“Hoy es el día en que no se hace nada”, comenta doña Inés Román Arce, de 70 años, y es que sus siete hijos, 21 nietos y siete bisnietos (así cabalísticamente), se reúnen para festejarle el 10 de mayo, el Día de la Madre. Sus hijos y nietos la llevaron a desayunar al California y … Continúa leyendo Sin importar la zona, restaurantes llenos en Acapulco en el Día de la Madre
Xavier Rosado
Mayo 11, 2006
“Hoy es el día en que no se hace nada”, comenta doña Inés Román Arce, de 70 años, y es que sus siete hijos, 21 nietos y siete bisnietos (así cabalísticamente), se reúnen para festejarle el 10 de mayo, el Día de la Madre.
Sus hijos y nietos la llevaron a desayunar al California y ocuparon toda un ala del restaurante, “es lo que hacemos desde hace muchos años”, dice uno de sus hijos, José Luis Aguilar Román, “traemos a desayunar a mi mamá y luego nos reunimos los siete hermanos en su casa para la comida y la fiesta”.
En este peculiar grupo, se nota la unidad familiar, (con otras tantas madres jóvenes) “esto solamente se puede lograr al reunirse en torno al núcleo, al timón de la familia que es la madre, sobre todo en una sociedad como la mexicana donde la mujer es una figura predominante”, explica Luis Aguilar.
Los restaurantes, sin importar la zona de Acapulco, se encuentran llenos, así como los centros comerciales desde Tepito hasta Plaza Galerías. Todos ellos han ido “trabajando” la psique de los compradores para prepararlos a gastar en este día.
En la Costera se notan los letreros y lonas con las promociones para este día: “Madres dos por uno” o “Traiga a su mamá y ella no paga”. Incluso aerolíneas como Aviacsa, que regaló boletos a las “madrecitas viajeras”.
Los restaurantes del centro porteño, en donde se puede comer con un presupuesto bajo, también estuvieron llenos, los sitios donde se venden pollos rostizados y comida para llevar.
“Andele mami, pásele”, manifiesta Ramón Maraboto a su mamá con rasgos orientales, mientras entran a la Flor de Tixtla, en pleno centro de la ciudad.
Aquí se preparan platillos guerrerenses como el fiambre, sabroso platillo de tres carnes, acompañado de ensalada de lechuga y aderezo agridulce, muy de Tixtla. Los comensales comienzan a llegar desde temprano, es decir, a la una y media ya estaba lleno, como en otros sitios de Acapulco, algunas familias tuvieron que esperar mesa.
En el Zócalo, como en otros negocios del centro, había familias completas festejándole su día a las madres comprando alguna prenda de vestir o quizá, en los casos de mayor bonanza económica, hasta unos aretes o un anillo en los centros joyeros del centro.
Sin embargo, la clase media predominante en Acapulco prefirió sitios como los VIP’s, Sanborns, California, El Portón y restaurantes de esta índole, que permiten incluso comer por paquetes que van desde 50 pesos por persona.
Estos restaurantes ubicados en la Costera, están llenos de clientela que, según dicen los anfitriones, no es la usual para este día especial. “Por lo general en el Día de las Madres recibimos a grupos grandes, a familias completas que vienen a celebrar aquí a la mamá, tenemos que juntar tres o cuatro mesas para acomodarlos a todos, pero es parte del festejo y pues nosotros tenemos que estar preparados”, expone uno de los anfitriones.
En los centros comerciales del puerto como Plaza Bahía, la Gran Plaza o Plaza Galerías, se nota un intenso ir y venir de familias en pleno festejo del 10 de mayo. Tanto en las áreas de comida como en las comerciales, los hijos festejaban a sus madres con relojes o accesorios femeninos, arreglos florales y ropa.
En una tienda de bebés en la Gran Plaza confluyeron las “nuevas madres” o mujeres embarazadas, mamás en ciernes.
“No somos en ciernes”, corrige María Sara Gutiérrez Zamora, ama de casa, de 26 años, edad con siete meses de embarazo, “desde que se gesta el bebé ya nosotros somos madres, porque modificamos nuestra forma de vida radicalmente por ellos: la dieta, el sueño, las actividades que no puedes hacer y otras que tienes que hacer, los mareos, los antojos, todo eso cuenta”, argumenta.
-¿Qué le regalaron señora?, se le pregunta a Gloria Gutiérrez, quien confiesa abiertamente tener 68 años.
-Pues mi hijo el mayor me trajo a comer y me dio unas flores y mis otros dos hijos me regalaron un reloj con mi nombre grabado y más tarde salgo con ellos a cenar y al cine parece ser que me quieren llevar.
Más allá de la Costera, hacia el sur, hacia la Zona Diamante, se observan familias de mayor poder económico, entrando a las 3 y media de la tarde a lugares como La Mansión, donde se gasta unos 250 pesos por persona.
Acá es más formal el asunto, las familias más pequeñas, como de seis o hasta ocho personas, esperan a que el recepcionista los lleve a su mesa. La formalidad es importante en sitios caros como el Paradise o el Suntory, en 10 de mayo, es difícil o hasta molesto conseguir una mesa sin reservación.
Algunas personas como el director del restaurante Bonsai, Gustavo Núñez Alvarado, recuerdan a su madre “que ya está del otro lado”, como lo pone con nostalgia. “Uno es lo que te enseña tu mamá, yo creo que ese es el mejor reconocimiento que les podemos dar”, dice mientras supervisa la decoración de su restaurante.