EL-SUR

Miércoles 19 de Agosto de 2026

Guerrero, México

Acapulco  

Familiares de los siete asesinados niegan que se dediquen a la extorsión

Piden al gobierno del estado y Ejército que lleven seguridad a la zona porque temen más muertes, debido a que las policías de la UPOEG los intimidan por las noches

Abel Salgado

Junio 12, 2017


Familiares de los siete asesinados en San Pedro Cacahuatepec desmintieron que se dedicaran a la extorsión, como señaló el sábado el promotor de la Unión de Pueblos y Organizaciones del estado de Guerrero (UPOEG), Bruno Plácido Valerio.
La señora Martina Ramírez Dorantes, abuela de los niños asesinados, pidió al gobierno del estado y Ejército que lleven seguridad a la zona porque teme más muertes, debido a que las policías de  la UPOEG los intimidan por las noches.
En recorrido por las casas, los familiares mostraron restos óseos de lo que sería el cráneo de sus familiares que mantienen dentro de la casa donde ocurrió el multihomicidio.
La señora Martina Ramírez Dorantes y su hija, Victoria Santos Ramírez, manifestaron que las acusaciones de Plácido Valerio carecían de veracidad porque sus familiares se dedicaban al campo y venta de codornices.
Recriminaron que si fueran una familia dedicada a lo ilícito, repelerían el ataque y hubieran encontrado armas.
En el recorrido, en apenas quince metros estaban las tres casas de su hija y hermanos unidas por un reducido pasillo, la señora Martina Ramírez mostró las huellas del horror que vivió su familia dos días antes. En puertas y ventanas de delgadas placas de metal, señalaba los agujeros, la mayoría de los impactos de bala eran de un calibre desconocido para la señora de la tercera edad. Para dimensionar el tamaño colocó sobre ellos sus dedos pulgares.
Una de esas balas, aseguró la señora, dejó malherido el brazo del niño de apenas un año de edad que quedó herido, pero murió horas después, “mi niñito le destrozaron las balas su brazito, no aguantó, no sobrevivió, murió, ¿qué culpa tenía él?”.
Recordó que su esposo, Agustín de 65 años, fue a buscar el viernes a dos de sus familiares desaparecidos y presuntamente detenidos por la Policía Ciudadana de la UPUEG. Detalló que junto a otro de los familiares se acercaron a una casa de seguridad del cuerpo policíaco, lo que provocó la molestia y desencadenó en el homicidio.
Madre e hija recordaron que ese día no estaban en sus casas porque estaban trabajando, de haber estado en sus casas también estuvieran muertas, aseguraron.
Victoria Santos Ramírez, hermana de una de las mujeres asesinadas en su casa, se mantenía con la misma ropa del viernes cuando quemaron su casa, en el tiempo que duró la persecución y asesinato también aprovecharon las policías ciudadanas para quemar su casa y saquear 20 mil pesos, “por mí se hubieran llevado todo, las cosas el dinero pero no matado a mi hermana, a los niños, al niñito de cuatro meses que sorrajaron a la pared, no le cayó mi hermana”.
La hermana de Victoria, Amalia Santos, fue asesinada en su casa junto a su hijo de cuatro meses. La modesta casa de seis por cuatro metros era básicamente un piso con dos colchones sobre la tierra, y una litera. En los tres cochones había manchas de sangre.
En la litera y un colchón individual la marca de sangre abarcaba una cuarta parte de este.
Un foco apenas iluminaba el cuarto, no tenía ventanas y el olor la de sangre y restos óseos en descomposición inundaban el espacio cerrado.
“Mi nuera aquí y mi nieto aquí; mi hermana aquí, mi sobrino, los dos niñitos. Al chiquitito de cuatro meses lo sorrajaron a la pared. Ahora acá cayó otro, hay huesos de los que mataron, fíjese los huesos de los difuntos cómo están”, señalaba la señora Martina.
Uno de sus hijos le pidió que se saliera de la casa para evitar recordar la muerte de su familia, pero se negó e insistió “que vean, que le tomen fotos para que se haga justicia”.
La señora Victoria Santos señaló con su dedo índice lo que aseguró era parte de la encía de su hermana tirado en el piso. La pieza dental estaba rodeada de hormigas, a unos centímetros otras tres piezas de lo que  también afirmaron era partes de cráneo que se fragmentaron cuando dispararon contra su hermana y sobrinos.
La señora Martina también señaló que su casa fue saqueada, el mes pasado solicitó un préstamo a una casa financiera para construir el techo de su casa. Los 14 mil pesos que tenía guardados en una pecera también fueron  hurtados.
Manifestaron que después del multihomicidio, ninguna autoridad los ha recibido. Tampoco han recibido la visita de Derechos Humanos, o algún enviado del gobierno estatal o municipal. En la noche del viernes, vecinos les contaron que los mismos policías de la UPOEG pasaron a las casas y tiraron las cintas precautorias “es una burla, continúan. Hay un niño de catorce años que entró, su papá también entró a matar a mis hijos, mis nietos”.
Señalaron que dos de sus primos se mantienen desaparecidos, por lo que inició la búsqueda, supuestamente fueron tirados el sábado, pero nadie confirmó donde estaban. Aseguraron que fue la misma UPOEG la que los tiró y volvió a recoger para enterrarlas en fosas, como una señal para intimidarlos y se salgan de sus casas.
Por temor a ser asesinados, duermen en diferentes casas de amigos y familiares de las comunidades de los Bienes Comunales y exigieron al gobierno del estado intervenga para que sean desplazados al centro de Acapulco para evitar más muertes.