¿Cuándo terminan las revoluciones? Por las declaraciones del canciller Jorge Castañeda, que en su opinión la relación de la revolución cubana con la mexicana debería ser transformada en la relación entre las dos naciones, se levantó una tormenta de tinta y de saliva. Vivimos una etapa en que muchos de los mitos se cuestionan y … Continúa leyendo Jaime Castrejón Diez
Marzo 11, 2002
¿Cuándo terminan las revoluciones?
Por las declaraciones del canciller Jorge Castañeda, que en su opinión la relación de la revolución cubana con la mexicana debería ser transformada en la relación entre las dos naciones, se levantó una tormenta de tinta y de saliva. Vivimos una etapa en que muchos de los mitos se cuestionan y esto provoca una reacción de políticos y de medios, pero debemos reflexionar sobre ¿cuánto dura una revolución?
En el diccionario de la política de Norberto Bobbio la revolución es definida como: “la tentativa acompañada de la violencia de derribar a las autoridades políticas existentes y de sustituirlas con el fin de efectuar profundos cambios en las relaciones políticas, en el ordenamiento jurídico–constitucional y en la esfera socio-económica”. En la enciclopedia de las Ciencias Sociales se define como: “una crisis política impulsada por acciones violentas por grupos subordinados que trata de cambiar las instituciones o la estructura social de una nación.”
En ambas definiciones se ve que la revolución es un fenómeno temporal, si triunfa establece nuevo gobierno y nuevas normas; si es derrotada desaparece. En este sentido debemos ver a la revolución como un momento histórico, cuando se vuelve a la normalidad aquel proceso desaparece. Desde el siglo XIX los líderes surgidos de revoluciones dieron en llamar revolucionarios a sus gobiernos, con el fin de marcar su origen, al principio esto fue pasajero, pero en algunos casos como el nuestro se extendió por décadas.
León Trotski propuso el concepto de revolución permanente, cuando un gobierno salido de una revolución, el ruso, buscaba una nueva estabilidad y además de los intereses y liderazgos personales consideraba que ese concepto era destructivo, fue por esta razón la persecución de que fue objeto por el régimen de Stalin.
En la revolución cultural china vuelve a aparecer la idea. El tema central es que al tomar el poder la revolución aburguesa y se aleja de los principios revolucionarios. En ese tiempo Mao decía: “los revolucionarios de ayer son los burócratas de hoy, y los tiranos de mañana.” La revolución cultural no pudo establecer la revolución permanente, se resintió la economía y la gente quería estabilidad y no violencia.
La Revolución Mexicana fue un movimiento largo que cambió la orientación del país, pero después de concluida, tanto en la época de los caudillos como en la era institucional, los líderes no eran revolucionarios, eran usufructuarios de la Revolución Mexicana y para mantener el poder mitificaron la revolución tratando de hacerla una filosofía social. Cada presidente, de acuerdo con sus intereses y con sus circunstancias, modificó los conceptos “revolucionarios” de acuerdo con su conveniencia. Si comparamos a Lázaro Cárdenas, Miguel Alemán y Carlos Salinas de Gortari ¿quién es el que representa la revolución de Madero? Si la Constitución General de la República es la concretización de la revolución ¿por qué tiene tantas enmiendas?
La revolución cubana se debe ver en la misma tesitura. El movimiento triunfó, estableció un gobierno, constitución y un sistema político y social. De hecho, al establecerlo concluye la revolución, lo que sigue es un gobierno nacional.
En ese sentido las relaciones de nuestro país con Cuba deben verse como relaciones entre naciones.
En la relación social de todos los días son las instituciones las que conducen la vida nacional. Puede apoyarse en los principios revolucionarios, vistos como un punto de partida, pero las acciones de un gobierno no son todas revolucionarias. Si fuera así tendríamos que decir que la violación de los derechos humanos, la corrupción, el peculado, el fraude electoral son “revolucionarios”. En una época así fue, cuando en el cardenismo se hablaba del fraude patriótica para justificar el fraude electoral.
Por muchos años la palabra “revolucionario” era el ábrete sésamo de la política. Todo discurso político tenía que abusar de la revolución. Ningún discurso era completo sin exaltar esos valores. De hecho la revolución ya no importaba, era más real la máxima jocosa de los estudiantes: “el que no tranza no avanza”.
No puede uno dejar de pensar que el vocablo revolución se hizo instrumento de la demagogia. La verdad es que en boca de algunos políticos, envilecían las misma demagogia.