EL-SUR

Miércoles 03 de Junio de 2026

Guerrero, México

Acapulco  

Se mantiene abierto el hotel Flamingos a pesar de las heridas que le dejó Otis

Se ha luchado para su reconstrucción, pero también para superar la inercia de los tiempos convulsos que ha vivido Acapulco en las dos últimas décadas

Octubre 24, 2025

“La Casa de Tarzán” del hotel Flamingos todavía se encuentra con los estragos del huracán Otis de hace dos años Foto: Jesús Trigo

Óscar Ricardo Muñoz Cano

A dos años del impacto de Otis sobre Acapulco y con más corazón que recursos, el icónico hotel Flamingos mantiene una lucha por sobrevivir: primero, para sanar las heridas causadas por el huracán y luego para contrarrestar la mala fama del puerto generada principalmente por la violencia.
Tras un breve recorrido el pasado jueves prácticamente toda la vegetación ha regresado luego de haber sido arrancada del piso al igual que palapas, sillas, sillones o mesas por los vientos de 300 kilómetros por hora del meteoro, pero los vetustos muros continúan desnudos, exponiendo su antigüedad.
Nada queda ya de la decoración original del diseñador Michael Van Beuren, egresado de la mítica Bauhaus, y de la Casa Redonda del actor Johnny Weissmuller, Tarzán, sólo la estructura.
No obstante, sus vistas al mar abierto y a la isla de La Roqueta permanecen intactas al igual que las ganas de salir adelante de la familia Santiago que administra el lugar.
Cuando fue el huracán, recordó Elena Santiago, “no nos enteramos a tiempo para ser precavidos al igual que muchas personas y nos fue muy mal; al siguiente día subí al hotel y prácticamente me puse a llorar porque veía arboles tirados por donde quiera, los pasillos obstruidos y la casa de Tarzán estaba destruida, sin techo”.
“A mí me preocupaba mi papá (el señor Adolfo Santiago González que murió meses después de Otis), era un hombre de 90 años y su casa, que está debajo de la de Tarzán; teníamos que sacarlo de Acapulco a fuerzas porque no había condiciones”. Relató que él, su padre, junto con otros familiares se resguardaron en un baño para sobrevivir al huracán.
“Yo dije luego: ya no vamos a poder levantar al Flamingos pero de pronto vinieron algunos trabajadores, después vino familia de fuera y pues empezamos a trabajar con nuestros propios recursos”, independientemente de que cuando el gobierno federal hizo los censos de afectados fueron a inscribirse y recibir finalmente una ayuda simbólica de 70 mil pesos para subsanar los daños.
Nosotros no teníamos algún seguro, lamentó, pero celebró que en ese momento el almacén de abarrotes estaba abastecido, que había agua aunque sea de lluvia en la alberca para algunas necesidades y familia, mucha familia, y clientes, muchos clientes, para apoyar.
Gente de Oaxaca, gente del Huitzuco llegó para ayudarlos a las siguientes semanas de Otis lo mismo a limpiar que a reparar mientras que amigos y clientes del hotel se organizaron incluso para enviar dinero.
Fue en noviembre que pudieron echar a andar el restaurante y en diciembre la hospedería que, encavada en la cima de un risco, en la avenida Adolfo López Mateos de la zona Tradicional de Acapulco, fue fundada en las primeras décadas del siglo anterior, pero que a partir de 1954 adquirió renombre y popularidad por la presencia de Tarzán, quien enamorado del lugar decidió no sólo comprarlo –junto con sus amigos John Wayne, Red Skelton y Fred McMurray– sino volverlo su residencia.
No estamos al 100, aceptó la administradora, “pero ya nuestras habitaciones (28 de 36) están funcionado, lo único que aún no es posible es la casa de Tarzán porque se necesitan unos 3 millones de pesos para levantarla y es mucho dinero”.

Mala fama por la violencia

Mientras tanto y en medio del esfuerzo por salir adelante, luego de empezar a ver resultados, la mala fama del puerto debido a la violencia hizo que dicho esfuerzo tuviera que ser doble.
“Al principio, cuando regresamos (del Otis), la respuesta de la gente, los clientes fue muy buena, pero desgraciadamente a Acapulco lo han olvidado por muchos lados: nos ha afectado mucho la violencia”.
“Antes del Otis, en los jueves pozoleros había ocasiones en que nosotros cerrábamos a las 11 de la noche, 11 y media, 12, porque la gente se quedaba disfrutando, conviviendo, bailando pero a raíz de que empezó de nuevo este mar de violencia en Acapulco cerramos ahora a las 8, 8 y media”.
Así, ahora, no se habla de organizar bodas, XV años u otro tipo de fiestas nocturnas, ahora todo son desayunos o comidas.
“Flamingos ha sido un lugar bendecido por Dios, la gente ha seguido viniendo, pero en estos meses, incluso en los jueves pozoleros, hemos sufrido mucho”, señaló, pero sin dejar de invitar a la gente al hotel y por supuesto a Acapulco más allá de las dificultades.
“A los turistas les decimos: el Flamingos está vivo, el Flamingos está abierto, seguimos teniendo la misma disposición y cariño para recibirlos”.