Sus demandas son agua, despensas y turistas. El Brisas del Mar reabrió a 11 días del huracán pero sólo había recibido a tres familias de visitates
Noviembre 07, 2023

Ramón Gracida Gómez
El restaurante Brisas del Mar, en Barra Vieja, reabrió el viernes pasado y sólo han llegado tres familias de turistas que vinieron a ver cómo quedaron sus propiedades.
El delegado del poblado de Barra Vieja, Nicolás González Morales, informó que los 50 restaurantes de la franja están dañados y 10 ya abrieron sus instalaciones.
Brisas del Mar es de los últimos negocios de playa de la carretera de Barra Vieja, a unos 150 metros se encuentra el puente que cruza el río Papagayo. Fue inaugurado en 1977 y su dueño, Valentín Palacios González, aseguró que nunca había vivido un fenómeno natural de esta magnitud de devastación, “éste es el más fuerte”.
Indicó que el huracán Otis “tumbó palmeras, se le quitó todo el techo a las casas, las láminas las voló, también los árboles que daban sombra, mucha frescura, nos protegíamos de los intensos rayos de sol”.
Celebró que este lunes los pobladores estuvieran “recibiendo con muchas ganas” los enseres domésticos que empezó a entregar este día la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) porque a muchos se les dañaron sus refrigeradores, sus colchones, “todo se mojó”.
Sin embargo, destacó, el huracán Otis golpeó sobre todo en términos económicos porque “la mayoría vivimos del turismo y con este fenómeno pues tan fuerte que pasó este año, deja desamparado a Acapulco, pero también a Barra Vieja donde vivimos nosotros”.
El también representante de la organización de Restauranteros de Barra Vieja pidió agua, despensas y turismo “y se necesita el apoyo del gobierno, sabemos que no es fácil”.
El apoyo, enfatizó, debe de provenir de los tres niveles de gobierno “para que sea más fácil, para que sean más rápido las cosas y para que se vea que el gobierno apoya a su pueblo, quiere a su gente en momentos difíciles como éste”.
El viernes pasado, los dueños de Brisas del Mar decidieron realizar la reapertura de las instalaciones porque “como vivimos de esto, estamos esperando a la gente y tenemos abierto porque no nos tumbó esta cabaña y la otra”, explicó Valentín Palacios debajo de una de éstas, que tiene una altura alrededor de 10 metros.
“Pero en la playa destruyó todo, las enramadas. Las mesas están enterradas por la arena y las palmeras aún están atravesadas”, enfatizó. Han recibido una familia por día desde el viernes.
Valentín Palacios expuso: “sufrimos daños, pero la necesidad nos hace que nos pongamos de pie y que echemos todos los kilos porque es necesario. Qué vamos a esperar? Nosotros nos debemos de poner de pie y así deben de hacer todos los compañeros”.
“No es esperar a que el gobierno venga y nos limpie”, dijo Valentina Palacios, hija de Valentín, y que estaba sentada a un lado de su padre en su silla de plástico. No había nadie alrededor más que otros tres familiares al fondo del restaurante. La alberca se veía limpia y fresca frente al calor de la tarde de este lunes.
Más de 20 familiares que dependen del negocio limpiaron las instalaciones. No tienen ahora trabajadores externos porque “se fueron a otro lado, donde les están dando empleo temporal y nosotros les decimos que sí porque ellos son los grandes empresarios, como Chedraui”, explicó Valentín Palacios.
Consiguieron una planta generadora para hacer funcionar los refrigeradores y guardar los pescados y los mariscos que venden, compartió su hija. Todavía no llega la energía eléctrica a Barra Vieja.
El delegado del poblado de Barra Vieja, Nicolás González Morales, informó que son entre 40 y 50 restaurantes que se encuentran en Barra Vieja, y “están destruidos. Hay restaurantes que no tienen ni para darle servicio a los clientes ahorita que vienen”.
“Afortunadamente hay algunos que les dejó una palapita por ahí y poquito, uno o dos clientesitos que están llegando ahorita, ya les están dando servicio”, mencionó ayer mientras soldados entregaban los enseres domésticos en el poblado.
El delegado expuso que son unos 10 restaurantes que son visitados “por turistas que tienen casas aquí en Acapulco y que vienen a ver cómo están sus propiedades y de allí se pasan a comerse un pescadito para apoyar la economía de Acapulco, que ahorita la economía está por los suelos”.