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Viernes 10 de Julio de 2026

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Sociedad  

De Sinaloa para el mundo denuncia la explotación de campesinos en la industria ilegal de las drogas

El libro de Froylán Enciso recala en el jornalero sinaloense que sembraba mariguana y amapola, “que nunca se dejó, que fue a la ciudad pero no perdió sus raíces. Es diferente al campesino zapatista, más sufrido”. Habla de la época en que “no había violencia”, aunque “se producían y se contrabandeaban drogas por parte de agentes extranjeros”. Y dice que el mercado de drogas no se explica sin la participación de “los gringos”: desde el principio, “las preferencias de los consumidores en EU” han sido el motor de la producción ilegal en México

Marzo 21, 2025

El periodista e historiador Froylán Enciso Foto: Cortesía de la editorial Veriscopio

Guillermo Rivera

El Sur / Ciudad de México

El propósito del libro De Sinaloa para el mundo. Economía política del narcotráfico, escrito por el periodista e historiador Froylán Enciso, es acercar a los lectores al conocimiento de las comunidades campesinas que han producido, durante décadas, mariguana y goma de opio.
Editado por Editorial Inefable y presentado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en diciembre pasado, De Sinaloa para el mundo narra de dónde vienen esas drogas y cuál es su historia, pero también documenta cómo han vivido los productores su inserción en los mercados ilegales como uno de los eslabones más débiles.
En palabras de Enciso, los contrabandistas, en cambio, se volvieron el eslabón más fuerte del cártel de Sinaloa.
En esta ocasión –explica en entrevista con El Sur vía Zoom–, está menos del lado del consumo y el activismo por la legalización de las drogas, lo que sí hizo en Nuestra historia narcótica, su obra anterior, publicada en 2015. Su segundo libro “está más del lado de los productores y la denuncia de la explotación a la que son sometidos los campesinos de esta industria ilegal”.
Originario de Sinaloa, doctor en historia por la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook y actual funcionario del gobierno federal, Enciso enfatiza la importancia de estudiar el narcotráfico –a la par de la violencia y corrupción que origina– con perspectiva histórica, pues eso permite mezclar diferentes enfoques.
“Desde la criminología, los argumentos siempre van a ser dicotómicos. Legal o ilegal. Criminal o no criminal. Bueno o malo. Y eso no deja comprender realmente la complejidad del tema de las drogas, de nuestros consumos, más allá del bueno y el malo. Muchos políticos, a través del tiempo, han tratado de ver el tema de las drogas desde esa moralidad dicotómica”, señala.
Se va al pasado reciente, con el expresidente Felipe Calderón: “No creo que él tuviera una intención diabólica al reivindicar el discurso de guerra contra las drogas y el narcotráfico. Al contrario: declara la guerra a las drogas porque era muy creyente y porque estaba convencido de que ese era el camino hacia el bien.
“Lo que hizo se explica por su catolicismo. Lo hizo con una visión moral y no con una visión histórica y de Estado. En eso radica la perversidad de esa reivindicación”.

Sinaloa analizado con
visión “de izquierda”

Nuestra historia narcótica es una colección de 30 textos que reconstruyen la historia de las drogas en México: desde la prohibición mediante edicto del uso del peyote, “hasta la guerra” de Calderón. Es un libro, dice Enciso, que tiene una investigación histórica sólida y con un estilo narrativo que busca aproximarse a todo tipo de lectores.
En De Sinaloa para el mundo. Economía política del narcotráfico, en cambio, retoma sólo uno de los hilos de la historia narcótica en México: el de Sinaloa. Enciso se enfoca en la historia del tráfico de estupefacientes en esa entidad a partir del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX.
“Es un libro escrito desde alguien que se reivindica de izquierda. Le pongo incluso las palabras ‘economía política’ en el subtítulo, porque sí está pensado desde el marxismo circulacionista. Cuando uno lo lee, es una serie de cuentos hilvanados pero con argumentos muy académicos, de alguien que está bien formado en temas de filosofía y de economía política. Es una contribución intelectual que busca ser de más aliento”, explica el autor.
–¿Por qué es importante enfocarse en Sinaloa, cuando México tiene nueva presidenta y Estados Unidos tiene nuevo presidente?
–¿Por qué Sinaloa? Es una pregunta que ronda en los círculos intelectuales, académicos e incluso en la sociedad. La gente incluso dice: “Maldito Sinaloa, ¿por qué es tan seductor?” La playa, la comida, los mariscos, el aguachile, los nuevos estilos de sushi. Produce su propia cerveza, la Pacífico. La música que nos persigue en los mercados, en el microbús, en el taxi. Aquí en Ciudad de México parece que Sinaloa te persigue: vas a los puestos de tortas y los señores tienen música sinaloense. La presidenta (Claudia Sheinbaum) decide hacer un himno a los migrantes y lo hace con beats de música de banda.
“¿Por qué Sinaloa?”, se repregunta Enciso. “Por el valor seductor que tiene la cultura sinaloense. Creo que es uno de los espacios en México donde se han reivindicado las comunidades campesinas de una manera muy dignificada y fuerte.
“El sinaloense es el campesino digno que nunca se dejó, que fue a la ciudad pero no perdió sus raíces. Es diferente al campesino zapatista, que es más sufrido. Y tampoco es el bandido derrotado del villismo. Tampoco es ranchero. Es una mezcla entre ranchero y campesino. Nunca dominado”.
La otra cara de la moneda, continúa el historiador, es que Sinaloa es el espacio que se erigió como el origen de la narcocultura y con uno de los cárteles más exitosos en la historia del mundo. Y que lleva el nombre del estado: el Cártel de Sinaloa.
Es importante revisar la historia de Sinaloa, de la narcocultura y la criminalidad que lleva aparejada porque, expone, es un caso de estudio que permite, si se plantea desde la historia, “descubrir que las cosas no siempre fueron corruptas y violentas”.
En otros momentos, Sinaloa “fue un estado muy tranquilo que tenía comercio de drogas, la mayoría farmacológicas o farmacéuticas, de manera pacífica y sin corrupción. Con el libro te enteras que no siempre existió el cártel, no siempre existieron las drogas y esto se inventó en un espacio en que las cosas eran diferentes.
“Entonces, si las cosas fueron diferentes en el pasado, se puede reivindicar la esperanza de que las cosas sean diferentes en el futuro o que podamos hacerlas de una manera diferente”, afirma.

Mitos del narcotráfico

El caso de Sinaloa siempre estuvo vinculado a los mercados globales y al mercado estadunidense, y por ello persisten muchos mitos alrededor del narcotráfico.
El primero, indica Enciso, es que el narcotráfico siempre ha sido de México hacia Estados Unidos. “Eso es falso. O sea, en el principio del narcotráfico, el contrabando se traía de allá para acá por farmacéuticas, que importaron la semilla de mariguana y los opiáceos y opioides a Sinaloa”, resalta.
Luego fueron migrantes y campesinos sinaloenses los que iniciaron las producciones ilegales después de la prohibición, en los años treinta.
“Una segunda cosa que puedes aprender con el libro, es que los primeros operativos en contra de esos campesinos, migrantes y esas empresas, algunas estadunidenses o de otros países, fueron por influencia del imperialismo gringo.
“Por ejemplo, los casos de algunos personajes como Harry J. Anslinger, el gran zar antidrogas durante el siglo XX en Estados Unidos, que azuzaron al gobierno mexicano para que enviara operativos militares en contra de los campesinos productores de amapola en Sinaloa, incluso antes de la Operación Cóndor, desde las décadas de los treinta y cuarenta, e incluso ilegalmente financiaron esos operativos.
“Una tercera cosa que trae el libro, y que tiene que ver con la actualidad, es que no puede haber contrabando de drogas si no hay una participación del mercado gringo. Desde el principio, los cambios en las preferencias de los consumidores de drogas estadunidenses es lo que va moviendo a los productores mexicanos a producir, primero, mariguana, luego importar cocaína desde Europa, o producir opiáceos y opioides que los gringos van necesitando y requiriendo legal o ilegalmente”.

“Los consumidores no saben
nada de los productores”

En De Sinaloa para el mundo, Froylán Enciso se enfoca en la perspectiva de los espacios de producción. En el capítulo seis, advierte, “le digo al lector que hay una estructura de la ignorancia de todas las personas que participamos de las cadenas de producción de las drogas”.
El capitalismo, apunta, “ha organizado la economía de tal manera que los productores no sepamos nada de los consumidores y los consumidores no sepamos nada de los productores.
“Tampoco sabemos nada de las personas que realizan la distribución de las sustancias, de quienes realizan los almacenamientos, embalajes, el marketing. Está diseñado todo para que no sepamos. Y por eso ahorita, en este periodo de desarrollo del capitalismo, hay contramovimientos que buscan acercar el conocimiento de productores con consumidores.
“El libro es un llamado a los consumidores para que sepan más acerca de los productores”.
En una parte, incluso, retoma una anécdota sobre los tres grandes muralistas David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Diego Rivera, quienes fumaban mariguana para pintar en San Ildefonso.
“Pero no tenían idea de dónde venía esa mota. A diferencia de los clubes del presente, que ellos la producen. Rivera mandaba a comprar mota de Jalisco y no sabía del drama que estaban viviendo las comunidades campesinas jaliscienses, sinaloenses y nayaritas para producir la mota que se fumaban acá en Ciudad de México”, comenta Enciso.
–Hablas del origen de las sustancias y cómo han vivido los productores.
–De cómo han vivido los productores su inserción en los mercados de drogas como un eslabón muy débil. Los contrabandistas se volvieron el eslabón más fuerte en el cártel de Sinaloa. Hago esa denuncia de la explotación sin ser ingenuo, porque son esos mismos campesinos los que crearon el Cártel de Sinaloa y la narcocultura en su origen.
–¿El libro es un mensaje de esperanza para la legalización?
–Yo estoy a favor de que se regulen todas las sustancias, el fentanilo incluso. Hay consumo legal de fentanilo en la actualidad con fines médicos. Necesitamos el fentanilo para los enfermos de cáncer en situación terminal. Sé que es políticamente incorrecto decirlo, pero siempre han existido olas de pánicos morales, como dicen los sociólogos.
Explica: “En la primera mitad del siglo XX era el pánico moral en contra la mariguana, luego contra el LSD. Más tarde la droga más atroz fue la heroína y después la cocaína, en los ochenta. Vino el periodo de las drogas sintéticas, las metanfetaminas, y ahora el fentanilo, que es un opioide sintético.
“De todas esas sustancias, ha habido un uso farmacéutico regulado. El tema ahí es buscar qué regulación nos ayuda a tener una relación más madura con las sustancias”.
–¿Es un mensaje de esperanza para los productores y consumidores?
–La rehabilitación de la esperanza es la importancia de la historia. Que uno aprende que las cosas pueden ser diferentes o fueron diferentes en el pasado. Como decía, en Sinaloa antes no había violencia. Y se producían y se contrabandeaban drogas por parte de agentes extranjeros, por ejemplo. Si se pudo mantener sin violencia y sin corrupción por mucho tiempo este negocio, ¿qué nos dice que no lo podemos lograr de nuevo?
En México, afirma Enciso, “podemos crear un nuevo sistema en el que logremos tener una relación de consumo más madura con las sustancias y una regulación más adecuada con usos farmacológicos y con los cuidados que tienen que tener las comunidades frente a las adicciones.
Pero, aclara: “Yo no digo: ‘Todo mundo dróguese’. No. Hay que ser responsables de nuestros consumos y ayudar a las comunidades que se ven afectadas por la adicción a que sobrelleven o superen esos problemas”.