Desde muy joven supe que la injusticia no era algo que pudiera mirar de lejos. Me incomodaba, me dolía y me movía. Por eso estudié derecho: porque creí, y sigo creyendo, que es una de las herramientas más poderosas para enfrentarla. No como una abstracción sino como una práctica cotidiana que puede cambiar vidas cuando … Continúa leyendo La vocación que me trajo hasta aquí
Diciembre 30, 2025
Desde muy joven supe que la injusticia no era algo que pudiera mirar de lejos. Me incomodaba, me dolía y me movía. Por eso estudié derecho: porque creí, y sigo creyendo, que es una de las herramientas más poderosas para enfrentarla. No como una abstracción sino como una práctica cotidiana que puede cambiar vidas cuando se ejerce con responsabilidad y convicción.
Elegí estudiar la carrera de derecho porque me abría un abanico inmenso de posibilidades. Me interesaban muchas trincheras: la electoral, la laboral, la agraria, la civil, la medicina legal. Todas me hablaban de personas, de conflictos reales, de decisiones que impactan destinos.
Fue ahí, en mi querida Universidad Autónoma de Guerrero, con sede en Chilpancingo, mi ciudad natal, donde formé parte de la generación 1990-1995. Tuve la fortuna de encontrar maestras y maestros extraordinarios, cuya vocación y sabiduría lograron despertar en mí un amor profundo por mi profesión.
Algunas y algunos de esos profesores me invitaron más tarde a colaborar en instituciones públicas o en sus despachos. Ahí comenzó el ejercicio real de mi carrera. Desde el inicio me involucré especialmente en el derecho electoral, un campo que me apasiona por su vínculo directo con la democracia, la participación ciudadana y la voluntad popular. Puedo decirlo sin titubeos: siempre me enamoré del derecho, y lo he ejercido con entrega desde el primer día.
Con el tiempo, mi camino profesional me llevó al gobierno de la Ciudad de México. Ahí aprendí, en la práctica cotidiana, sobre derecho administrativo, sobre los actos de autoridad y la importancia del cumplimiento de la norma. Comprendí que detrás de cada trámite, cada procedimiento y cada resolución hay personas esperando respuestas claras y justas, de manera que la legalidad no debe ser un obstáculo, sino una garantía, evitando burocracias innecesarias que luego terminan siendo oportunidad para la corrupción .
Después vino una etapa fundamental en el Poder Legislativo. Para una abogada que ama su carrera, ser legisladora fue un sueño cumplido. Fui diputada en cuatro ocasiones, y esa experiencia marcó profundamente mi formación. El derecho parlamentario es una escuela intensa: aprender a construir acuerdos, a redactar iniciativas, a defender en tribuna aquello que merecía atención por lo relevante de la agenda política de izquierda; escuchar posiciones distintas y transformar ideas en normas. Debo reconocer que fue un privilegio poder participar en los procesos legislativos, pero sobre todo ver cómo evolucionan las normas que inciden para hacer efectivos los derechos de las personas.
Desde el trabajo legislativo también aprendí mucho sobre las leyes presupuestales, el régimen de responsabilidades de las y los servidores públicos, los procesos de fiscalización que no es más que la rendición de cuentas que presentan los poderes y otros organismos autónomos. Son temas poco difundidos, pero fundamentales para fortalecer una administración pública honesta, ordenada y transparente.
Otra etapa profundamente formativa fue mi paso por el DIF, donde trabajé por encargo de la Presidenta Claudia Sheinbaum en asuntos relacionados a la justicia para adolescentes, derechos de la infancia y derechos de familia. La labor no era menor, pues al tratarse en muchos casos de violaciones a los derechos de las infancias, debíamos ser muy rigurosos con el cumplimiento de las normas para restaurar a las víctimas en el goce de sus derechos. Confirmé que el derecho cobra su sentido más humano cuando protege a quienes más lo necesitan. No hay teoría que supere escuchar a la gente, especialmente cuando se trata de garantizar el interés superior de niñas, niños y adolescentes.
Después, cuando la Doctora Sheinbaum me invitó a participar en el gobierno de México, el trabajo en la Subsecretaría de Prevención a las Violencias me permitió conocer a fondo las normas en materia de prevención del delito y trabajar directamente con juventudes que forman parte central de la población a la que debemos atender. Entendí que prevenir no es solo reaccionar, sino construir condiciones de vida dignas, oportunidades reales y marcos normativos que acompañen.
Hoy, con el encargo que me ha conferido la Presidenta al frente de la Consejería Jurídica del Poder Ejecutivo Federal, me corresponde fortalecer el sustento jurídico de la acción del Estado mexicano. Bajo su liderazgo he confirmado que el derecho no es un fin en sí mismo: cobra sentido cuando es claro, aplicable y profundamente humanista, cuando sirve al pueblo y deja de ser un privilegio para convertirse en una herramienta al alcance de todas y todos en nuestro país.
Hoy sigo convencida de que la justicia se construye todos los días, desde cada espacio que ocupamos y que ejercer el derecho con compromiso, claridad y cercanía con la gente sigue siendo una de las formas más poderosas de transformar la realidad.
Nos leemos el próximo martes.
@EsthelaDamian