EL-SUR

Martes 11 de Mayo de 2021

Guerrero, México

Opinión  

Alcaldes de Acapulco (XIX)

Las Cruces El gobernador Baltazar Leyva Mancilla inaugura el cementerio de Las Cruces, el 5 de junio de 1947, construido por el Ayuntamiento que preside José Ventura Neri, su cuñi. La primera inhumación en el nuevo camposanto es la del niño Antonio Canales, hijito del doctor Arturo Canales. Automáticamente queda clausurado el panteón de San … Continúa leyendo Alcaldes de Acapulco (XIX)

Marzo 08, 2018

Las Cruces

El gobernador Baltazar Leyva Mancilla inaugura el cementerio de Las Cruces, el 5 de junio de 1947, construido por el Ayuntamiento que preside José Ventura Neri, su cuñi. La primera inhumación en el nuevo camposanto es la del niño Antonio Canales, hijito del doctor Arturo Canales. Automáticamente queda clausurado el panteón de San Francisco, de la avenida Pie de la Cuesta, abierto por frailes franciscanos en 1860.
Este último será reabierto excepcionalmente en 1957 para recibir los despojos mortales de doña María de la O Barriga, ejemplar y valiente lideresa de mujeres trabajadoras. Se atenderá su postrer deseo de descansar la eternidad junto a su esposo, el licenciado Antonio Rodríguez Castañón, fallecido 10 años atrás. No contará la dama con una cruel jugarreta del destino empeñado en separarlos. Lo hará 20 años más tarde, cuando las cenizas de doña María sean exhumadas y llevadas a la recién abierta Rotonda de las Personas Ilustres de Acapulco, en Tlacopanocha. Y entonces no habrá alma caritativa que se oponga a la cruel separación.

Salvavidas

Al fin frastero, al alcalde Ventura Neri le llaman la atención y le sorprenden las diversas actividades acuáticas, observadas tanto en el mar como en las albercas. Le interesa mucho, por ejemplo, la seguridad de los bañistas, principalmente de los chilangos. “Estos se meten al mar sin saber nadar o bien con las panzas repletas y sólo si bien les va reciben tremendas revolcadas en Hornos”. Su primer acuerdo al respecto será elevar a 21 el número de salvavidas en las playas más concurridas. Atiende la recomendación de enviar a un grupo de ellos a recibir capacitación durante cuatro meses a la Ciudad de México. Entre ellos estarán Luis y Adolfo Palma, Manuel Muñiz, Héctor Soberanis, Jesús Serrano, José Díaz, Teodoro Aguirre, Andrés Tobías y Ramón López.

Los burros de La Roqueta

Corre el año de 1947 cuando el jalisciense Ernesto Cueva llega al puerto procedente de la Costa Chica. Viene para hacerse cargo de la operación y mantenimiento del faro de la isla de La Roqueta. Lo acompañan su esposa, María de Jesús González Virrueta, y seis hijos: Soledad, Lidia, Delia, María, Gilberto, Marcos y un Carlos en proyecto. La estancia de la familia se prolongará en aquellas espesuras por espacio de 10 años.
Poseían los Cueva González tres perros, Prieto, Boby y Llorona; ocho chivos, 20 gallinas y 20 marranos. Los burros a su servicio, Negro, Bartola y Muñeco, eran propiedad de la nación contando por ello una asignación para pastura y otros menesteres. El trabajo de las acémilas consistía en subir por la pesada cuesta el combustible para el faro y en general la movilización de insumos necesarios para el funcionamiento óptimo de aquella luz salvadora.
Alguna vez se desata en la isla una sequía general obligando a la familia a un racionamiento riguroso. El aljibe general presentaba filtraciones y el pozo abierto en tiempos en que la isla fue leprosería, ¡a ese ni acercársele! , ordena don Ernesto. Para superar la crisis, él mismo deberá llevar agua de Caleta, pero sólo para la familia. A los pollinos se les dará a beber las sobras de refrescos y cervezas dejadas por los turistas en la playa. Se las servirán diariamente en sendas cubetas. Muñeco y Bartola se harán finalmente adictos a la cebada, hasta que la cirrosis los alcance, mientras que El Negro, abstemio, sólo beberá Coca y Yoli
Los Cueva González aportará así, sin proponérselo, una nueva atracción para Acapulco. La imagen estrambótica de los burros bebiendo cerveza a pico de botella, de manos de los turistas, dará la vuelta al mundo en noticieros, documentales y tarjetas postales. Retratarse junto al pollino cervecero será para muchos un momento gozoso.
A propósito: un compañero del oficio, laborando en la Capitanía de Puerto recortando información periodística, llegará a una depresión extrema, casi fatal, cuando haga un descubrimiento humillante en la nómina de la dependencia: que su sueldo mensual como encargado de obtener información de los medios, estaba muy por abajo de la asignación económica destinada para los burros de La Roqueta. Volverá a la cordura cuando alguien le haga ver que mientras las bestias subían y bajaban el promontorio varias veces al día, él se la pasaba ¡sentadote!

La escuela Ávila Camacho

Por gestiones de un numeroso grupo de padres de familia, canalizadas a través de la presidencia municipal, la Junta Federal de Mejoras Materiales dispone la construcción de una escuela primaria sobre la Costera. Ocupará una amplia superficie conocida como parque Venustiano Carranza, frente a la playa Hornitos. Será inaugurada por el gobernador y su cuñi el 29 de diciembre de 1947, en honor al presidente Manuel Ávila Camacho. Será la institución primaria más amplia y bien dotada de aquél tiempo: 20 aulas, corredores cubiertos, cuatro servicios sanitarios, un teatro con 200 butacas, servicio médico, conserjería, talleres y almacén. Habrá espacios para toda clase de deportes, incluido un campo de futbol.
Destruida por un terremoto, la Escuela Secundaria Federal número 22 (más tarde “La Uno”), en Quebrada y Madero, la generación 15 de la institución proseguirá sus estudios en un turno vespertino de la primaria José María Morelos y Pavón, la del mercado. Pero como el muerto y el arrimado apestan a los tres días, seremos echados con la sentencia de “cafres cochinos y destructores”, a lo mejor bien merecida.
Antes de terminar las vacaciones se conocerá que la Ávila Camacho daría hospitalidad a los trashumantes de la Secundaria 22 y fue así como, frente al mar y recibiendo su brisa a toda hora, terminamos finalmente la instrucción. Durante la despedida a nuestros profesores, quedará evidenciado que no todos éramos unos cabrones ingobernables, sí, unos más que otros.

Maestro Beltrán, saludos

Fueron ellos, auténticamente, maestros inolvidables. Una especie extinta como los dinosaurios. El director Eduardo Vega Jiménez (Literatura); Gloria Carro Mancilla (Biología); María de los Ángeles Serratos (Inglés); Socorrito P. de Vega (Cocina); Alfredo Beltrán Cruz (Historia y Física); David Malváez (Biología); Teófilo Moyado (Matemáticas); Miguel Chavelas (subdirector, Historia); Arturo Horta Miranda (Civismo); José Luis Córdoba (Química); José Flores (Taller mecánico); Alejandro Ayala (Educación física); Mauricio Guicho González (Música); Julio Vélez (Carpintería). Estos dos últimos habían enseñado el do-re-mí y las virtudes de la garlopa a la primera generación.
Arrimada y mal vista, la secundaria federal 22 festejará sus 15 años con baile de “quinto patio”, amenizado por la orquesta de Venus Rey Venustiano Reyes, en el hampa sindical, pero con una versallesca y hermosa Reina del Estudiante: Emma Graef. Con ella bailaron desde el minuet al danzón Virginia Hurtado, Mercedes Vanmeeter, Elvira Oscós, Martina Roque, Cristina Cristerna, Violeta Zúñiga, Olga Navarrete, Martha Durán, Elia Rita Vega, Martha Rodríguez Rábago, Elio Reyes Berdeja, Cuauhtémoc Lobato, José Manuel Linares Valencia, Tadeo y Ervey Arredondo, Héctor Mújica, Jaime y Luis Muñoz Pintos, Guillermo González, Cuauhtémoc Juárez, Francisco Ruiz, Ulises Vargas, Luis de la Peña, Raúl Reducindo, Nicolás Salinas Sotelo, Ezequiel Ramírez, Alejandro Arzate, Magdaleno Monroy, Cuauhtémoc Rivera y más, muchos más.

Difamadores

“Acapulco será pronto una playa exclusiva para millonarios”.
El preocupante pronóstico es sostenido en el diario Excelsior, coincidentemente, por los columnistas Carlos Denegri y Jorge Piñó Sandoval. Los reporteros más prestigiosos de la prensa nacional en aquél momento, denuncian, además, una gran escalda de precios y abusos en el puerto.
Por la tarde de ese mismo día, se reúnen el alcalde José Ventura Neri, el presidente de la Junta Federal de Mejoras Materiales, Melchor Perrusquía y el presidente del Comité Coordinador de Turismo, Francisco de P. Carral. Toman el acuerdo de contestar en el mismo medio a los “difamadores”, como llaman a los columnistas. Y diciendo y haciendo. Redactan una carta cuya inserción a plana entera les costará 3 mil pesos, la mitad de los cuales tendrá que apoquinar el Ayuntamiento. El texto concluye con una pregunta “¿Acapulco caro?” y un reto para Denegri y Piñó:
“Que mencionen los señores periodistas, bien conocidos por cierto en este puerto, un sitio turístico en el mundo con una oferta hotelera como la de Acapulco: ¡VEINTE PESOS POR HABITACIÓN, INCLUIDOS LOS TRES ALIMENTOS!”.
¡No, pos no!

Denegri

Carlos Denegri fue reconocido como el mejor reportero de su generación, si bien el más corrupto y odioso. Una de sus últimas “travesuras” en Acapulco fue la de arrojar su máquina de escribir sobre el ventanal de su cuarto del hotel El Presidente, ubicado en el quinto piso, encabronado porque el mesero se tardaba demasiado con su whisky. Un taxista la librará de milagro. Cuando la esposa del reportero le meta un balazo en la cabeza, habrá pedidos de clemencia para ella.

Piñó

Jorge Piñó Sandoval, creador de las dos ediciones de Ultimas Noticias de Excelsior. Funda su propio semanario, Presente, con periodistas como José Pagés Llergo y Abel Quezada. Sólo publicará 39 números, todos dedicados a golpear al presidente Alemán. Manos misteriosas destruyen la maquinaria del medio, siendo sometido a un feroz acoso por parte de matones. Se autoexilia en Argentina.

Los cines

Los empresarios Gabino Fernández y Francisco Peláez inauguran su cinema Río con corte de listón por parte del alcalde de Acapulco, así llamado por ubicarse precisamente al otro lado del río de La Fábrica. No obstante “quedar lejisísimos”, según opinión generalizada, la oferta del “clima artificial”, las butacas acojinadas, el revolucionario sistema cinemascope y los baños con agua corriente, resultarán irresistibles para los acapulqueños. Por lo demás, el cine mexicano vivía uno de sus momentos de mayor talento y creatividad. La pantalla lo demostrará: Río Escondido, Nosotros los pobres, El rey del barrio, Salón México, Esquina bajan y centenares más.
Fue en aquella sala donde se escucharon los reproches nacidos en cines barriobajeros de la Ciudad de México. Aquellos de “cácaro, ratero” o “cácaro deja la botella”, al menor temblor de la pantalla. Referencia a un proyeccionista con el rostro picado por viruela, además de ser adicto a los néctares etílicos, como cualquier arquitecto o periodista. Las mentiras en este caso resultaban desproporcionadas al conocerse la identidad de los proyeccionistas: Nacho Arcos Guevara y Arturo Castrejón.
Un año más tarde, en septiembre de 1948, los porteños podrán disfrutar de cine y variedades por un solo boleto. El cine Tropical abre sus puertas con la ventajosa oferta de ver películas en la pantalla y admirar vedettes en el escenario, Siempre dispuestas a obedecer al respetable cuando exigía: “¡puerta, puerta!”, más decente, eso sí, que el chilangués “¡pelos, pelos!”.
El Tropical se localizaba en la calle 5 de Mayo, casi enfrente del cine Marlin, propiedad de don Efrén Villalvazo, alcalde de Acapulco hasta en tres ocasiones. El incendio de su caseta de proyección marcará su cierre definitivo.