La organización se originó por las luchas contra el proyecto de La Parota y actualmente es por el acceso al agua en el contexto de la construcción por la Conagua de tres pozos radiales en la ribera del río Papagayo, frente a la comunidad de Aguacaliente
Marzo 09, 2026

Ramón Gracida Gómez
En las asambleas del Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la presa La Parota (Cecop) las mujeres son la mayoría de los asistentes, una de las más asiduas, Marta Hernández Estrada, consideró que las campesinas son las que más luchan porque “en el caso del agua somos las que sufrimos nosotras” en los hogares sin acceso al servicio.
Marta Hernández Estrada, una mujer de 53 años vecina de El Cantón, empezó a ir a las primeras asambleas del movimiento campesino contra el proyecto hidroeléctrico de la Comisión Federal de Electricidad (FCE) en 2003, cuando tenía 30 años.
“Yo primero venía a escuchar de lo que se trataba, ya después como que me fui involucrando más al escuchar de que gente extraña que viene a invadirnos, o sea, a quitarnos nuestra tierra, nuestra agua que es el río Papagayo”.
“Por eso me involucré más, me pareció interesante defender porque si nos damos cuenta que es nuestra, cómo puedo decirlo, sobre todo la tierra que nos da nuestros alimentos, el agua nos da vida”.
Era una joven mamá de niños menores, “si no hacíamos esa defensa iban a acabar con nosotros, con todos nosotros y con nuestras tierras y nuestros ríos”.
Marta participa constantemente en las asambleas, como la de este domingo en el embarcadero de El Fraile, denunciando las carencias que sufren, “me gusta, más que nada, luchar también por la comunidad que no teníamos agua, ahorita con la organización del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), entonces ellos nos hicieron llegar el agua”.
“Y ahorita estamos luchando por el proyecto que está aquí en Cacahuatepec que va a llevar a las comunidades de allá arriba”, dijo en referencia a la obra de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado del Municipio de Acapulco (CAPAMA) y la Comisión Nacional del Agua (Conagua) que va a beneficiar a ambas localidades, aunque todavía no se precisa la fecha de arranque.
A las asambleas del Cecop no acuden muchos habitantes de El Cantón, “es un orgullo luchar, aunque yo sé que gente de mi pueblo somos minoría por lo que estamos luchando, pero por lo menos sabemos que vamos a ser beneficiados, no sólo nosotros, sino que también vemos por los demás”.
Ayer, un poco más de los 40 integrantes del Cecop que acudieron a la asamblea en el embarcadero El Fraile eran mujeres. ¿Por qué?
“Yo creo que las mujeres somos las más sufridas en primer lugar”, respondió Marta sonriendo, “en el caso del agua somos las que sufrimos nosotras las mujeres porque en el caso mío, mi esposo se dedica al campo, y cuando carecíamos de agua tenía que ir yo por el agua, uno sabe más que nada lo que necesita”.
El Cecop se originó por luchas contra el proyecto de La Parota y actualmente es, sobre todo, por el acceso del agua en el contexto de la construcción por la Conagua de tres pozos radiales en la ribera del río Papagayo, frente a la comunidad de Aguacaliente, y el acuerdo con los campesinos para que ellos también tengan agua.
“He visto que el movimiento ha disminuido un poco pues, pero toda la gente que ve presente están criadas ya desde raíces, son gente que no se van a doblegar”, reflexionó a un costado de sus compañeros, varios de ellos adultos mayores.
En los inicios, el movimiento campesino llegó a aglutinar a 5 mil comuneros en las asambleas, pero el miedo fue alejando poco a poco a la gente, consideró Marta en la plática con reporteros. Minutos antes se habló de la necesidad de participar en la marcha del 24 de abril en Chilpancingo para exigir justicia por el vocero del Cecop, Marco Antonio Suástegui Muñoz, a un año de su asesinato.
“Ser mujer es un orgullo y además ser madre porque ser madre es tener una responsabilidad porque tengo que cuidar a mis hijos como mujer porque cuando ellos son pequeños necesitan también cuidado y uno como madre se los tiene que dar”.
Pese a los problemas que viven diariamente por la marginación histórica del Acapulco rural, la comunera agradeció nacer en los Bienes Comunales de Cacahuatepec “porque disfruta uno de lo que es el trabajo de campo, como es el cultivo del maíz, entre otros productos”.
¿Es difícil ser madre, trabajar en el campo y venir a la asamblea?, se le preguntó a propósito del Día Internacional de la Mujer que se conmemoró ayer en marchas alrededor del mundo con la exigencia de alto a la violencia machista.
“Un poco, pero siempre se hace con amor porque ya sabe que su familia es lo más importante y el trabajar es para sostener la alimentación de nuestra familia”, respondió la campesina de El Cantón.