Transmiten por Facebook conferencia en un salón de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, con el director del Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, Salvador Rueda Smithers
Febrero 19, 2025

Ramón Gracida Gómez
En vísperas de la conmemoración de los 500 años de la muerte de Cuauhtémoc el 28 de febrero de 1525, el historiador Salvador Rueda Smithers habló ayer sobre la “falsificación” de los restos encontrados en el municipio guerrerense de Ixcateopan en 1949 y la polémica en torno a ello, durante la presentación de una edición especial sobre el tlatoani de la revista Arqueología Mexicana en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
La versión oficial dicta que los restos del último tlatoani de los Aztecas fueron encontrados el 26 de septiembre de 1949 por la arqueóloga Eulalia Guzmán en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción en Ixcateopan, municipio de la región Norte del estado.
Transmitida vía Facebook, la presentación de la edición Cuauhtémoc, descendió como águila, transcurrió este martes en un salón de la Facultad de Filosofía y Letras, donde Rueda Smithers, director del Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, contó que participó en la comisión del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de 1976 encabezada por Alicia Olivera para buscar “la tradición oral de Ichcateopan (Ixcateopan)”.
“Fuimos a dar a todos los pueblos que están a los alrededores, leímos la genealogía que se había sacado en aquella época Cuauhtémoc, que lo hacían príncipe nacido en Ichcateopan, de una princesa de un pueblo a lado de Ichcateopan; nosotros queríamos que fuera Cuauhtémoc y queríamos encontrar la tradición, no la encontramos”.
Sin embargo, resaltó, encontraron “la historia de Ichcateopan, los primeros documentos del capitán Lucas Pinto que está en las Relaciones Geográficas del siglo XVI que mandó a hacer Felipe II, cuando hace las congregaciones de los pueblos indios después de las pestes que los habían despoblado”.
Rueda Smithers dijo que armaron “una historia que iba básicamente de Lucas Pinto con algunas manchas hasta lo que sí recordaron la gente que era la Revolución” Mexicana, de la que terminaron escribiendo un libro sobre su desarrollo en esta región.
Relató que Salvador Rodríguez Juárez, quien había enseñado los documentos en 1949 que dieron pie a la excavación, en la visita de 1976 “comenzó a sacar documento tras documento tras documento, que no se parecían en nada a los que originalmente habían aparecido en 1949”.
“Él se empezó a desesperar y empezó a sacarlos y empezaron a descubrir de dónde venía todo: el problema es que su abuelo, el que estaba metido en política local, había copiado una firma de Motolinía (fray Toribio de Benavente) en un libro de San Juan Clímaco”.
El historiador señaló que “todavía queda la duda de dónde aparecieron los restos abajo de un altar de estilo neoclásico, entonces siempre se pensó que fue el mismo Florentino (Juárez, abuelo de Salvador) que metió ahí los huesos, en complicidad con un cura, porque algunos de esos huesos eran del osario mismo del interior de la iglesia”.
Rueda Smithers afirmó que en 1949, en el gobierno de Miguel Alemán y “con una dosis de mala fe por parte de las autoridades del INAH, mandan a Eulalia Guzmán”, quien trabajaba junto con Salvador Toscano en el área de historia del Castillo de Chapultepec.
“Y tenían ahí una polémica cuando aparece el asunto de los huesos de Cuauhtémoc, curiosamente se cruzaba con el descubrimiento de los huesos de Hernán Cortés, y es ahí a donde despegaba la idea polémica de pelearnos los hispanistas contra los nacionalistas mexicanos”.
Recordó que el día que Eulalia Guzmán encontró los huesos, Salvador Toscano murió en un accidente aéreo, por lo que la polémica entre los dos no avanzó; y destacó que la primera escultura pública de Cuauhtémoc es de 1868 en la zona de Iztapalapa, mandada a hacer por Vicente Riva Palacio, “el gran impulsor de la figura de Cuauhtémoc”.
Porfirio Díaz lo convirtió en el primer héroe de la historia oficial y en 1949 “todavía estaba ese asunto funcionando, sobre todo con la aparición de los restos de Cortés en la iglesia del Hospital de Jesús”.
“El resultado de las investigaciones, lo sabía perfectamente bien Eulalia Guzmán, es que era una falsificación, entonces entra Diego Rivera, y eso ya es opinión mía, porque ve la oportunidad de seguir con la polémica, entonces arman los huesos de Cuauhtémoc y hace una figura, un perfil como los que hace cualquier criminólogo al hacer un levantamiento forense”.
Rueda Smithers indicó que en la foto del muralista con los restos de Ixcateopan también aparece el antropólogo Anselmo Marino, quien le confesó a él y a su hija Citlali Marino, integrante de la comisión de 1976, años después: “yo igual que ustedes quería que fuera Cuauhtémoc, pero me estaba dando cuenta que no era Cuauhtémoc y me tenía que quedar callado”.
Por no estar contentos con el dictamen de 1949, los promotores de Ixcateopan solicitaron en 1951 al Banco de México (Banxico) una nueva investigación, “pero otra vez mete la cola el diablo” y cuando estaban terminando los estudios, Alberto Ruz encontró la tumba de Pakal, en Palenque”, lo cual atrajo toda la atención pública y la polémica de Cuauhtémoc se perdió nuevamente; la siguiente comisión de 1964 ni hizo caso a los resultados.
El editor de la revista Arqueología Mexicana, Enrique Vela, dijo “que la polémica sigue viva” y mencionó una entrevista del periódico La Jornada publicada ayer al investigador Jorge Veraza Urtuzuástegui, quien afirma que los restos de Ixcateopan sí corresponden a Cuauhtémoc.
“Uno de los argumentos es que el 85 por ciento de los huesos pertenecen a una persona y que eso ya es como para que, si son de una persona, ergo, son Cuauhtémoc; es medio absurdo, pero bueno, pero habría que entender que si un depósito tiene un 15 por ciento de evidencia distinta, quiere decir que aquel 85 por ciento no tiene la calidad única que se le está atribuyendo”.
Resaltó las capacidades de Eulalia Guzmán y dijo que la arqueología de 1949 “no tenía los parámetros que tuvo 20 o 25 años después, entonces el análisis es un poco injusto con respecto al trabajo arqueológico porque ella no era una arqueóloga de los 70”.
También participaron la directora del Museo del Templo Mayor, Patricia Ledesma Bouchan y la investigadora del INAH, Clementina Battcock, y fungió como moderador el académico de la UNAM, Miguel Pastrana Flores.