EL-SUR

Jueves 06 de Agosto de 2026

Guerrero, México

Economía  

Ratifican turistas que regresarán a Zihuatanejo en las próximas vacaciones

Cientos de visitantes provenientes principalmente del Bajío y de la Ciudad de México volvieron a sus lugares de origen

Abril 13, 2026

Turistas en espera de su transporte en el camellón del bulevar de la Zona hotelera I de Ixtapa, ayer domingo Foto: Brenda Escobar

Brenda Escobar

Zihuatanejo

Ayer domingo, el sol del mediodía en Ixtapa marcaba no sólo el fin de una jornada dominical, sino el cierre oficial de la temporada de Semana Santa y Pascua 2026.
Entre el olor a salitre y el bullicio de las maletas rodando por el pavimento, el ambiente se sentía distinto, pues era el momento de la despedida, ese “hasta luego” que cientos de turistas provenientes principalmente del Bajío y de la Ciudad de México, dieron a Ixtapa-Zihuatanejo antes de emprender el largo camino de vuelta a casa.
Para muchos, la última parada no fue la playa para alguna foto de último minuto, sino la parroquia de la Santa Cruz y la Virgen del Rosario, ahí en Ixtapa.
En este templo de arquitectura abierta, donde la brisa todavía alcanza a refrescar a los fieles, se vio una nutrida asistencia de visitantes que buscaron un momento de paz antes de enfrentar la congestionada carretera, la autopista Siglo XXI Morelia-Lázaro Cárdenas, la vía principal que comunica a Michoacán y el Bajío con la Costa Grande de Guerrero.
No era sólo costumbre, era una necesidad de irse “protegidos” y bendecidos para el trayecto.
Entre los asistentes estaba la señora María Elena, quien viajó desde Morelia, Michoacán, para ella y su familia, la misa dominical en Ixtapa es un ritual “innegociable, preferimos venir aquí porque el viaje de regreso son al menos ocho horas y sabemos que no vamos a alcanzar a llegar a misa a nuestra parroquia en Morelia”, comentó con la tranquilidad de quien ya cumplió con su fe.
María Elena no es nueva en estas tierras, pero cada visita le deja un sabor distinto; ella, junto a su esposo y su pequeño hijo de 4 años, disfrutaron desde el jueves de Pascua de los rincones más emblemáticos.
Recorrieron los andadores del Paseo del Pescador en el centro de Zihuatanejo y se dejaron maravillar por las vistas del Paseo Capricho del Rey en la playa La Ropa y además de disfrutar de la comida en el hotel todo incluido en el que se hospedaron, “fuimos a comer mariscos a la marisquería de don Leo, que está allá por la colonia La Noria, porque son los más frescos que hemos probado”.
La familia incluso se tomó el tiempo de vivir experiencias más cercanas a la naturaleza, como caminar por el andador de Playa Linda y ser testigos del atardecer en la playa Blanca, donde participaron en la liberación de tortugas en el campamento tortuguero Ayotlcalli, “siempre nos vamos enamorados de este lugar, aunque ya seamos clientes frecuentes”, dice entre risas, confesando que a veces, aprovechando algún fin de semana largo, se escapan solos cuando dejan al niño con los abuelos, pero que la parada en la iglesia antes de salir “es ley”.
Mientras la fe se manifestaba en la parroquia, el contraste era evidente en los accesos a la playa.
En el punto conocido como El Palmar III, la arena se veía mucho más despejada que en los días anteriores; comerciantes de la zona comentaron que si bien el sábado todavía hubo un movimiento considerable, para el mediodía de este domingo la soledad empezaba a ganar terreno frente al mar.
A unos metros de ahí, la realidad del regreso a casa era innegable; los camellones del bulevar en la zona hotelera I de Ixtapa se convirtieron en salas de espera improvisadas.
Grupos de turistas, con la piel bronceada y el cansancio propio de los días de descanso, aguardaban junto a sus maletas la llegada de los autobuses y camionetas tipo Sprinter o Urvan que los llevarían de vuelta a la rutina.
A pesar de la nostalgia que siempre trae el final de unas vacaciones, el sentimiento generalizado era de satisfacción.
La logística de salida se veía fluida, y aunque Ixtapa-Zihuatanejo empezaba a vaciarse de visitantes, se quedaba lleno de las historias de quienes, como la familia de María Elena, encuentran en Ixtapa-Zihuatanejo su segundo hogar.
Así cierra un ciclo más de descanso en este rincón del Pacífico.
Los visitantes se llevan el recuerdo de los atardeceres y la paz de haber escuchado la última palabra en la iglesia, mientras que Ixtapa se prepara para retomar su ritmo habitual, esperando siempre el regreso de aquellos que se van prometiendo regresar.