ACAPULCO, SUS POLÍTICOS
La reina Juliana de los Países Bajos y su esposo el príncipe Bernardo de Lippe estuvieron en Acapulco –abril 1964– como extensión de su visita a la Ciudad de México. Allá fueron recibidos con gran boato por el presidente de la República, Adolfo López Mateos, y su esposa Eva Sámano. Atendidos aquí por el alcalde, doctor Ricardo Morlet Sutter y su esposa Conchita Macho.
A la soberana se le cumple el deseo de conocer todos los sitios emblemáticos de Acapulco , que ha admirado desde siempre a través del cine, la televisión y los medios impresos. Sucederá entonces que el príncipe consorte no podrá acompañar a su reinita, como los llamó un columnista de sociales, quejándose de que algo del desayuno le había caído mal. Atento, el alcalde le hace llegar una dotación de sal de uvas Picot.
Falso de toda falsedad, Bernardo escapa de la comitiva real para cumplir un propósito personal y por el que había sugerido viajar a este puerto, al que, misteriosamente, visitaba por los menos dos veces al año al mando del yate real. Aquí, en un primer viaje, el príncipe había pedido la recomendación de un hombre conocedor del mar, honrado, valiente y discreto en quien confiar la embarcación de la Ñora.
Las hubo varias y todas coincidentes: Hilario Martínez, Perro Largo, el mejor buzo del puerto, quien acepta desde luego con este comentario: ahora seré el conde de la Roqueta.
Cuando Bernardo llegue al lugar convenido y por el que había cometido un desaire real, ya lo esperaba su pistolero el Perro Largo, quien le rinde un breve informe de los sucesos ocurridos en su larga ausencia. Este lo felicita afectuosamente con abrazo real y toda la cosa. Ambos se dirigen luego a un lugar sólo conocido por ellos y otra persona del sexo femenino. Y es aquí donde detona un escándalo que, en manos de las patys chapoy del mundo, hubiera convulsionado al planeta entero. “El príncipe Bernardo engaña a su reinita con una dama acapulqueña dedicada a la prostitución” (¡oh my God!). Una trama conocida sólo por los implicados y por tanto calificada como imposible. A ella se le describía como una mujer morena de belleza deslumbrante y, lo principal, un cuerpo de formas rotundas. Y discreta, por supuesto. Laborando en la Casa Rebeca había ascendido a directora de algo, lo que le evitaba practicar el oficio más viejo del mundo, en un estableci-miento dedicado obligadamente a su práctica.
La Casa Rebeca
La Casa Rebeca era un establecimiento hermanado con otros conocidos popularmente como lenocinios, prostíbulos, burdeles, lupanares, mancebías y congales, atendidos por putas, prostitutas, rameras coimas, zorras, hetairas, mesalinas, etc, etc. Nunca logrará desligarse de ellos con su denominación de “casa de citas”. Discreto, eso sí.
Durante la recepción en el aeropuerto de la reina Juliana y su esposo el príncipe Bernardo, doña Juana Quiroz, un personaje icónico del puerto, la llama Reina con nombre de sopa (repollo, nabos, apio, puerros y pimienta negra) que luego ofrece en su restaurante de Caleta.
Allá mismo, los grupos porriles del PRI serán reconvenidos cuando lancen sus consignas de
¡Vivan los reyes de la república de Holanda!
–Holanda no es una república, los reprende su líder, y ellos corrigen inmediatamente.
Vivan los presidentes del reino de Holanda.
La clave
La presunta amante del príncipe Bernarado de Holanda nunca fue llamada por su nombre, fue simplemente Mooi, palabra que significan hermosa en Neerlandés.
Una historia poco convincente armada únicamente para denigrar a una soberana.
Catarino y Caritino
El locutor Calleja se entrena como animador de eventos políticos en la campaña del maestro Caritino Maldonado Pérez, para gobernador de Guerrero (1969-75). Para apantallar a la paisanada Calleja había hecho acopio de frases contundentes y pensamientos revolucionarios espigados de libros del maestro Jesús Reyes Heroles.
La Revolución Mexicana y el pensamiento de sus caudillos –dirá en una concentración en Iguala– serán la inspiración de nuestros caudillos para enfrentar los rezagos históricos de Guerrero. Señoras y señores, compañeros de partido, con ustedes el senador Catarino Maldonado Pérez (atrás,voces desesperadas le urgen: ¡Caritino, Caritino!,¡Caritino!
¡Perdón, Ca-ri-tino Maldonado Pérez, Ca-ri-ti-no Maldonado Pérez!
¿Quien le dio a ese pendejo en el micrófono?, indaga molesto el candidato priista, pero no dicta ninguna medida drástica y era porque la multitud festejaba el gazapo del locutor. Incluso sonríe. Ya a bordo del camión, de regreso a la capital, el jefe Cari, como es conocido el candidato, acepta las disculpas del locutor con un nomás no se me desapendeje, chamaco.
Y Calleja cumple con la recomendación caritinesca, pues en siguiente mitin de priistas volverá a llamarlo Catarino, pero esta vez el candidato no contendrá su indignación gritándole: ¡Catarino tu chingada madre, pendejo!
El jefe Cari tenía muy presente el paso por los escenarios metropolitanos de un cómico llamado Don Catarino, cuya especialidad era el albur, el retruécano y sin ningún respeto para funcionarios públicos y políticos. Le preocupó entonces que aquella trasposición de nombres lo estigmatizara para siempre.
El locutor Calleja quedó, ahora sí, a la vera del camino.
Materialismo
Durante reuniones cuyas prioridades era la conversación, escuchar música y escanciar néctares de la vid y de la caña, Toño Pintos Carballo solía caer en disquisiciones profundas. Sus temas preferidos se referían al materialismo histórico y al materialismo dialéctico.
Lo redimía su buen pulso para el piano y su repertorio inagotable Una noche, sin embargo, un debutante de aquél grupo interrumpirá a Toño con voz grave y enérgica:
¡Apantallarás a tus pendejos, pero a mi no, porque te digo una cosa Antonio Pintos, quizás yo no sepa mucho de comunismo ni de todas tus pendejadas, pero tratándose de materialismo te vas a chingar conmigo. Retirada en silencio.
¿Quien era tamaño bellaco? El hombre dejó una tarjeta de presentación: Arturo Benítez Huerta, presidente de la Unión de Camiones Materialistas de Guerrero.
El señor diputado
Al término de una jornada particularmente intensa, el presidente del Comité Municipal del PRI en Acapulco indaga si hay alguna persona en la sala de espera.
Está aquí desdendenantes el señor Julián Reséndiz, quien tiene varios días viniendo, le informa la secretaria.
¿Julián Resendiz?… ¿Julián Resendiz?…. No me suena pero de todos modos hazlo pasar, ordena.
¿Lo hice esperar mucho, compañero?, indaga el diputado haciendo tiempo para recordar aquel rostro. Le pido disculpas si así fue, pero usted sabe el proceso electoral se nos vino encima y entonces hay que trabajar las 28 horas del día.
Maldita la gracia que le hace al hombre el gracejo del dirigente, dedicado como está a sacar hojas y más hoja de su portafolios.
El líder priista no para. Que bueno, compañero que ya trae las firmas para su registro como candidato a diputado, mismas que le ruego conserve hasta que el Consejo Político asigne las diputaciones. La suya, mi amigo, está segura y sólo faltará la asignación del distrito que le tocará defender con la bandera de nuestro partido.
El visitante no soporta más la perorata del diputado y decide ponerlo en su lugar identifi-cándose como simple cobrador de la imprenta La Eme, a la que el PRI de Acapulco debe toda la papelería de la campaña pasada.
¡Gulp!
Lógica
El alcalde de Acapulco acepta inaugurar y clausurar un Congreso Médico Estatal programado para celebrase en esta ciudad, declarándose honrado por la invitación. Llegado el día del evento, nuestro hombre llega al mismo vistiendo inusual traje de casimir y tocado con sombrero Tardán. Llegado el momento se instala tras el micrófono y con voz aguda pero engolada proclama:
Hoy, siendo las tantas horas del día tantos declaro inaugurado y al mismo tiempo clausurado el Congreso Médico Estatal, agradeciendo a sus componente haber escogido Acapulco para celebrarlo.
Ante la mirada de reproche de los congresistas, el señor presidente municipal explica:
Es que no voy a estar aquí el día de la clausura.