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“Tres días con la esperanza para dar con Laura”

Natalia Barraza / Agencia Reforma Ciudad de México “Este es el momento por el que hemos estado luchando”, repetía desesperada Nebai Acosta Saucedo, integrante de Topos Azteca. Ella, Aydemir Tasova y Román Ruiz Méndez habían montado guardia en Enrique Rébsamen 241 durante tres días sin perder la esperanza de poder recuperar el cadáver de Laura … Continúa leyendo “Tres días con la esperanza para dar con Laura”

Septiembre 25, 2017

Natalia Barraza / Agencia Reforma

Ciudad de México

“Este es el momento por el que hemos estado luchando”, repetía desesperada Nebai Acosta Saucedo, integrante de Topos Azteca.
Ella, Aydemir Tasova y Román Ruiz Méndez habían montado guardia en Enrique Rébsamen 241 durante tres días sin perder la esperanza de poder recuperar el cadáver de Laura Ramos y dar así a su familia la tranquilidad que necesitaban.
“Ya tuvieron su oportunidad”, les dijeron elementos de Protección Civil, quienes junto con el Ejército pretendían demoler ya el edificio ante la seguridad de la muerte de Laura.
Los topos hicieron mancuerna con elementos de la Marina para el rescate y cerca de las dos de la mañana llegaron miembros de la brigada de voluntarios para apoyarlos.
Tras momentos de tensión, la búsqueda continuó. Les dieron un plazo de tres horas más para trabajar. Antes tuvieron que firmar una responsiva, la cual nunca tradujeron para el Topo extranjero.
Estaban seguros de la localización, un característico olor invadía el sitio, como a madera. El binomio canino lo confirmó: ahí estaba Laura.
La tristeza en la mirada de su hermana era indescriptible. Por momentos se oía el llanto de algún familiar.
Bañado en sudor, Aydemir explicaba con una sonrisa esperanzadora a su familia que ahí estaba el cuerpo, descansaba un poco y jadeante volvía  a su labor. No pensaba detenerse.
A las 4:29 horas, dos de los Topos salieron y en medio de lágrimas dieron la noticia a sus padres: Nebai, la joven rescatista de 24 años, encontró a Laura, con su vestido azul con flores blancas. Su muerte fue instantánea. Silencio. Un prolongado abrazo unió a familiares  y rescatistas. Los testigos quizá no entendieron el lazo que la tragedia y la impotencia crean en esos momentos.
Pero la labor no terminó ahí. Debían sacar los restos con el respeto merecido y eso llevó aún más trabajo y trámites.
Cae la tarde y Aydemir fuma sentado en las escaleras del cuartel general, cerca de Plaza de la Solidaridad. El idioma ya no es una barrera. “Así es la vida”, dice, mientras sus ojos color miel reflejan La tranquilidad de la labor cumplida.