La declaratoria del gobierno capitalino que reconoce como Patrimonio Biocultural a las terrazas agrícolas de herencia prehispánica en cuatro alcaldías del suroriente de la capital del país podría utilizarse para tal fin, dice investigador de la UAM-Xochimilco
Agosto 04, 2025
Yanireth Israde / Agencia Reforma
Ciudad de México
La declaratoria del gobierno capitalino que reconoce como Patrimonio Biocultural a las terrazas agrícolas de herencia prehispánica en cuatro alcaldías del suroriente abre la puerta para ampliar el reconocimiento que tienen ante la UNESCO la Ciudad de México y Xochimilco como bienes de la humanidad.
Así lo sugiere Fernando Chiapa, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
La distinción del organismo internacional data de 1987 y reconoce como Patrimonio Mundial tanto al Centro Histórico capitalino como al paisaje chinampero, formado por la redes de canales e islas artificiales de Xochimilco, que constituyen, según se lee en la inscripción, un ejemplo excepcional de la labor del pueblo mexica “para construir un hábitat en un entorno hostil al hombre”.
Pero, según Chiapa, lo anterior va más allá que las chinampas, ancladas en los lagos, y comprende también las terrazas, zonas de cultivo ancestrales que recurren a las laderas de los cerros y que no se incluyen en la declaratoria de la UNESCO.
“Por supuesto que se podría solicitar una extensión de esa inscripción, porque son un sistema: si no captas agua de los cerros, no habrá agua en las chinampas, y así ha sido desde la época prehispánica. Tiene sentido extender el polígono hacia las zonas cerriles, sobre todo a las terrazas agrícolas”, argumenta en entrevista Chiapa sobre este sistema que involucra también a los ejidos.
Tras el reconocimiento del gobierno de la Ciudad de México, otorgado el pasado 6 de junio a las terrazas agrícolas de Xochimilco, Tláhuac, Milpa Alta e Iztapalapa, se propone ahora su incorporación a la declaratoria mundial.
A la Dirección de Patrimonio Mundial del INAH, enlace del país con la UNESCO, le parece pertinente la iniciativa, indica Chiapa, coordinador del comité de la Ciudad de México y área metropolitana del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos).
La ampliación del polígono de protección abonaría en la preservación de este sistema frente a las amenazas que enfrenta, por ejemplo los asentamientos irregulares que se extienden a la montaña.
“Sería”, añade, “un instrumento muy importante desde el punto de vista legal”.
Podría impulsar, además, el necesario plan de manejo requerido por la UNESCO. “Tenemos un compromiso en puerta que no hemos cumplido como Estado”, advierte.
Existe hasta ahora un plan de conservación diseñado por académicos del plantel Xochimilco de la UAM, junto con chinamperos y ejidatarios de la zona, y en el que participaron también jóvenes estudiantes de la maestría de Arquitectura y de Planeación Territorial, detalla el también académico de la Facultad de Arquitectura de la UNAM.
“Las terrazas agrícolas son propiedad privada, pero el suelo es de conservación, lo mismo que las chinampas, mientras el ejido es propiedad comunal. Por eso el plan que tenemos trata de incentivar la conciliación entre el cerro, el ejido y la chinampa”.
Las amenazas son múltiples
A la falta de agua y al cierre de canales se suman el turismo masivo y el desmedido crecimiento urbano que ponen en riesgo a cerros y chinampas.
“(La zona) está sufriendo los embates del crecimiento desbordado de la Ciudad, que tiene más de 20 millones de habitantes, y particularmente el polígono de protección patrimonial alberga más de 250 mil habitantes. Entonces todos los días enfrenta el tema de la presión de los espacios para urbanizar.
“Mucha gente ha encontrado en el suelo de conservación ecológica, dentro del polígono de protección patrimonial, espacios para construir y satisfacer de alguna forma su necesidad de vivienda. Es una complicación adicional”, expone al respecto José Gabriel Castro, también académico de la UAM.
Algunos investigadores calculan un número de 800 asentamientos humanos irregulares sobre suelo de conservación, refiere en entrevista el especialista en planeación territorial.
“Xochimilco es de las alcaldías más afectadas”, calibra, “pero las colindantes, como Tláhuac, Milpa Alta y el propio Tlalpan no son la excepción”.
Y señala también la complicación que supone la sobrerregulación administrativa en esta zona que involucra programas de desarrollo urbano, de conservación o delegacionales.
“Son muchos instrumentos jurídicos que regulan el territorio, pero, paradójicamente, no hay un entendimiento del mismo a nivel operativo por parte del gobierno.
“Hay infinidad de autoridades que intervienen o que tienen que ver directamente con estos elementos, y la verdad es que esa circunstancia conflictúa su administración.
“Por eso nosotros hemos planteado, desde el punto de vista académico, que es necesaria una gestión y un instrumento único que regule lo urbano, lo ambiental y lo patrimonial”, aconseja.
“Es complicado conceptualmente, pero en varios países europeos tienen un solo instrumento que regula todo el territorio, entonces no es imposible”.
La ciudad chinampa
A propósito de los 700 años de la fundación de Tenochtitlan, Castro considera que Xochimilco y el patrimonio biocultural del suroriente deberían ser también protagonistas de la efeméride.
“Una canción popular, dice: ‘Mi ciudad es chinampa’. Y así es: la Ciudad de México y la cultura mexicana tienen como soporte la cultura chinampera, porque la chinampa nos dio identidad, nos dio de comer, nos dio un soporte material para construir nuestra ciudad, primero prehispánica, después virreinal y después como México independiente. Es una herencia cultural no tan reconocida como debiera, pero siempre presente”.
Incluso en la bandera nacional el águila se posa en un islote que “seguramente fue una chinampa”, precisa Castro.
Y subraya: “Nuestra resistencia indígena sigue presente, todos los días, en el territorio de esta población”.
