Tibieza inaceptable El viernes pasado nos reunimos en Saltillo, Coahuila, los secretarios de Desarrollo Agropecuario del país. Dentro de la agenda de trabajo a desahogar estuvo el asunto del intercambio de apreciaciones con servidores públicos de las secretarias de Economía y Agricultura del gobierno federal sobre el farm bill de los Estados Unidos de Norteamérica … Continúa leyendo Héctor Manuel Popoca Boone
Julio 18, 2002
Tibieza inaceptable
El viernes pasado nos reunimos en Saltillo, Coahuila, los secretarios de Desarrollo Agropecuario del país. Dentro de la agenda de trabajo a desahogar estuvo el asunto del intercambio de apreciaciones con servidores públicos de las secretarias de Economía y Agricultura del gobierno federal sobre el farm bill de los Estados Unidos de Norteamérica (EUA). Es decir, sobre los apoyos económicos directos gubernamentales que los granjeros norteamericanos recibirán durante los próximos diez años.
Nos mencionaron que el gobierno federal de México aún no ha tomado una posición respecto a este asunto, que preocupa mucho a quienes tenemos que ver con la agricultura. Para varios de nosotros, nos sorprendió la cautela y la precaución excesiva con que las altas esferas federales están abandonando dicho asunto.
Por principio de cuentas, en la exposición a cargo de la coordinadora de asesores del secretario de Economía, trató de minimizar los efectos de impactos negativos que el farm bill tendrá sobre los intercambios económicos agropecuarios con nuestro país vecino de EUA, ya se le otorgan al granjero norteamericano pero que no estaban contemplados bajo alguna ley como ahora.
A nuestro entender significan que se estaban otorgando subrepticiamente al margen de los compromisos contraídos por EUA tanto en la Organización Mundial del Comercio como en el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN), en donde se señala claramente la erradicación de todo aquel subsidio que distorsione los precios del mercado.
En segundo término, la asesora del secretario aludido, trató de enaltecer las virtudes del libre comercio internacional y de las fuerzas de la oferta y la demanda en los mercados, como el mecanismo ideal para fijar los precios, asignar recursos, ubicar y distribuir los factores y los medios de producción en la agricultura mundial. ¡Bonita cosa!. Pretenden ignorar y a su vez que ignoremos que el mercado mundial de alimentos está profundamente distorsionado por el control de tanto en la oferta como en la demanda de granos y cereales, oleaginosas y aromáticos, frutas y hortalizas realizan las grandes empresas transnacionales. No cabe duda que no hay peor sordo y ciego que aquel que no quiere oír y ver.
La tercera situación que no se quiere aceptar por las autoridades federales de nivel central, es que mientras México cumple escrupulosamente con las obligaciones contraídas de abrir las fronteras a la importación de productos agropecuarios, los EUA no lo hacen así. Cuando no quieren que los productos mexicanos compitan con los productos de sus granjeros, pretextan cualquier cosa para obstaculizar o de plano cerrar las fronteras. Eso nos ha pasado recurrentemente y lo ha sufrido en carne propia nuestros productores y empresas que exportan jitomate, fresa, pepino, limón y otros.
La cuarta cuestión que no se quiere admitir, es la relación injusta que se provoca al hacer competir en el mercado a productores y empresas en desigualdad de condiciones. En efecto, las profundas asimetrías que guarda la agricultura norteamericana respecto de la mexicana en cuando a condiciones orográficas, tecnológicas, de capitalización y financiamiento así como de infraestructura para la comercialización, hacen que la mexicana enfrente una competencia desleal y ruinosa, cuya consecuencia inmediata es el desplazamiento y la exclusión del mercado de miles de empresas y millones de productores rurales. Esto no es apreciación ideológica, es meramente evidencia empírica de resultados obtenidos en los años en que viene funcionando el TLCAN.
No tan sólo el campo mexicano es mucho más débil que el estadounidense por cuanto a las condiciones señaladas anteriormente, sino que ahora legalmente también lo es en materia de subsidios directos al productor rural. De esta manera, en los hechos, como dirían los economistas, no tenemos ninguna ventaja comparativa para comerciar libremente con ellos.
Otra novedad de la nueva ley agrícola de EUA es que establecen de nueva cuenta los precios objetivos, los que servirán de referencia para que si el mercado presenta precios por debajo de ellos, se le compense económicamente al granjero anglosajón el diferencial. De esta forma tiene garantizado un ingreso anual y nunca corre riesgo de perder frente a sus competidores.
Frente a este renovado avasallamiento de nuestra agricultura, ya de por sí deteriorada gravemente en su rentabilidad económica, no es posible que adoptemos la política del avestruz por medio de enfrentarnos, con dignidad y patriotismo, al presidente Bush. El gobierno federal de EUA demuestra, una vez más, que en el mundo no tiene amigos sino solo intereses y que manda por un tuvo cuando así le conviene, el cumplimiento de sus compromisos internacionales. ¡Hasta cuando nos caerá el veinte!.
PD. La coalición política PAN-PRD para Acapulco y otros municipios se vino abajo por un berrinche del senador Diego Fernández de Ceballos. Como se ve, no únicamente en el PRI hay caciques políticos.