Vania Pigeonutt El Sur / Ciudad de México Día 98. A un lado de la calle Álvaro Gálvez, en donde se improvisaron varias casas de campaña y uno de los tres campamentos en el multifamiliar Tlalpan, está a punto de iniciar un show de payasos. Personal del Centro de Integración Juvenil de Coyoacán trajo dulces, … Continúa leyendo “El gobierno no nos ha dado ni los buenos días”, denuncian damnificados del multifamiliar Tlalpan
Diciembre 30, 2017
Vania Pigeonutt
El Sur / Ciudad de México
Día 98. A un lado de la calle Álvaro Gálvez, en donde se improvisaron varias casas de campaña y uno de los tres campamentos en el multifamiliar Tlalpan, está a punto de iniciar un show de payasos. Personal del Centro de Integración Juvenil de Coyoacán trajo dulces, frituras y piñatas para los niños, pero la función se pospuso. Los adultos se encuentran reunidos porque aún no tienen dictámenes de sus edificios: es la prioridad.
Así iniciarán el año 2018 los vecinos de este multifamiliar que se hizo famoso tras la tragedia del 19 de septiembre pasado: viviendo improvisadamente. El temblor derrumbó uno de los 10 edificios, el 1C; sin embargo, las 500 familias que habitaban los demás siguen a la intemperie, viviendo con parientes o rentando otros espacios porque no existe un dictamen serio, sólo estudios provisionales sobre el futuro de sus viviendas.
De este lado de Tlalpan, frente al edificio 3C, está ubicado el campamento donde Guadalupe Padilla tiene su casa. La señora de 62 años de edad improvisó junto a sus dos hijas un área de juegos. Con una barda enana color verde elaborada con lámina protege sus pertenencias; hay una resbaladilla de plástico frente a lo que es su clóset; se observan zapatos, blusas y una mesa con mantel navideño, sus perros pasean libremente por el espacio que no mide más de cinco metros cuadrados.
La señora Guadalupe considera que los días a la intemperie son difíciles, pero han tenido momentos bellos como el 24 de diciembre pasado. “En Navidad tuvimos donadores lindísimos que nos trajeron piñatas, cena; todo, sidra, estuvimos bastante amplios de alimentos. En las carpas de afuera, todo muy padre; incluso música. Hubo donadores que se quedaron a cenar con nosotros”.
Recuerda que esa noche decidieron olvidar la tragedia y las rencillas que se han generado con el paso de los días entre los vecinos. “Disfrutamos como una fiesta normal. A lo mejor a muchas personas les costó trabajo, pero con el ambiente, la cena, tuvimos infinidad de postres: pastelillos, fresas rellenas. Yo les dije que coman todo lo que quieran para poder bajar esos kilitos y traernos a una maestra de aerobics”.
Casi han pasado 100 días desde que perdieron su patrimonio y de la delegación Coyoacán no han recibido mucho apoyo. Aseguró que les dieron una cantidad de entre mil 500 y 2 mil pesos al mes para que rentaran una casa, pero algunos vecinos han decidido invertir ese poco dinero en sus gastos diarios. No cocinan con gas porque Protección Civil se los impidió y se bañan en casas de otros.
La gente ha sido solidaria. Organizaciones no gubernamentales, asociaciones civiles, gente que sin estar constituida se acuerda de la tragedia, lleva juguetes, ropa, abrazos, apoyo moral o terapias de masajes, de cuentos y de chistes.
Lupita tiene cinco nietos que juegan mientras su abuela plática, organiza la ropa que le regalan y toma fotografías a los víveres que entrega a otros vecinos porque “aquí es todo transparente; hemos tenido problemas con la gente, apenas me acabo de pelear con el de cocina porque quieren acaparar todo”.
Envía un mensaje a la clase política: “No nos ha traído ni los buenos días, ni nada, y estamos seguros de que no nos van a traer. Yo nomás les recuerdo a todos los partidos, a los independientes, que vienen elecciones. Hay 2 mil damnificados, hay miles y miles y miles de daños que resarcir, pero les da flojera hacer su trabajo”.
Los niños dan color al ambiente sombrío de los escombros, casas improvisadas. Sobre las paredes hay manitas de colores en la calzada de Tlalpan, de espaldas al edificio 1C, en el que murieron nueve personas, seis adultos y tres niños.
A pocos metros del campamento en el que vive Lupita se aprecia un dibujo hecho por los niños. refleja las enseñanzas aprendidas en estos meses. Sobre el fondo destacan los edificios en colores magenta y azul marino y más manitas de colores: “estar cerca de mi familia”, “poder superar el miedo”, “saber que estoy vivo”, “ahora quiero más a mi familia”, “que la gente se volvió unida”.
Wendoly Reyna, otra damnificada cuya casa se encontraba en el número 25 del 4C, mencionó que lo único que les han dicho es que “se van a apuntalar algunos, se van a reparar, pero no han liberado ninguno. Se dice que sí, algunos están en alerta amarilla, otros en alerta naranja. El que se cayó se volverá a construir junto a los del 3C, 3A y el 2A, que tienen que apuntalar”.
Coincide en que la gente les ha ayudado mucho y que pretenden recibir el año 2018 en compañía de todos los vecinos porque ya tienen varias donaciones. Ingenieros de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), apoyados por arquitectos, les han dado seguimiento a sus casas, porque a quien le corresponde, que es al gobierno federal, “no les ha importado” darle celeridad a su situación.
Los niños recibirán juguetes y ellos como padres, comparte Wendy, se sienten agradecidos por ello, por las bufandas, suéteres, alimentos y postres que no les han faltado a los más de 100 niños que viven en todos los edificios.
La trabajadora social del Centro de Integración Juvenil de Coyoacán, Karina Canarios Mendoza, explicó que “hemos apoyado desde el día del sismo. Venimos compañeros de trabajo social, psicología y medicina, acompañamos para intervención en crisis; traíamos una sesión de payasos para los niños, se nos juntó con otra junta que tienen, vamos a posponer la actividad, pero vamos a regresar”.
Considera que en estos tres meses las actividades de dibujo, terapias con payasos y masajes han sido importantes para la gente.