Jacob Jacob Morales Antonio Hombres, mujeres, adultos, jóvenes, en compañía de adolescentes y hasta niños por igual, todos llegaron a playa Revolcadero desde el mediodía, la mayoría lo hace a bordo de sus motocicletas que rugen, por la noche ya alcoholizados, y a toda velocidad, se trasladaron a La Condesa de Acapulco, donde hubo competencia … Continúa leyendo De Revolcadero a La Condesa, la ruta que cientos siguieron en un viernes motorizado
Mayo 17, 2025
Jacob Jacob Morales Antonio
Hombres, mujeres, adultos, jóvenes, en compañía de adolescentes y hasta niños por igual, todos llegaron a playa Revolcadero desde el mediodía, la mayoría lo hace a bordo de sus motocicletas que rugen, por la noche ya alcoholizados, y a toda velocidad, se trasladaron a La Condesa de Acapulco, donde hubo competencia de arrancones.
Más tarde en la avenida Costera, por ahí de las 8 de la noche comienza el andar de las motocicletas y sus conductores hacerlas rugir, hasta quedar sordos. Ya estaban colocadas vallas en ambos lados del sentido hacia el centro de la Costera.
El despliegue de agentes de las fuerzas de seguridad era en patrullas que se colocaron en el carril de enmedio, dejando uno solo para la circulación en La Condesa mismos que eran rodeados por los asistentes, que se alcoholizaban al ruido de la estruendosa música de las discotecas y bares.
En la banqueta frente al hotel Emporio, un Dj amenizó la congregación de jóvenes y adultos, así como de la música de viento de un grupo musical.
En La Condesa, la Guardia Nacional con equipo antimotines se colocó en forma de valla frente a los asistentes que ocuparon dos de los tres carriles del sentido hacia la Base, mientras policías y estatales daban indicaciones a los motociclistas de avanzar, la gran multitud evitó en esa zona realizar arrancones por ahí de las 11 de la noche.
En la glorieta de La Diana, también se alistaron cinco ambulancias de la Cruz Roja con una treintena de paramédicos listos para atender a los lesionados o a personas que lo requirieran. En esa área también estaba listo otro grupo de guardias nacionales con equipo antimotines.
La gran presencia de las fuerzas de seguridad y de la Policía Vial que se colocó en medio de los cruces, para evitar que los motociclistas se cruzaran de un lado a otro, y ni uno vio el consumo de sustancias ilícitas.
No sólo las vendedoras locales aprovecharon la gran cantidad de personas para vender frituras, cigarros, refrescos, cervezas y preparados con bebidas alcohólicas y energizantes. También llegaron familias completas del centro del país que colocaron parrillas para vender carnes y brochetas a los asistentes.
Las taquerías y los restaurantes ubicados a lo largo de La Condesa y hasta Galerías Acapulco estaban completamente llenos de familias esperando cenar. Los meseros iban de un lado a otro apurando a la cocina para entregar los platillos.
Las acrobacias y piruetas de los motociclistas, al menos en La Condesa, no pudieron hacerse, pero se trasladaron a otras zonas de la Costera y en los carriles en sentido hacia el centro frente al hotel Hudson al centro comercial Costera 125 y enfrente de el edificio de lo que fue a la Universidad Americana de Acapulco.
La mayoría de los asistentes no portaron cascos, además, algunos iban hasta tres montados en una motocicleta, incluso había niños trepados y otros conduciendo los vehículos frente a las autoridades. La fiesta siguió hasta el amanecer.
Mar de fondo sorprende a motociclistas
Son las 2 de la tarde, en la avenida Costera las Palmas, decenas de automóviles desde las marcas más caras como BMW hasta las más económicas como Nissan, llenaron las laterales de la vía. En el estacionamiento del acceso a la playa ubicada a un costado del hotel Princess no cabía ni un auto ni una motocicleta.
Los más aventurados entraron con sus vehículos a la zona de playa, donde esta vez el fenómeno de mar de fondo y el alto oleaje apenas dejaron espacio para colocar los toldos, que fueron rentados por 500 pesos a los asistentes.
Pocos llegaron con cascos de protección, la mayoría de los motociclistas llegaron sin playeras y sólo con bermudas. En el estacionamiento se instaló un improvisado taller para arreglar las motos dañadas.
El rugir de las motos que lograron entrar y ser estacionadas en la arena, era más estruendoso que las bocinas de un DJ que se colocó al pie de una caseta de vigilancia construida de piedra, casi por caer.
Algunos motociclistas trataron de recorrer la playa con sus vehículos, pero las olas los alcanzaron, algunos cayeron, otros más lograron apresurarse y salir, pero los motores se apagaron. Luego necesitaban a más de cuatro para jalar la motocicleta al estacionamiento de la playa.
Al recorrer entre las carpas, el olor a mariguana impregnaba la ropa, otros más olían a todo pulmón por la nariz solventes y otras sustancias que colocaban en un pedazo de trapo o algodón.
Todos sin excepción llevaron sus hieleras, con bebidas de sabores y alcohólicas, otros más también compraron en los establecimientos ubicados a la entrada de la playa. Pero hubo emprendedores que improvisaron asadores en la Costera Las Palmas, donde ofrecieron tortas y fritangas.
La seguridad en la zona fue nula, sólo en el acceso al hotel Princess se colocó una patrulla de policías estatales, y dos agentes de la Guardia Nacional, resguardaban el acceso de la torre Perla del exclusivo complejo hotelero.