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Lunes 06 de Julio de 2026

Guerrero, México

Acapulco  

Secuestran canadienses a una mujer y su hijo en una residencia en Las Brisas

* Nos contrataron para trabajar aquí en el puerto, pero nos maltrataban y cuando le dije que nos íbamos de allí nos metieron a mí, a mi esposa y a mi hijo a un cuarto y no nos dejaban salir, explicó el pintor Ricardo Toribio Flores  Alfredo Mondragón * Una mujer y su hijo, de … Continúa leyendo Secuestran canadienses a una mujer y su hijo en una residencia en Las Brisas

Febrero 01, 2002

* Nos contrataron para trabajar aquí en el puerto, pero nos maltrataban y cuando le dije que nos íbamos de allí nos metieron a mí, a mi esposa y a mi hijo a un cuarto y no nos dejaban salir, explicó el pintor Ricardo Toribio Flores 

Alfredo Mondragón * Una mujer y su hijo, de un año y medio de edad, fueron rescatados ayer en la noche por agentes de la PJE, luego de ser secuestrados por un matrimonio canadiense en una residencia del fraccionamiento Las Brisas.

Esto presuntamente bajo el argumento de que el matrimonio conformado por Manuel Reyeros y su esposa –de quien se desconoce el nombre– pretendían cobrarles “los gastos por traerlos a trabajar desde el Estado de México”.

Fue el esposo de la mujer secuestrada, Ricardo Toribio Flores, de oficio pintor, quien al lograr escapar de la residencia ayer por la mañana, al saltarse una barda, pidió auxilio en la agencia del Ministerio Público de Costa Azul y a la Policía Judicial del Estado (PJE).

Amalia Brígido García y el menor Ricardo Eduardo Toribio Brígido fueron rescatados durante una inspección que efectuaron agentes de la PJE y del MP, ayer a las 20 horas en el inmueble ubicado en cerrada de Tabachines, número 9, del fraccionamiento Las Brisas. La mujer presentaba golpes físicos en diferentes partes del cuerpo.

Allí, el propietario Manuel Reyeros insultó a los oficiales, además de afirmar que era una persona “muy influyente” y que hablaría con sus amigos de la Procuraduría para que los cesaran.

El pintor Ricardo Toribio Flores, con estudios de secundaria, originario del Estado de México, acudió ayer a la Tercera Agencia del MP luego presentarse a la Comisión Regional de Defensa de los Derechos Humanos para denunciar que sus patrones, Manuel Reyeros y su esposa, debido a que tenían secuestrados a su mujer e hijo.

Vestido con bermuda color gris y una playera color blanco, con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada, Toribio Flores solicitó apoyo al titular de la Agencia del MP y al comandante de la PJE, Alfredo Camacho Millán, porque su esposa y su hijo tenían cinco días en cautiverio y sin comer.

Afirmó que sus patrones no le permitían sacar su automóvil marca Chrysler, tipo Spirit, color rojo, e interpuso su denuncia de hechos registrada con el número TAB/3ª/0145/01, por el delito de privación ilegal de la libertad.

El agraviado explicó que el 17 de diciembre, mediante un anuncio en el periódico se percató que Manuel Reyeros solicitaba un matrimonio para cuidar su residencia ubicada en el fraccionamiento Las Brisas y en una casa ubicada en la ciudad de México.

Agregó que el 29 de diciembre, sus patrones le pidieron que se trasladaran al puerto para que cuidaran su residencia, luego de prometerle un sueldo de siete mil 500 pesos mensuales.

Señaló que “el trato que nos daban era muy malo, nos tenían como esclavos, nos humillaban y cuando le dije que me quería ir porque no aguantaba el maltrato y que nos pagara, él (Manuel Reyeros) dijo que sí pero que le tenía que pagar gastos de gasolina, caseta, los anuncios de periódicos, la ropa que nos dio como uniformes, o de lo contrario no nos dejaría ir o nos mandaría a la cárcel acusándome de cualquier; me quería hacer firmar un papel en blanco”.

El pintor agregó que tras haber acordado con sus patrones trabajar en el cuidado de su residencia en Acapulco, se trasladaron al  puerto a bordo de un automóvil propiedad de su madre –un Spirit color rojo– y siguiendo a un chofer de ellos, pero como su esposa traía a su hijo en brazos sus patrones los reprendieron y ordenaron que lo enviara de regreso a la ciudad de México, donde el menor fue cuidado por su cuñada.

Agregó que durante el tiempo que laboró en la residencia se dedicó a pulir los pisos, arreglar puertas, a pintar, soldar herrería y a limpiar la casa, pero su esposa se enfermó y al pedirle a su patrona que le permitiera llevarla al médico ésta le contestó “se hace pendeja, ustedes los indios para puro mentir sólo para no trabajar; está bien gorda, tiene buen color, cómo va estar mala”.

Dijo que para suavizar la situación su patrona les preguntó si en realidad extrañaban a su hijo y le dijo que podían traerlo de regreso a Acapulco.

“Ella me dijo que se comprometía a pagar los gastos”, pero como el niño lloraba su patrón les gritaba para que lo callaran y les ordenó que lo encerraran en un cuarto.

“Estábamos en un cuarto feo. Los colchones están podridos, hay mucha humedad, los vidrios rotos. No nos dejaban salir a la calle, pero cuando salíamos a comprar algo, porque sé manejar, uno de los dos (su esposa o él) teníamos que quedarnos en la casa como garantía”, siguió.

Añadió: “Como nos maltrataban mucho y no nos pagaban, el miércoles por la tarde le dije a la señora que nos queríamos ir, o que dejara ir a mi esposa, aunque yo me quedara a trabajar; entonces empezaron a regañarnos, el patrón me pidió las llaves del carro para que no nos fuéramos y ordenó a uno de sus guarura a que me quitara las llaves, pero hoy por la mañana (ayer) me escapé brincando la barda”, narró Ricardo Toribio.