En el asentamiento se encuentra una fortificación construida en el siglo XVII simultáneamente al Fuerte de San Diego, para el depósito y almacenamiento de pólvora y municiones, hoy convertida en un centro cultural gracias a un puñado de artistas y vecinos
Marzo 31, 2025


Ramón Gracida Gómez
La colonia La Mira está ubicada cerca del Zócalo de Acapulco, pero no es considerada un barrio histórico; tiene una edificación militar del siglo XVII, pero ésta fue olvidada oficialmente hasta que la recuperó un colectivo cultural en los últimos años y ahora es habitada por varios artistas; es popularmente conocida como un asentamiento “bravo” y tiene una vista panorámica de toda la bahía, pero no ha sido incluida dentro de los planes turísticos del municipio.
El cerro de La Mira, tomado el 13 de septiembre de 1963 por pobladores y migrantes de bajos recursos en busca de construir una vivienda, es escenario de batallas históricas de las épocas de la Independencia y la Invasión Francesa, de resistencias populares a los desalojos, de bellos atardeceres que atraparon a un multimillonario y de balaceras por la narcoviolencia.
Motivado por los anuncios de la reconstrucción de Acapulco y de la recuperación del centro histórico, El Sur recorrió el sábado pasado algunas partes de la colonia con la guía del artista plástico Miguel Ángel Sotelo, avecindado en la colonia prácticamente toda su vida, y uno de los integrantes del colectivo Mira Cultura, que convirtió El Fortín Álvarez en un centro cultural.
Desde 2017 se han hecho diversos talleres, proyecciones y exposiciones en el la fortificación construida en el siglo XVII simultáneamente al Fuerte de San Diego para el depósito y almacenamiento de pólvora y municiones.
Durante su asedio a Acapulco entre el 6 de abril de 1811 al 21 de agosto de 1813 en la guerra de Independencia, el general José María Morelos y Pavón tomó el polvorín de La Mira “para cortar el suministro de pólvora al ejército realista que estaba atrincherado en el Fuerte de San Diego”, indica vicepresidente de la región 5 del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), Manuel Ignacio Ruz Vargas, en el texto El Fortín Álvarez baluarte cultural en La Mira.
Tras el lanzamiento del Plan de Ayutla, Antonio López de Santa Anna envió tropas el 20 de abril de 1854 para atacar los cuatro fortines que había en Acapulco, el fortín fue defendido por Juan N. Álvarez, cuyo hijo Diego Álvarez volvería a defender durante los ataques del 10 a 12 de enero de 1863 en la Invasión Francesa.
Pero Sotelo recordó que cuando era niño sólo quedaban ruinas del Fortín Álvarez que nadie les hacía caso; la familia del futuro pintor proveniente de Nuxco, Tecpan, se asentó no muy lejos del sitio histórico un año después de la primera toma del cerro en 1963 por parte de migrantes que llegaban a Acapulco en busca de empleo y educación para sus hijos en pleno auge del municipio como como centro turístico.
Hal Braxton Hayes, el Gringo loco de La Mira
Gran parte del cerro era propiedad de Hal Braxton Hayes, quien había comenzado a construir años antes una torre de piedra y había urbanizado los alrededores con calles pavimentadas y servicios públicos básicos.
De acuerdo con la página de Internet con su mismo nombre, Braxton Hayes, nacido en 1911 en Carolina del Norte, Estados Unidos, llegó a México en 1960 después de hacerse rico con el abaratamiento de la construcción de casas en el periodo de crisis económica de la Gran Depresión de 1929, por lo que ganó el mote de El Ford de la Construcción; en la Segunda Guerra Mundial, desarrolló prototipos de embarcaciones navales de acero; y en la carrera nuclear de los años siguientes ofreció viviendas a pruebas de bombas.
En 1961, el Ayuntamiento de Acapulco suspendió la obra de la torre que sería un “club internacional”, argumentando que era insegura a los temblores, precisa el cronista Anituy Rebolledo Ayerdi en un texto publicado por este periódico en 2004, el edificio fue reconvertido por el “gringo loco” como una obra de arte en sí.
La entrevista del programa estadunidense Lifestyles of the Rich and Famous, dedicado a enseñar las extravagancias de la élite mundial, muestra un auto colgado a orilla del acantilado en el que está la torre de piedra y varias de las esculturas que adornaron el edificio, una de ellas actualmente tirada en un patio colindante.
De aquella época sobreviven también varias viviendas construidas cuando se pretendió convertir la zona en un fraccionamiento, pero los vecinos resistieron al intento de desalojarlos, “todos en la misma condición económica, o sea, todos teníamos la misma necesidad de techo y eso nos hermanaba”, dice Sotelo, arquitecto de profesión.
Con una vista total hacia el fraccionamiento Las Playas, dijo que “La Mira es un lugar de migrantes de las regiones de Guerrero y de Oaxaca y de gente pobre, la gente que llegó allá a las Américas y a Flamingos, es gente que tenía un capital, compró y construyó su residencia, nosotros llegamos sin nada, ésa es la diferencia, nos ha costado más trabajo”.
La colonia es un lugar “poliétnico porque aquí vivimos blancos, negros, pueblos originarios y también gente de origen filipino, entonces tenemos una mezcla riquísima de gente, aquí nadie se aburre, nadie se parece a nadie, todos somos diferentes y en nuestras diferencias coincidimos”.
El hombre de 65 años dijo que la recuperación del Fortín Álvarez “nos unió porque gente que yo no conocía, la conocí ahí, gente que no me conocía, me conoció ahí y siendo que yo he vivido toda la vida aquí, entonces hicimos contacto una célula con otra célula, y dos células juntas se reconstruyen, y cada uno de nosotros somos una célula”.
Más allá del dinero que el gobierno federal entregó por el huracán Otis, plantea el actor y director de teatro, “se necesita conciencia y trabajar sobre las conciencias y yo creo que las culturas y las artes nos pueden ayudar”.
“Yo creo que reconstruyendo el tejido social es más fácil reconstruir el techo, yo creo que aquí necesitamos atención, a veces hasta una visita como la de ustedes y nosotros nos ponemos hacer las cosas”.
Resaltó que La Mira es una colonia de artistas, entre ellos la actriz y dramaturga Miriam Orba, los poetas Toño Salinas y Ángel Carlos Sánchez, y otro pintor de nombre Abraham, “el paisaje fue el que nos formó, el paisaje forma, si yo vivo en un desierto y soy una serpiente, soy agresivo, pero si yo tengo un paisaje hermoso, son otras condiciones que me vuelven agresivo, no el paisaje”.
Otro de los artistas avecindados en La Mira desde hace algunas décadas es el escultor Jorge Alfaro, quien externó su amor por el asentamiento a pesar de la violencia que “nos ha golpeado durísimo”.
Uno de los episodios más álgidos del historial de la colonia es el enfrentamiento de tres días en abril de 2019 entre dos grupos criminales y que tuvo un saldo oficial de cuatro muertos y una docena de detenidos, pero días después aparecieron algunos cuerpos en los acantilados de la colonia.
El también integrante de Mira Cultura, grupo formado a partir de un taller de la Fundación Artesa, dijo que los promotores culturales tienen la obligación de destacar la historia del Fortín Álvarez y utilizarlo porque ya había sido intervenido con recursos públicos en los últimos años de la primera década de los 2000 que se construyó una cancha y un grupo ciudadano ya había intentado rescatarlo antes del colectivo de artistas, pero fue otra vez abandonado y vandalizado.
El año pasado, el centro cultural tuvo una remodelación tras los daños provocados por el huracán Otis, pero hace falta instalar sanitarios y bodega para las actividades; los vecinos de la colonia popular de calles y callejones laberínticos no tienen otro espacio de reunión y esparcimiento más que un kiosco ubicado cerca de la Escuela Primaria Niños Héroes de Chapultepec y el Centro de Desarrollo Comunitario, “pero que tiene poco apoyo, tiene pocas actividades”, señaló Alfaro.
Bajo la sombra de un jacalito a un costado de la Casa del Vigía, parte del sistema militar del Fortín Álvarez que ha sido, no, obstante remodelada para convertirla en una casa-habitación, llamó a voltear a ver “hacia La Mira, está como muy abandonada, estamos a 300 metros del centro si lo ves desde el mapa… es gente muy valiente, pero que por la misma necesidad de buscar dónde vivir, generó conflictos sociales, obviamente había rencillas entre grupos de colonos y eso ha hecho que sea un barrio bravo, pero no es gente mala”.
El miércoles pasado, el gobierno municipal llevó a cabo el Foro de Consulta Pública del Plan Parcial de Desarrollo Urbano del Centro Histórico, y otra de las integrantes de Mira Cultura, Gloria Bracho Ayala, pidió que la colonia formara parte del polígono central haciendo un corredor turístico que la conecte con La Quebrada porque tiene sitios históricos, pero hay un tabú por tener altos niveles delictivos.