Turistas que visitan las playas de Revolcadero II, en la zona Diamante, encuentran tranquilidad y pocos vendedores ambulantes, además la renta de los departamentos va de los 2 mil 600 a los 3 mil 200 pesos por noche. En un recorrido a aproximadamente 2 kilómetros del hotel Princess, la familia de la señora Lourdes … Continúa leyendo Tranquilidad y pocos ambulantes encuentran los visitantes en la zona Diamante
Julio 26, 2017
Turistas que visitan las playas de Revolcadero II, en la zona Diamante, encuentran tranquilidad y pocos vendedores ambulantes, además la renta de los departamentos va de los 2 mil 600 a los 3 mil 200 pesos por noche.
En un recorrido a aproximadamente 2 kilómetros del hotel Princess, la familia de la señora Lourdes Gómez, que visita Acapulco desde hace 60, disfruta de la tranquilidad y la brisa del mar.
Bajo una sombrilla de sol, siete mujeres, cuatro de ellas adolescentes, saborean los tragos de cerveza y de refresco. Hay poca gente en los alrededores y no hay muchos vendedores ambulantes.
Doña Lulú, de 77 años de edad, dice que durante los 60 años ha visitado todas las playas de Acapulco, pero la tranquilidad que se respira en la playa Revolcadero II es relajante.
La señora afirmó que pese a las noticias de violencia que pasan en la televisión y que suceden en Acapulco, “ni modo que uno no venga”. Además durante sus estancia siempre ve a militares y policías en las playas y la Costera. Pero que le da tristeza ver centros comerciales vacíos, “porque eso indica que la gente no viene y los que trabajan del turismo no ganan”.
Dijo que su familia rentó un departamento en uno de los condominios de la zona, donde pagaron 3 mil 200 pesos por cada noche; sin embargo, dice que según la promoción hay rentas de hasta 2 mil 600 pesos por día. Si se dividiera la cantidad entre los ocho integrantes cada una paga 400 pesos.
En la playa se observó a turistas paseando en caballos, otros en cuatrimotos y algunos más tratando de surfear. Los más pequeños aprovecharon el viento suave del mar para volar papalotes.
Así como en las playas de la bahía de Acapulco, en la zona Diamante se observó a vendedores con charolas de pescadillas, tacos y también señores que vendían helados o artesanías, pero con un lapso mayor de tiempo entre uno y otro, y no eran tan insistentes al ofrecer la comida o la artesanía a los turistas. (Jacob Morales Antonio).