Reconocen sus organizadores que las nuevas generaciones han perdido in-terés en la representación
Abril 04, 2026

Ramón Gracida Gómez
El poblado Kilómetro 30 del Acapulco rural, celebró la puesta en escena número 60 de la Pasión de Cristo, una de las representaciones más realistas del estado que, sin embargo, los jóvenes pobladores ya no muestran el interés de antes, señalaron sus organizadores.
La tradición que comenzó en 1967 continuó este año con una amplia escenografía de fachadas romanas y un viacrucis en el que los actores que representaron a los reos y a Jesucristo experimentaron los duros golpes de los látigos en sus espaldas propinados por sus compañeros caracterizados como soldados.
Jesús fue interpretado por segunda ocasión por José Manuel Torres Reyes, un maestro de educación física de 28 años que expresó en declaraciones a El Sur que este papel “es una gran responsabilidad, sobre todo por lo que esta representación significa para nuestro pueblo”.
Es “la devoción que tiene la gente y nosotros retribuirle ese acompañamiento que tiene”, mencionó minutos antes del inicio de la obra en el corral de toros de la comunidad en la que se llegaron a congregar unos mil habitantes, una gran parte de ellos sentados alrededor de la plaza, pero muchos otros espectadores de pie.
José, maquillado por la joven que representó a Claudia Prócula, la esposa del prefecto romano Poncio Pilato, fue elegido en enero pasado para ser Jesucristo, un trimestre de preparación, sobre todo, psicológica.
“Más allá de lo físico, hay que estar convencidos totalmente de querer representar este papel; obviamente se acompaña con ejercicio físico, y sobre todo, la parte espiritual”.
Aceptó que los golpes, dolorosos enfatizó, en la puesta en escena generan “morbo” en el público que acude a ver la Pasión de Cristo del Kilómetro 30, poblado que parecía quedar vacío a las 2 de la tarde porque los pocos vecinos que no estaban en el evento religioso cuidaban sus pequeños establecimientos de comida.
José, de rostro sereno durante las casi 3 horas de presentación en las que el sol estaba radiante, fue arrastrado y golpeado por los soldados, uno de ellos era César Josué Rubio Alarcón, organizador de la Pasión de Cristo de este año.
En relación al origen de la tradición, César Josué dijo que la población de la comunidad Kilómetro 30 “se ha caracterizado por ser respetuoso de sus usos y costumbres, somos la mayoría de la religión católica, es la educación que hemos recibido de nuestros padres, de nuestros ancestros”.
“La idea surge del profesor Jesús Nava Rodríguez, en ese momento, 1967, lanza una convocatoria a los jóvenes de aquel tiempo, la cual fue recibida de manera razonable, entonces se llevó a cabo la primera edición”.
Además, argumentó el promotor sobre el por qué de esta tradición en el Kilómetro 30, esta localidad representa una “capital” del Acapulco rural, “entonces tenemos la obligación de ser respetuosos de nuestras costumbres y tradiciones.
Por esta razón, la participación dentro del montaje de la obra está abierta a cualquier vecino de otras localidades, incluso de la zona urbana de Acapulco, como fue el caso de la participación este año de un grupo de danza árabe.
Este año formaron parte de la presentación 60 personas, la mayoría menores de 30 años, entre ellos numerosos niños, que representaron al pueblo instigador de la crucifixión de Jesucristo, los soldados y los personajes principales, entre ellos Herodes Antipas y su hijastra Salomé, quienes protagonizaron el diálogo de la decapitación de Juan El Bautista.
Los papeles de la Pasión de Cristo son elegidos mediante un casting por antiguos actores, los seleccionados son “personas de buen comportamiento, que no traigan tatuaje, que no traigan piercing, que no se les conozca por ser una persona problemática, que sea una persona de buen vivir”, explicó el promotor.
Desde su perspectiva, el objetivo de organizar la realizar de la Pasión de Cristo es “el rescate de nuestros jóvenes de la revolución tecnológica que estamos viviendo, la verdad anteriormente éramos 150, 160 actores, ha ido mermando”.
“Los jóvenes han mostrado desinterés, pero ese desinterés no es de ellos, ellos tienen las ganas, la capacidad, el talento, la garra de hacer las cosas”, dijo y planteó que la responsabilidad es de los adultos.
Destacó el esfuerzo físico que intentan impregnar en la puesta en escena de la agonía y la muerte de Jesucristo, como lo relata la tradición católica, “si algo representa al Kilómetro 30 en esta presentación es el realismo, es el drama, eso no lo va a encontrar en ninguna presentación, incluso en las más grandes”.
A un costado de Óscar Josué, los jóvenes que personificaron a los reos crucificados junto con Jesucristo eran manchados con pintura roja en sus espaldas para simular la sangre, una pintura que resultó un aspecto menor frente a las marcas que los azotes les dejaron.
Barrabás incluso recibió la recomendación de colocarse encima una gasa después de acabar su papel por la herida que le dejaron los golpes que recibió de algunos soldados romanos.
Además de los golpes, el realismo de la presentación del Kilómetro 30 también se expresó en las lágrimas de Judas y María, el primero huyendo corriendo mientras el público, siempre requerido por los organizadores de despejar el camino por donde entraban y salían los actores del corral de toros, lo observaba asombrado.
Los cientos de asistentes, algunos de ellos con cerveza en mano, siguieron de cerca el viacrucis de medio kilómetro de distancia en la carretera federal México-Acapulco, extensas cuerdas colocadas en los extremos del camino dividieron la escenografía del público.