EL-SUR

Jueves 11 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

El escritor argentino Jorge Luis Borges, quien ayer hubiera cumplido 118 años, a la pregunta de por qué se interesaba tanto en la Biblia si no era religioso, respondió que porque ahí se encontraban grandes historias de ficción. Más allá del provocador sentido del humor de Borges, quedémonos con aquello de grandes historias.
Pienso esto a propósito de Los judíos y las palabras, un ensayo que uno de los autores más potentes de la literatura actual, Amos Oz (Jerusalén, 1939) escribió en tándem con su hija la historiadora Fania Oz-Salzberger. Este extraordinario libro es una obra iluminadora sobre una de las tradiciones, una de las religiones, hay que decirlo, que más escritores y pensadores ha dado a la historia de la literatura y el pensamiento. A bote pronto podemos mencionar solamente a algunos como Freud, Marx, Einstein, Arendt, Benjamin, Proust, Kafka, Roth…, y uno de los motivos de este libro es explicar por qué ha habido tal cantidad de escritores judíos.
Lo primero que hacen los autores es dejar claro a qué se refieren cuando hablan de judíos. Dicen: “No tratamos acerca de narices. No tratamos acerca de cromosomas, por muy fascinante que resulte su estudio. Nuestra exposición ‘no necesita esta hipótesis’. Tampoco necesitamos la hipótesis de la existencia de Dios… ni de la conducta divina del pueblo judío. Nuestra exposición no trata del rol de Dios sino del rol de las palabras. Dios es una de esas palabras”.
Dejando claro esto y que en todas las culturas y religiones hay mitos y personajes fascinantes, los autores nos cuentan la tradición judía de cultivar las palabras; los preceptos fundamentales para las madres judías como “dale al niño algo bueno para comer y enséñale el alfabeto”. Una tradición en donde la letra y la discusión de los textos, es parte fundamental de la formación de un niño, de su cultura. Nos dicen que “la primerísima letra que leías por ti mismo, la primerísima palabra en el primerísimo libro, venía rematada por un dulce, de tal modo que tenía el sabor a una delicia”. ¡Es increíble esta tradición de dar a los niños en su primera experiencia literaria golosinas y pastelillos; almendras y pasas! Por lo tanto, los niños ju-díos con este tipo de educación se adscriben de manera placentera al conocimiento. Amos y Fania Oz narran lo que les sucede en sus primeros acercamientos a la literatura: “Lo que nos conmueve es el gradual descubrimiento de que –a nuestro entender, a nuestro entender como lectores– seamos herederos de una tal procesión de suscriptores a la misma biblioteca de crecimiento incesante”. A lo que también se puede llamar cultura universal, occidental sin duda y los judíos es por todos sabido, son piedra fundamental en la estructura de la cultura de occidente.
No se trata de un libro meramente apologético, si bien los autores no temen reconocer su amor a esa gran tradición del pueblo judío de enseñar la palabra y el amor por los libros como precepto básico; también señalan el terrible patriarcado y la misoginia de la Biblia y el Talmud. Sin embargo, es un libro que sobre todo enseña, ilustra, pues la postura crítica con la que está planteado es definitiva y esencial para hablar de una cultura y mucho más de una religión en la cual sus miembros se consideran “los elegidos por Dios”; esta posición es la siguiente: “Valorad el descubrimiento y la sorpresa, más que vuestra propia idea previa. Admitid los defectos de los textos y de los autores que amáis y los méritos de aquellos que no os gustan”. Esto me parece esencial pues la idea central, a mi parecer, que busca transmitir este libro, es que la cultura judía lo que más enseña es a leer e interpretar un texto. Y ahora, con este ensayo, con esta forma de leer no exaltada sino ecuánime podemos descubrir, disfrutar sin fanatismos las tradiciones religiosas, que sin duda, son una herencia cultural prodigiosa.
Los judíos y las palabras es un ensayo lúcido, un acercamiento a las ficciones de la Biblia, con grandes personajes de carne y hueso, bondadosos y crueles, generosos y vengativos: humanos. Un acercamiento a la cultura judía; desde el amor por la palabra y por la literatura. Un libro imprescindible en nuestro presente en donde nos dividen los fanatismos. Un ensayo que plantea una nueva religión, que en realidad siempre ha existido: la religión de la literatura.
(Amos Oz y Fania Oz-Salzberger, Los judíos y las palabras, Madrid, Siruela, 2015. 238 páginas).