No descarta la posibilidad de que existan más y no estén registrados. “Esos casos se pierden. No nos enteramos”, dice el líder de la ONG. “Son cifras alarmantes”, resalta. “No hay una ley que ampare. En la fiscalía estatal muchas veces no se habla de que fue por homofobia o transfobia. Por eso buscamos la promulgación de la ley que tipifique los crímenes de odio”. Acapulco, Chilpancingo e Iguala son los municipios donde predomina más la violencia de este tipo, alerta
Junio 30, 2025

Guillermo Rivera
El Sur / Ciudad de México
El Colectivo LGBTI+ Orgullo Guerrero tiene un registro de al menos 174 crímenes de odio contra las personas no heterosexuales en la entidad desde 2007, pero la cifra podría ser mayor, pues en ocasiones estos asesinatos no son reportados por la prensa ni las redes sociales. Además, está pendiente la tipificación local de los crímenes de odio, enfatiza Efraín de Jesús Arroyo, presidente de la organización, que tiene presencia a nivel estatal y es conocido a nivel nacional.
A pesar de que las leyes de matrimonio igualitario y de identidad de género en Guerrero son realidades, su existencia no significa que esos derechos están garantizados al 100 por ciento para las poblaciones, advierte el activista.
Arroyo, dirigente del colectivo más longevo y que encabezó el movimiento a favor de la diversidad en el estado, explica en entrevista con El Sur vía Zoom, desde Chilpancingo, que si bien “hay mucha diversidad cultural, en algunas regiones esos derechos, aunque ya estén aprobados, no se llevan a cabo por creencias, costumbres o tradiciones, principalmente en zonas donde todavía predomina el machismo y la discriminación”.
Gracias a la publicación de notas periodísticas y las redes sociales, el colectivo ha podido consolidar el registro de 126 asesinatos contra población LGBTI+ de 2007 a 2011. A esta cifra añade la del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio (ONCO) –al que pertenecen integrantes del colectivo–, que suma 48 crímenes de 2012 a 2024.
El ONCO es una organización que lleva este récord a nivel nacional y tiene presencia en varios estados, entre ellos Guerrero.
“No descartamos la posibilidad de que existan más asesinatos y que no estén registrados. Hay lugares sin alcance de reporteros o sin acceso a redes sociales, y esos casos se pierden. No nos enteramos”, indica Arroyo.
“Son cifras alarmantes para el Estado”, resalta. “No hay una ley que ampare. En la fiscalía estatal muchas veces no toman en cuenta que se trató de un crimen de odio, no se habla de que fue por homofobia o transfobia. Por eso buscamos la promulgación de la ley que tipifique los crímenes de odio”.
Uno de estos asesinatos más recientes, en marzo pasado, fue el de Alicia, una chica trans brutalmente asesinada a puñaladas y tirada en un río en el municipio de Quechultenango.
El colectivo compartió la noticia en sus redes sociales y exigió justicia. “Los municipios donde predomina más la violencia por homofobia, transfobia y bifobia son Acapulco, Chilpancingo e Iguala. Tienen más casos de ataques hacia las poblaciones LGBTI+”, lamenta Arroyo.
Enmedio del odio, un
pequeño cambio social
El matrimonio igualitario en Guerrero se aprobó el 30 de diciembre de 2022, apenas hace dos años y medio. A partir de ahí, muchas personas de la población LGBTTTIQ+ empezaron a querer hacer uso de ese derecho, pero encontraron obstáculos.
Arroyo recuerda que el registro civil decía que no tenía la capacitación para casar a personas del mismo sexo ni las actas modificadas. “Dijeron que debíamos esperar 180 días hábiles para que ellos hicieran las modificaciones y capacitaciones. Era falta de voluntad.
“Mucha gente nos contactaba a través de nuestra página diciendo que se les negaba el derecho”. El colectivo presionó al Registro Civil para que agilizara el trámite. Bloquearon el acceso. Gracias a eso, a la siguiente semana la situación se resolvió.
La Ley de Identidad de Género para el Estado de Guerrero, por otra parte, apenas se aprobó hace poco más de un mes, el 14 de mayo.
–¿Cuál es la respuesta de la población en general en Guerrero a la diversidad y sus derechos?
–Organizamos las marchas de la diversidad sexual. Nosotros no lo nombramos aún como pride (orgullo en inglés). Todavía es una marcha de protesta, de exigencia, de lucha por el reconocimiento de nuestros derechos. Hemos empoderado a la población LGBTI+ en el estado, a las adolescencias, a salir a marchar y exigir ese respeto. En la sociedad hay cambios, pero existe todavía mucho odio hacia las poblaciones. Marchamos principalmente en Chilpancingo. Tratamos de que esta marcha, como es la estatal, tenga una visión de resistencia de las disidencias sexuales. Que se vea que no estamos exigiendo más derechos que los heterosexuales. Ni siquiera privilegios.
Arroyo subraya que la demanda principal, “simplemente, es que se nos respete y que tengamos los mismos derechos como cualquier otra persona. Eso ha sido difícil.
“Como sociedad civil no tenemos un recurso para hacer todas las actividades. A veces nos toca poner de nuestro dinero para movernos. No buscamos un beneficio personal, sino un beneficio colectivo para todas las disidencias sexuales en el estado”.
Además, continúa, tienen que lidiar con “muchas complicaciones económicas, sociales y políticas. Nos toca negociar con diputados del Congreso para que voten a favor de las iniciativas de las poblaciones LGBTI+. Es chamba y es trabajo no remunerado, pero nos quedamos con la satisfacción de que las poblaciones en el estado puedan hacer uso de estos derechos”.
Que ya ni se tenga que
salir del clóset
–¿Cómo viven las poblaciones LGBTI+ más jóvenes en Guerrero?
–Las marchas sirven para empoderar, principalmente, a las adolescencias, que se atrevan a ser como son, y ha servido muchísimo. Cuando yo me involucré, muchas poblaciones no marchaban, sólo observaban desde la banqueta a quienes sí se atrevían. Eso ayudó a empoderar a nuevas generaciones. Te hablo de Chilpancingo: la marcha está llena de muchísimas adolescencias que se han atrevido. Es una respuesta de exigencia para las disidencias sexuales aquí en el estado. Otros municipios donde se ven muchas adolescencias son Acapulco e Iguala. Queremos que las nuevas generaciones ni siquiera tengan esa necesidad de salir del clóset. Que crezcan sin esa preocupación de reafirmar su sexualidad.
Por eso el enfoque desde el colectivo, expone el activista, es de protesta y de exigencia. “Muchas personas en la marcha llevan sus carteles con exigencias políticas y sociales para hacer un movimiento más grande. Cada año el movimiento LGBTI+ en el estado crece más.
“Incluso algunas familias se han involucrado. Salen notas periodísticas y la gente va entendiendo e investigando. Se está visibilizando más. Hay un poquito más de aceptación por parte de la sociedad. Falta todavía, pero en comparación a hace 10 años, sí hay un avance social”.
Urge tipificar los
crímenes de odio
Efraín de Jesús Arroyo, de 30 años, es originario de una pequeña comunidad del municipio de Mochitlán, a dos horas de la capital del estado. “Vengo de una familia muy religiosa y machista. Me fui a los 15 años a Chilpancingo a trabajar, a buscar otras oportunidades. Me quedé con unos familiares y empecé a estudiar la prepa.
“La excusa fue estudiar, pero yo quería escapar de ese pueblo para ser feliz”, comparte.
En 2016 comenzó su vida de activista. Se integró a una organización que promovía los derechos humanos de la diversidad sexual. Comenzó a dar talleres sobre el tema en escuelas e intuiciones públicas.
Se unió al colectivo en 2022, tras la muerte de su fundador, Orlando Pastor Santos, con quien había convivido y colaborado con propuestas a favor de la población lésbica, gay, bisexual, transexual, intersexual (LGBTI) guerrerense. Desde el año pasado es el presidente, función que tendrá hasta 2027.
Reitera que, por el momento, lo más urgente es la tipificación de los crímenes de odio: “Es uno de los pendientes que tenemos en el Congreso local. En los municipios alejados de la capital se ejerce esta violencia y no siempre se da a conocer”.
También es urgente, agrega, que en las áreas de atención a la diversidad sexual en los ayuntamientos se capacite al personal para cuando los usuarios busquen algún tipo de información, orientación o acompañamiento.
“Que, en casos de violencia, sepan cómo atender. Pero también se requiere capacitar al personal general de los diferentes ayuntamientos, a toda la policía municipal y estatal, a la fiscalía.
“Como colectivo nos gustaría darles toda la información, pero se nos complica. Imagínate capacitar a todos en el estado cuando es su responsabilidad pagar y capacitarse. Presionamos y exigimos esas capacitaciones. Es mucho trabajo y es muy complejo. Guerrero está dividido por regiones y cada una de ellas tiene sus propias creencias y tradiciones”.
“Seguimos en pie”
El Colectivo LGBTI+ Orgullo Guerrero surgió en Chilpancingo en 2001. Fue creada por Orlando Pastor Santos, fallecido en 2020. Él y otros hombres gays fueron los pioneros del movimiento en la entidad.
En aquel año se celebró la primera marcha del orgullo homosexual estatal. Efraín de Jesús recuerda que “mucha gente fue a criticarlos, los humillaron, les tiraron basura, piedras, huevos. Aun así, el siguiente año lo volvieron a hacer y, a partir de ahí, surgió la marcha en el estado, que este año fue la número 24 y se celebró el pasado 13 de junio. Como es el colectivo más longevo, hay un respeto por parte de los otros movimientos de los municipios y, a partir de que escogemos una fecha, ellos eligen las suyas”.
Cuenta que, en las primeras manifestaciones, la mayoría de asistentes eran personas maduras que habían vivido violencia, discriminación y ataques: “No era un colectivo como tal. Era un grupo de amigos. Se empezaron a mover, invitar a gente. No había redes sociales ni teléfonos. Fue de voz en voz. Los que se atrevieron hicieron un parteaguas para la visibilidad.
“Nos abrieron el camino para que nosotros continuemos con esta lucha. Muchos de ellos ya no están, ya fallecieron. No alcanzaron a ver el matrimonio igualitario, la Ley de Identidad de Género. Pero eso nos da la fuerza para seguir con la lucha que ellos no alcanzaron a terminar. Seguimos en pie”.