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Entre flores y comida se rompe el silencio en el cementerio de Las Cruces en la visita a niños difuntos

El panteón de Las Cruces se volvió ayer un mercado, no para los muertos sino para los vivos que fueron a visitar a sus difuntos. Poco a poco, las flores de cempaxúchitl y el amarrillo de sus pétalos comenzaron a colorear las bóvedas. Desde las 7 de la mañana comenzaron a llegar las familias y … Continúa leyendo Entre flores y comida se rompe el silencio en el cementerio de Las Cruces en la visita a niños difuntos

Jacob Morales Antonio

Noviembre 02, 2017

El panteón de Las Cruces se volvió ayer un mercado, no para los muertos sino para los vivos que fueron a visitar a sus difuntos.
Poco a poco, las flores de cempaxúchitl y el amarrillo de sus pétalos comenzaron a colorear las bóvedas.
Desde las 7 de la mañana comenzaron a llegar las familias y a la misma hora poco a poco el panteón fue cobrando vida, porque la mayor parte del año permanece en calma y en un silencio absoluto.
En la entrada se instalaron puestos de comida con olores irresistibles: como el del bolillo con relleno de puerco o pollo, de las enchiladas rojas, tamales rojos y verdes y hasta mole, que no eran precisamente para los difuntos sino para quienes llegaban de visita.
Adentro del cementerio, en los pasillos nada era diferente: puestos de tacos de canasta, tortas o hot cakes y licuados. Además de cocos fríos, chilate, helados, nieves y dulces.
Algunos de los vendedores indicaron que la administración del panteón les cobró de 50 a 200 pesos para vender, y otros señalaron que aún no pasaban a cobrarles.
Entre tanta comida y vendedores, las familias y los suyos. Algunos limpiaban las bóvedas, otros las pintaban y les colocaban ramos de cempaxúchitl.
A las 11 de la mañana, el señor Diego Cruz Salgado y su esposa había terminado de limpiar la tumba de su sobrino, quien falleció de 8 años de edad, luego de caerle una barda encima.
Los tíos del niño fueron ayer porque es el día que se le dedica a los niños. Luego de lavar la tumba, colocaron flores.
Otras familias llevaron globos y algunos peluches para recordar a sus hijos y sobrinos que murieron siendo niños.
Para quienes visitaron el panteón ayer, los pasillos lucían limpios. Era poca la basura aglomerada en los pasillos a pesar de que más y más familias seguían limpiando las lápidas y cortando matorrales o sacando flores secas.
En los pasillos también se oía la música de aquellos que se rentaban por 40 pesos para cantarles a los difuntos su canción favorita.
Además, niños que por 10 pesos se ofrecían para acarrear cubetas de agua.
El dolor para las madres cuyo hijos murieron antes que ellas es indescriptible, indicó doña Rosa Escorcia Castro.
Explicó que acudió a llevar flores a la tumba de su abuelo, su mamá, su papá y a uno de sus hijos, y de sus ojos brotaron las lágrimas.
Rosa, de 66 años, indicó que va al panteón para recordar los momentos que vivieron juntos. “Venimos por ellos para llevarlos a casa”, donde ya colocó un altar con la comida que les gustaba.
La mujer llevó ayer un poco de flores porque la situación económica que atraviesa no es la mejor, pues señaló como comerciante le va mal por la inseguridad y las bajas ventas, y la pensión de su esposo no le alcanza.
Su hijo fue militar y murió en el 2000 de leucemia; “fue muy difícil, muy doloroso. El fue militar y durante seis meses tuvo mucho sufrimiento. Pero creo que después de verlo sufrir tanto era preferible que se fuera a descansar, pero como padres quisiéramos tenerlo con nosotros”.