Jacob Morales Antonio La señora Ignacia Pérez Jaimes, de 63 años, lleva 20 años cocinando tamales para vender en las playas de Caleta y Caletilla, pero la falta de visitantes ha provocado que cada vez elabore menos piezas, y a veces termina vendiendo los tamales a sus propios compañeros prestadores de servicios turísticos. La mujer … Continúa leyendo Se queja tamalera del costo de los insumos y la falta de compradores en las playas
Julio 03, 2025
Jacob Morales Antonio
La señora Ignacia Pérez Jaimes, de 63 años, lleva 20 años cocinando tamales para vender en las playas de Caleta y Caletilla, pero la falta de visitantes ha provocado que cada vez elabore menos piezas, y a veces termina vendiendo los tamales a sus propios compañeros prestadores de servicios turísticos.
La mujer contó que era habitual cuando recién comenzó a vender en la playa, que todos los días se levantara a las 4 de la madrugada para preparar los tamales, de pollo y cerdo, en salsa roja y verde, que son las tradicionales, pero ahora sólo vende los viernes, sábados y domingos.
En los últimos 20 años, la mujer pasó de cocinar más de 100 tamales todos los días a sólo 30 los fines de semana. Cada tamal lo vende en 30 pesos a los visitantes, que cada vez son menos en las playas de Acapulco. Este miércoles la mujer acudió a una reunión del Frente de Defensa de la Zona Federal Marítima Terrestre, como parte de los trabajos para el ordenamiento de las playas.
Dijo que ante las recientes lluvias y por los alertamientos de las autoridades, las playas de Caleta y Caletilla han estado casi vacías, y no hay a quien vender los tamales. Recordó que en los últimos cuatro fines de semana, la mayoría de los 30 tamales que lleva a ofrecer se lo terminan comprando sus propios compañeros vendedores de otros productos y prestadores de mobiliario o deportes acuáticos.
A la playa la mujer llega alrededor de la 1 de la tarde y se retira, si bien le va, a las 6; a veces se queda en los accesos para terminar de vender los tamales a los visitantes que comienzan a subir a los autobuses para retirarse de la zona.
Indicó que para ella que vive sola, la pensión universal que le da el gobierno federal le ayuda a paliar los gastos que tiene a diario, y también utiliza ese dinero para comprar los insumos que usa para la elaboración de las piezas de tamal, que cada día cuestan más como el pollo que le ha llegado a costar uno en 300 pesos.
La mujer dijo que después del impacto del huracán Otis la falta de visitantes ha sido muy notable, y quienes llegan a las playas compran poco, y todo se les hace caro, a pesar de que el precio de sus tamales son justos, ante el costo de los productos que usa para hacerlos.
Ella comentó que ya está muy grande para poder buscar otro trabajo, y en estos días que no baja a trabajar y vender en la playa, trata descansar y realiza actividades del hogar, además de darse el tiempo de visitar a conocidos, pero siempre con la preocupación que hacer para que el dinero que tiene le alcance, para poder comprar, hacer sus tamales y volver a surtirse.