En su obra Políticas urbanas de Acapulco (1927-1997), Carlos Salgado Galarza destaca la cons-trucción de hoteles y condominios en la playa, así como el desplazamiento de la población hacia la inundable área de Ciudad Renacimiento y la “urbanización masiva” de la zona Diamante. Se impuso el interés de los gobernantes, dice en entrevista el especialista de la UNAM
Julio 28, 2025

Ramón Gracida Gómez
Desde un mirador informal en el camino Par Vial, 200 metros más arriba del extinto hotel Villa Vera de la avenida Costera Vieja, se puede ver el esplendor de la bahía de Acapulco de la glorieta de La Diana hacia Icacos, una belleza visual que, no obstante, es obstruida por los altos hoteles y condominios construidos sobre la playa.
La política permisiva que dio lugar a la construcción de grandes edificios delante de la avenida Costera, y no detrás como en la mayoría de las grandes ciudades turísticos del mundo, es uno de los primeros grandes problemas que ubica el autor del libro Políticas urbanas de Acapulco (1927-1997), Carlos Salgado Galarza, en un repaso del crecimiento de la ciudad hasta la actualidad, en el contexto de la reconstrucción tras el paso de los huracanes Otis y John que “vinieron a desnudar todas las malas cosas que hicieron los gobiernos”.
Pese a una planeación de Acapulco hecha por los grandes arquitectos del país desde la década de 1930, el interés de los gobernantes se impuso, señaló en entrevista el doctor en Urbanismo por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y sumó a la lista de errores al desplazamiento de la población hacia la inundable área de la colonia Ciudad Renacimiento y a la “urbanización masiva” de la zona Diamante.
La carretera México-Acapulco, punto de partida
Al igual que otros investigadores que estudian el desarrollo urbano del municipio, el académico de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) parte su análisis del año de 1927, cuando fue inaugurada la carretera federal México-Acapulco, el presidente del país era Plutarco Elías Calles.
“La carretera puso al descubierto las bellezas naturales de la bahía de Santa Lucía, dando lugar a un incipiente turismo. Esta vía de comunicación incluía largos tramos de terracería y se pavimentó por completo hasta 1936”.
La primera de varias etapas del desarrollo urbano de Acapulco comenzó con el fraccionamiento y lotificación de la península de Las Playas durante la década de 1930, “mucha de la gente de recursos de la Ciudad de México compra en toda esta parte, entonces de la península hacia Hornos empieza a crecer”.
Actualmente, muchas de las grandes casas y los icónicos hoteles ubicados en el fraccionamiento Las Playas se encuentran en abandono, el Acapulco Tradicional que no se ha recuperado de la pobreza y la violencia en la que viven sus vecinos.
La Junta Federal y las expropiaciones
Paralelamente, subraya el arquitecto en su repaso de la historia urbana del municipio costero, empiezan las expropiaciones de los terrenos ejidales dentro de la bahía de Acapulco y hacia las afueras.
El 13 de octubre de 1945 se publicó en el Diario Oficial de la Federación que la Junta Federal de Mejoras Regulatorias estaba facultada para llevar a cabo las obras el Plano Regulador elaborado por el arquitecto Contreras.
El 28 de enero de 1947 se estableció el acuerdo por el cual se considera de “utilidad pública” la realización del plan de financiamiento presentado por la Junta Federal consistente en adquirir los terrenos ejidales siguientes: Pie de la Cuesta, El Jardín, Santa Cruz, El Progreso, El Placer, La Garita, Icacos, El Veladero, Las Cruces, El Marqués y Revolcadero.
“Inicialmente la Junta Federal era una asociación que se dedicaba en los puertos, empezando por Veracruz, a cobrar un impuesto por los productos que llegaban”, ahondó Salgado Galarza en la entrevista.
“Aquí le dieron otro uso, empezaron a intervenir mucho en la planeación, o sea, empezaron a comprar terrenos y a fraccionar”.
El ejido de Icacos para Pemex y Semar
El punto alto del Par Vial, inaugurado en 2015 por el entonces alcalde perredista Evodio Velázquez con el fin de descongestionar el tráfico vehicular con un camino hacia la colonia Chinameca, se observa con claridad cómo la avenida Costera se aleja cada vez más de la playa conforme el camino avanza hacia la Base Naval.
Los extensos plantíos de cocos del ejido de Icacos fueron barridos en aras del crecimiento urbano, el pueblo fue poco a poco replegado de los terrenos originales y se va configurando la mancha urbana que tapiza la planicie y los cerros alrededor, resaltan condominios como La Palapa que tapan la vista de los vecinos de la colonia asentada detrás del edificio.
El 9 de noviembre de 1940, semanas antes del fin del sexenio presidencial de Lázaro Cárdenas, se llevó a cabo la expropiación de 76 hectáreas destinadas a la Secretaría de Educación Pública (SEP) para crear un club deportivo, terrenos que formaba parte de las 726 hectáreas que el mandatario otorgó como dotación ejidal a favor de los campesinos en el marco de su política de repartición de tierras.
El 17 de enero de 1945, en la administración de Manuel Ávila Camacho, fue expropiado al ejido de Icacos una hectárea y 7 áreas a favor de Pemex, y en dicha superficie, la Secretaría de Marina (Semar) instaló la Base Naval.
El primer Plano Regulador planteó un camino entre la playa y los hoteles
En 1931 se decidió hacer el primer Plano Regulador del país en Acapulco, a cargo de Carlos Contreras, cuya importancia radicó en contemplar una vía que diera “unidad turística a la bahía” separando una banda uso público irrestricto entre la playa y la carretera, y del otro la primera línea de predios hoteleros.
Detrás de los hoteles se concibieron predios para la construcción de viviendas y quintas vacacionales aprovechando la pendiente hacia el escenario de la bahía.
En el libro de Políticas Urbanas se precisa que la calzada Costera sólo se abrió del Puente Morelos (obelisco a Morelos) al Farallón de San Lorenzo (Asta Bandera), aunque el proyecto llegaba a la avenida Farallón del Obispo y se prolongaría como carretera a Puerto Marqués.
A diferencia de otros sitios turísticos del mundo como Río de Janeiro en Brasil, apunta el arquitecto Salgado Galarza, en Acapulco se construyeron hoteles a orilla de playa, afectando el clima de la propia ciudad.
El presidente Miguel Alemán impulsó esta política, en 1962 fue inaugurado su hotel Acapulco Hilton, ahora Emporio.
La “vieja guardia de arquitectos” del país planificó Acapulco
En 1950, el reconocido arquitecto Mario Pani, quien en la década de 1960 planearía el Conjunto Habitacional Nonoalco-Tlatelolco en la Ciudad de México, fue nombrado primer director técnico de la Comisión de Planificación Regional de Acapulco para urbanizar al municipio y atajar el peligro que se avizoraba desde entonces, “cumplir a la vez con las funciones de la ciudad, puerto y centro turístico”.
Para ello, la bahía de Santa Lucía estaría destinada para conservar e incrementar la ciudad turística, la laguna de Tres Palos sería un vaso regulador de un puerto interior que se instalaría entre esa laguna y la Laguna Negra, con acceso a la bahía de Puerto Marqués; y la laguna de Coyuca estaría reservada a la pesca. Hasta un ferrocarril correría paralelamente al cauce del río Papagayo.
Dentro de la “vieja guardia de arquitectos” que moldeó Acapulco se encuentran Enrique del Moral, quien realizó junto con Pani el aeropuerto y el Club de Yates; y Federico Mariscal, diseñador de la catedral de Acapulco.
El Plan Acapulco, uno de los proyectos más ambiciosos
La siguiente propuesta de planeación urbana fue el Plano Regulador de 1960 de Enrique Cervantes, quien también encabezó el Plan de Desarrollo Metropolitano de la región y ciudad de Acapulco.
El Plan de Desarrollo Metropolitano se llevó a cabo simultáneamente al programa de obras denominado Plan Acapulco (1971-1976), la política urbana más ambiciosa desde la perspectiva de Salgado Galarza “porque tocó lo de los barrios que estaban muy abandonados”.
En marzo de 1970, el entonces candidato presidencial priista Luis Echeverría expresó en Acapulco la necesidad de resolver la legalización y la regularización de las colonias establecidos en los cerros del municipio sin servicios públicos, lo que se materializó en una comisión en la Secretaría de Patrimonio Nacional, cuyo director era Pedro Moctezuma Díaz Infante.
Renacimiento y Diamante, los otros errores
–Y si hubo en la parte técnica tan buena planeación, ¿qué fue lo que pasó?
–Fue la intervención de los gobiernos, ahí más que todo tenían que ver sus intereses, más que todo, o sea, estaban los documentos, pero muchos no los tomaban en cuenta o tomaban en cuenta una parte y otras partes no.
El Fideicomiso Acapulco, proyecto sucesor del Plan Acapulco, delimitó el crecimiento urbano como parte del proyecto del gobernador Rubén Figueroa Figueroa (1975-1981) de desplazar masivamente a los vecinos de las colonias altas del Anfiteatro a la incipiente zona suburbana del municipio.
La resistencia del Consejo General de Colonias Populares de Acapulco (CGCPA) aminoró el número de desplazados, pero no impidió la consolidación de la colonia Ciudad Renacimiento, “que aunque es un proyecto muy interesante desde el punto de vista urbano, lo hubieran metido en otra zona porque cada año se inunda”, dijo Salgado Galarza.
Además de la construcción sobre la playa y Ciudad Renacimiento, el especialista señaló como tercer gran problema del desarrollo urbano de Acapulco “la urbanización masiva” de la zona Diamante, promovida por el finado mandatario José Francisco Ruiz Massieu (1987-1993) y donde “las inmobiliarias metieron a ras de tierra y se inunda también, la devastación de manglares, barreras para los huracanes”.
¿Qué hacer?
“Lo que es muy importante ahora dentro de la planeación es la participación ciudadana, que ahora le llaman planeación participativa, los que sabemos cómo está el lugar donde vivimos somos los ciudadanos, entonces involucrar más a la gente”.
El libro de Políticas Urbanas de Acapulco concluye en 1997, cuando ocurrió el primer gran desastre social a raíz de un huracán, el Paulina, que golpeó fuertemente a Acapulco y ocasionó la muerte de cientos de vecinos, sobre todo de las partes altas del anfiteatro.
A unos meses de cumplir el primer aniversario del huracán John y el segundo del meteoro Otis, el investigador de la UAG dijo que “estos fenómenos vinieron a desnudar todas las malas cosas que hicieron los gobiernos”.