de la Garza, omitiendo el apellido de su esposo, Jesús Piedra Rosales.
También destacó que la UAG “fuimos la primera universidad que apoyó a la presidenta (Claudia Sheinbaum) en su precampaña, porque a la campaña hay muchos que se suben”.
Fue la presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), Rosario Piedra Ibarra, hija de Rosario Ibarra de la Garza, quien recibió el título de la reconocida activista.
Ante la presidenta de la CNDH, el rector puntualizó que el gobierno de la UAG se conforma 50 por ciento por mujeres, “antes éramos un patriarcado, puros hombres, hoy hay más mujeres en las escuelas, lamentablemente, que hombres y debería ser igual porque muchos jóvenes están en actividades no apropiadas de su juventud”.
En representación de Juan Chávez, la activista Martha Obeso Cázares, viuda de Armando Chavarría, recibió la presea. El rector reconoció al perredista asesinado como “un auténtico luchador social”.
Javier Saldaña también reconoció a los luchadores sociales Pablo Sandoval Cruz, Arturo Miranda, “que estuvo con Genaro Vázquez” y a Rogelio Ortega Martínez, quien “estuvo con Lucio Cabañas en mi pueblo, gobernador y universitario”.
En su intervención, la presidenta de la CNDH expresó: “Estoy muy emocionada, la emoción me embarga, porque confluyen en esta fecha luchas de todo el país, las que surgieron aquí en Guerrero con Genaro Vázquez, con Lucio Cabañas, y las que surgieron en el norte del país, en Nuevo León, el estado del que es mi hermano, mi familia”.
“Aunque mi madre nació en Coahuila, su residencia definitiva la tuvo en Monterrey, Nuevo León, al lado de otro gran luchador social que fue mi padre, el doctor Jesús Piedra Rosales”.
Recordó la lucha que inició después de la desaparición forzada de su hermano, Jesús Piedra Ibarra, a manos de la Dirección Federal de Seguridad, su titular Miguel Nazar Haro y el capitán Luis de la Barreda Moreno, “eso es algo que está ya detallado y que no debemos olvidar para que esos tiempos terribles no regresen”.
Puntualizó que “el largo peregrinar por los laberintos de la represión, de la impunidad y de la represión que existía en este país”, comenzó cuando se confirmó la desaparición de su hermano, en ese entonces su madre estuvo sola hasta que logró contactarse con otras familias que habían pasado por lo mismo.
Contó que el Comité Eureka nació en abril de 1977 en Monterrey, por la liberación de los presos políticos, los perseguidos, los exiliados y los desaparecidos, “que en aquel entonces no sabíamos cómo llamarles porque no existía todavía, no se había acuñado ese término de desaparición forzada”.
Manifestó que su madre luchó por los derechos humanos y propició leyes que dieran cuenta de que “esta violación (la desaparición) de lesa humanidad estaba ocurriendo en nuestro país”.
Señaló que en esa época se sabía de desapariciones en Chile, Argentina, Nicaragua, Uruguay, entre otros países de Latinoamérica donde había regímenes militares, mientras que en México gobernaba Luis Echeverría Álvarez, quien dio asilo a los perseguidos políticos, “eso era lo paradójico”.