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Jueves 20 de Agosto de 2026

Guerrero, México

Economía  

Diversifica su oferta la vida nocturna de la Condesa; ahora asisten familias enteras

En esta temporada, los locales de los antiguos clubes nocturnos ofrecen diversiones para niños y proliferan las taquerías

Abel Salgado

Agosto 06, 2017

Lo que en otros tiempos era un antro al aire libre y distintivo del Acapulco nocturno en La Condesa, la terraza bar One Dollar; ahora ese espacio se volvió una especie de centro de recreación infantil con juegos de aventura como una mini tirolesa, un eurobungy (brincolines con arnés) y unos bastidores para colorear los dibujos infantiles de moda.
En el mismo lugar que los padres hace 15 años bailaban y tomaban hasta el amanecer, y seguían la fiesta en los after hours; ayer llevaban a sus hijos a divertirse sanamente. Ese es el Acapulco que se adaptó a un público que desde hace más de 20 años viene a caminar por la avenida Costera, rodea los bares y desde la acera puede tomar su cerveza comprada en tiendas de conveniencia mientras escucha casi el mismo género musical en los bares de La Condesa.
Frente a la pletórica Condesa, y casi 24 horas después que en esa zona asesinaran a un hombre, no se observó seguridad. Ni en la calle El Morro, ni en la avenida Costera, sólo guardias de seguridad privada cuidando la entrada de un bar y otro cerca de la caja de una de las muchas taquerías que proliferan ahora en la zona.
Desde las 9 y media de la noche se recorrió la Costera desde el centro comercial Costera 125 antes conocido como Plaza Bahía a La Condesa. En el trayecto de ida y vuelta de una hora, sólo se observó a tres militares a pie en rondín frente al hotel Playa Suites. Además de un convoy de camionetas de militares.
La multitud de turistas iniciaba desde La Diana. Para pasar la zona de bares, se tenía que esquivar además de carriolas, niños que corrían riéndose de sus padres y perros con correas, se agregaba a los obstáculos los puestos de lentes de sol de tres metros de largo que invadían la banqueta.
A un lado del bungy, aunque nadie se tirara ni había señales que alguien lo hiciera, era parada obligada para los turistas que alzaban sus teléfonos celulares, tomaran fotografías esperando a que alguien se tirara. En la media hora nadie lo hizo pero una decena no dejaba de mirar desde las pantallas incluso de sus pesadas tabletas.
A un costado, con caballetes de figuras de caricaturas para colorear se rentaban para los niños, también los eurobungys, una mini tirolesa y dos filas de sillas de plástico para los padres de los infantes ocupaban el espacio que durante los años 90 vio el apogeo de la vida nocturna y hoy es una guardería infantil.