La culpa fue del muerto Después de muchos meses de investigaciones y de especulaciones sobre la muerte por asesinato de Digna Ochoa, sabemos que una de las líneas de investigación que se persiguen con más ahínco es la de… ¡suicidio! Es natural, esto no involucra a nadie. No sabe uno que pensar, si los investigadores … Continúa leyendo Jaime Castrejón Diez
Marzo 18, 2002
La culpa fue del muerto
Después de muchos meses de investigaciones y de especulaciones sobre la muerte por asesinato de Digna Ochoa, sabemos que una de las líneas de investigación que se persiguen con más ahínco es la de… ¡suicidio! Es natural, esto no involucra a nadie.
No sabe uno que pensar, si los investigadores consideran que los habitantes del país en su totalidad somos retrasados mentales o si la incompetencia de las autoridades refleja que ellos son los retrasados mentales o finalmente como decía Hamlet: “Algo apesta en Dinamarca” que habría que parafrasear como que algo apesta en la procuración de justicia.
Este caso es especial porque por muchos meses hemos oído repetidamente que es un caso de alta prioridad. En los reportes de las organizaciones internacionales de derechos humanos aparece con mucha frecuencia, inclusive en el reporte del gobierno de Estados Unidos sobre derechos humanos aparece el caso de Digna Ochoa señalado específicamente.
Vayamos por partes; en vida fue una luchadora por los derechos humanos, su nombre está ligado a muchos casos en que probó grandes transgresiones. Antes de su muerte estaba trabajando un caso en el estado de Guerrero. Muchos de los testigos expresaron que el caso investigado involucra a unos oficiales del ejército. Es más, durante la última visita que hizo a esa región, cuando estaba en su reunión pasó una patrulla de soldados, que todos interpretaron como una forma de intimidación a la abogada.
La hipótesis de suicidio se basa en que usaron un arma propiedad de Digna Ochoa. Pero hay que añadir que la suicida se dio dos balazos, uno en la pierna y otro en la sien izquierda, pero ella no era zurda y para mayor certeza de que fue suicidio la pistola fue limpiada y no se encuentran huellas digitales. Con dos balazos y uno en la sien ¡todavía le dio tiempo de limpiar el arma! Recuerdo aquel chiste macabro de quien explicaba una muerte: se murió de un infarto, del susto de ver que una bala le llegaba al pecho.
Con el encarcelamiento de altos oficiales del Ejército por su relación con el narcotráfico y con el uso que han dado al Ejército los gobernadores del estado de Guerrero para intimidar inconformes, creo que es tiempo que la Secretaría de la Defensa Nacional se asomara a ver este caso. Sedena ha ganado en estos días gran prestigio por la captura de prominentes narcotraficantes, la población recupera su confianza en ellos.
Pero hay que ver para atrás. ¿Por qué no habían sido capturados durante tres gobiernos? El general Vega García dijo a la prensa que la captura de Arellano Félix no había sido ni por casualidad ni por pitazo, que había sido una operación bien planeada y bien ejecutada; hizo mucho énfasis en el concepto de planeación. Debe uno preguntarse: ¿antes no se planeó?
O hubo realmente impunidades como lo muestran los casos de Acteal y Aguas Blancas.
El prestigio de la actual administración de Sedena aumentaría si también echara los ojos hacia dentro y removiera casos en los que miembros del Ejército fueron involucrados. Ni antes ni ahora todos los militares son santos o demonios, pero lo cierto es que ha habido de los dos. En esta recuperación del honor militar, es necesario también limpiar el pasado, porque hay muchas dudas que aclarar. Basta recordar el caso de aquella avioneta en Veracruz que se disputaban los judiciales y el ejército; valdría la pena aclarar aquello, porque sería una muestra de que ahora es otra cosa, por aquello de que “una golondrina no hace verano”.
La idea de la mayor parte de quienes se preocupan por la justicia en el país no es la de molestar a nadie, sino señalar problemas que estamos seguros inciden en la inseguridad que padecemos. Ha habido impunidad en los casos de bandas de secuestradores, de bandas de robo de coches y el caso de Digna Ochoa y la captura de connotados narcos nos hace ver de frente las alternativas: impunidad o justicia.
En esta última semana he escuchado expresiones de satisfacción y de esperanza. Pero siempre como corolario de esas conversaciones está la expresión “ojalá que así sigan”. Lo que hace que estén muy claras las prioridades de la sociedad. La inseguridad es el problema que encabeza la lista en todas las encuestas.