La zona es una de las 10 seleccionadas por el gobierno federal para aplicar la estrategia Guerrero por la Paz, que consiste en acercar los programas sociales y los servicios a los vecinos de los asentamientos urbanos con alta incidencia delictiva
Diciembre 27, 2024

Ramón Gracida Gómez
En un callejón de la calle La Noria, en la colonia Centro, se esconde la Ciudad Perdida, una vecindad en la que viven vendedores ambulantes en condiciones precarias y con problemas de servicios públicos.
La colonia Centro es una de las 10 seleccionadas por el gobierno federal para aplicar en Acapulco la estrategia Guerrero por la Paz, que consiste en acercar los programas sociales y los servicios a los vecinos de estos asentamientos urbanos con alta incidencia delictiva.
Yolanda recibió a El Sur ayer en la tarde dentro de su vivienda, a la cual se llega después de caminar unos 20 metros en un callejón a un costado del restaurante Las Gaviotas, último lugar donde comer mariscos en la calle La Noria, reconocida hasta hace unos años por concentrar varios establecimientos para comer un buen pescado.
Actualmente la concurrida calle es un repositorio de ruinas de todos los locales abandonados con pedazos de paredes y techos esparcidos en la banqueta, sólo se sabe de los antiguos restaurantes por algunas puertas que siguen en pie.
Las calles aledañas tienen más negocios abiertos, principalmente cantinas y marisquerías, pero sólo basta con mirar hacia arriba para ver segundos pisos igual de afectados por muchos años sin mantenimiento pese a que ahí viven varias familias.
Una acumulación de bolsas negras de basura es la señal para ubicar el callejón que esconde la vecindad detrás de Las Gaviotas en la que Yolanda ha vivido sus 86 años de existencia, “de aquí me van a sacar muerta”, afirmó después de la pregunta que se le hizo sobre su vida en este rincón de Acapulco.
Yolanda recordó la evolución del entorno en el que creció, desde que era un espacio en la que los comerciantes de Chilapa dejaban sus caballos y sus bueyes hasta las canchas de lo que es actualmente el mercado El Parazal, a unos 200 metros de distancia.
También mencionó la abundante agua que había en la zona, los pequeños canales que cada choza de palma y bajareque tenían para distintos usos y las fosas sépticas utilizadas como baños.
La adulta mayor se esforzó por describir las huertas que había alrededor de lo que es actualmente el centro del municipio y la abundante fauna con la que los habitantes se alimentaban, principalmente el pescado.
“Yo viví mejor”, soltó sonriente con los pocos dientes que le quedan al comparar las condiciones en la que viven sus jóvenes vecinos, a quienes casi no conoce porque son personas recién llegadas a la Ciudad Perdida, una vecindad construida alrededor de un solitario pasillo por el que se entra a las demás casas.
Los cables de dos postes de luz rozan las cabezas de algunas personas y recostadas en las paredes se encuentran varias mangueras que fungen de tubería de agua.
Yolanda indicó que los que vivían en este pedazo de terreno eran personas pobres, como sus inquilinos, dos hamaqueros y un vendedor de zapatos, a quienes les renta un cuarto de madera y otro de cemento.
Todos son vendedores ambulantes que salen muy temprano de la casa de Yolanda y llegan en la tarde-noche, comen afuera y sólo utilizan sus pequeños cuartos para dormir.
Los otros dos pequeños dormitorios de los que se compone la casa tienen paredes y techos de lámina o madera y son ocupados por familiares de Yolanda, como una sobrina y su pequeño hijo que merodeaban en el pasillo que funge de cocina y lavadero.
El huracán Otis destruyó estos dormitorios y fueron reconstruidos con el apoyo que recibió la familia por el censo federal hecho tras el meteoro del 25 de octubre de 2023.
Lo que sí sobrevivió fue el pasillo que representa la cocina de Yolanda, esparcidos están las hojas del periódico El Sur que recibe diariamente, aunque no lo puede leer en su totalidad porque ha perdido poco a poco la vista.
Con dificultades para caminar por los dolores que tiene en las piernas, la adulta mayor mostró su dormitorio pegado a la puerta de su entrada pintada de amarillo por el gobierno de López Obrador como parte de la reconstrucción de Acapulco tras el huracán Otis, adentro está instalado el refrigerador del paquete de enseres domésticos, y una hamaca y ropa está colgada encima de su cama.
El techo de loza es cubierto por una gran lona verde, el impermeabilizante le sale caro, explicó Yolanda, quien vive de la renta de 500 o mil pesos que cobra –aunque entiende cuando no le pueden pagar porque son pobres, insistió–, de la pensión de adulta mayor y de la escasa venta de Coca Cola en envase de vidrio.
Dijo que el gobierno sólo acude a la Ciudad Perdida, bautizada así tras un incendio que sufrió hace muchos años, “cuando quiere el voto”, pero los vecinos sufren por el drenaje cuando se inunda y por la falta de agua que dura varios días.